La Virgen de Luján y su primer custodio: la historia que une a Argentina y Cabo Verde
La imagen de María que acompaña a las distintas delegaciones argentinas tiene una historia ligada a Manuel Costa de los Ríos, un esclavo africano nacido
La Virgen de Luján, patrona de Argentina, mantiene un vínculo histórico con la Selección de fútbol. Desde la era Bilardo, e incluso antes, su imagen acompaña al plantel en el vestuario y las concentraciones. Tras ganar la Copa del Mundo en Qatar, el presidente de la AFA llevó el trofeo a la basílica, y antes de partir a Estados Unidos, los botines de Lionel Messi fueron bendecidos allí.
El partido de mañana por el pase a los octavos de final, no será la excepción: allí estará la protección de la Virgen para el plantel argentino. Sin embargo, la figura religiosa también tiene una conexión con Cabo Verde, el rival de Argentina: el "Negrito Manuel", su primer custodio, vino de ese país a comienzos del siglo XVII.
Su nobre era Manuel Costa de los Ríos, que nació a comienzos del siglo XVII en la Costa de los Ríos, una región del noroeste africano, actual territorio caboverdiano. Siendo joven fue capturado y vendido como esclavo, y tras pasar por Brasil llegó al Río de la Plata, donde fue destinado a una estancia ubicada en la zona de Luján. Fue allí donde quedó ligado para siempre a la historia de la patrona de la Argentina.
Cuando una carreta que transportaba una imagen de la Inmaculada Concepción quedó detenida inexplicablemente a orillas del río Luján, los presentes interpretaron el hecho como un milagro y decidieron dejar allí la imagen. Desde entonces comenzó la devoción a la Virgen de Luján.
El dueño de la estancia encomendó al Negro Manuel el cuidado de la imagen, una tarea que desempeñó durante más de 50 años. Se encargaba de mantener encendida la lámpara del santuario, recibir a los peregrinos y asistir a los enfermos que llegaban hasta el lugar.
Con el tiempo fue liberado de la esclavitud y continuó dedicado por completo a la custodia de la Virgen. La tradición sostiene que solía definirse con una frase que quedó grabada en la historia religiosa argentina: "Soy de la Virgen, nomás".
Sus restos fueron enterrados junto al antiguo santuario de Luján y, en los últimos años, organizaciones religiosas impulsaron el proceso para su beatificación.