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Provinciales
TN 07/07/2026 09:24 4 min de lectura

No se trata de vivir más tiempo, sino de llegar realmente vivos a esos años

Columnista invitada (*) | Vivimos más que las generaciones anteriores y la ciencia avanza para prevenir enfermedades. Sin embargo, frente a ese escenario surge una pregunta que trasciende a la medicina: ¿cómo queremos llegar?

No se trata de vivir más tiempo, sino de llegar realmente vivos a esos años
Foto: TN

Existe un debate entre especialistas sobre si el envejecimiento puede considerarse una enfermedad o si simplemente es una etapa natural de la vida. Más allá de esa discusión, hay una certeza: el modo en que envejecemos no depende únicamente de nuestro cuerpo.

También depende de nuestros vínculos, de nuestros proyectos, del sentido que encontramos en la vida y del lugar que sentimos ocupar en la comunidad. Además, la expectativa de vida aumenta en todo el mundo.

Durante mucho tiempo, fue habitual ver a los adultos mayores compartiendo la vida cotidiana con vecinos, amigos y familiares. Los encuentros espontáneos, los almuerzos de los domingos, el mate en la vereda o el cuidado compartido de los nietos formaban parte de una red que ofrecía pertenencia y compañía.

Hoy vivimos en una sociedad mucho más individualista. Las relaciones comunitarias se han debilitado, gran parte de las interacciones pasan por una pantalla y muchas personas atraviesan la vejez con menos espacios de encuentro y más soledad.

El aislamiento social afecta a algo más que al estado de ánimo

La evidencia científica muestra que el aislamiento social no solo afecta el estado de ánimo. También aumenta el riesgo de deterioro cognitivo, depresión, enfermedades cardiovasculares e incluso de mortalidad. La soledad no es únicamente una experiencia emocional: también tiene consecuencias sobre la salud.

Desde la psicología, sabemos que uno de los mayores desafíos del envejecimiento no es solamente el deterioro físico. Muchas veces, el sufrimiento aparece cuando se pierden los roles, llegan los duelos, disminuyen los vínculos o aparece la sensación de haber dejado de ser importante para los demás.

A esto se suma un problema silencioso: la discriminación por edad. Vivimos en una cultura que exalta la juventud, la productividad y la velocidad. Como consecuencia, muchas personas mayores reciben mensajes que las desalientan: Ya estás grande para eso, ¿Para qué vas a empezar ahora?, Dejá que lo haga otro. Sin darnos cuenta, vamos limitando esas posibilidades hasta volverlas invisibles.

Sin embargo, las necesidades humanas no desaparecen con los años. Seguimos necesitando sentirnos queridos, reconocidos, útiles y parte de algo más grande que nosotros. Seguimos necesitando tener proyectos. Por eso, una de las preguntas más valiosas que podemos hacernos no es cuánto tiempo nos queda, sino qué queremos hacer con ese tiempo.

Acciones simples

Encontrar un propósito no implica hacer algo extraordinario. Muchas veces comienza con acciones simples: retomar una actividad que nos entusiasma, aprender algo nuevo, llamar a un amigo, compartir un café, hacer ejercicio, participar de un taller, sumarse a un voluntariado o simplemente abrir espacio para nuevas conversaciones.

Los pequeños movimientos cotidianos tienen un enorme impacto en el bienestar psicológico porque vuelven a poner a las personas en contacto con la vida. Los vínculos también cumplen un papel fundamental. No se trata solo de tener compañía, sino de sentir que seguimos siendo importantes para alguien. Que alguien nos espera, nos llama si faltamos, nos escucha, nos necesita y también recibe algo de nosotros.

Existe un concepto clave en psicología: la reciprocidad. Las personas mayores no solo necesitan recibir ayuda. También necesitan poder dar. Acompañar, enseñar, aconsejar, transmitir experiencia, compartir tiempo. Sentirse útiles fortalece la autoestima y protege la salud emocional.

Envejecimiento saludable

Cuando hablamos de envejecimiento saludable solemos pensar en alimentación, actividad física, descanso y controles médicos. Todo eso es indispensable. Pero hay otro tratamiento igual de importante, aunque muchas veces pase inadvertido: construir comunidad.

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Porque la medicina puede ayudarnos a vivir más años. Pero los afectos, los proyectos y el sentido de vida son los que hacen que esos años realmente valgan la pena. Quizás la pregunta más importante no sea solamente cómo quiero llegar a viejo, sino también con quién quiero llegar.

Porque, al final, el verdadero desafío no es sumar años a la vida. Es lograr que la vida siga llenando de sentido cada uno de esos años.

(*) Alejandra Guala (M.N. 51.339), licenciada en Psicología, lidera @encuentrosalhueso, brinda programas de desarrollo personal. Instructora de Mindfulness.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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