De acusado a denunciante: polémica por un grave posteo en redes | El Dia
Con un video publicado en Instagram, señalaron a un joven estudiante universitario como presunto acosador de mujeres. El material tuvo más de 700 mil visualizaciones. El señalado se defiende y pide que lo eliminen
La situación tomó estado público a partir de una denuncia difundida en una cuenta de Instagram, donde un usuario de esa red social señaló a un estudiante de la Facultad de Artes de la UNLP como presunto acosador. En apenas una semana, la publicación se viralizó rápidamente entre más de 700 mil usuarios, generando así un amplio debate y una fuerte exposición pública de la persona señalada.
En contraposición, quien aparece mencionado en ese posteo decidió recurrir a la vía institucional.
Según consta en la denuncia radicada en una dependencia policial, solicitó que se investigue la difusión del material y que se adopten medidas para frenar su circulación, al considerar que lesionan su buen nombre y honor.
El contraste refleja dos dinámicas cada vez más frecuentes en la actualidad. Mientras las redes sociales permiten que una denuncia alcance una enorme repercusión en cuestión de horas, la respuesta judicial suele transitar tiempos distintos, sujetos a procedimientos y garantías.
En ese escenario, la viralización puede producir efectos inmediatos sobre la reputación de una persona, independientemente de cuál sea el resultado de las investigaciones que eventualmente se lleven adelante.
A la vez, el caso también evidencia las limitaciones para revertir una situación una vez que el contenido comienza a multiplicarse. Aunque una publicación original sea eliminada, las copias, capturas de pantalla y republicaciones pueden seguir circulando durante mucho tiempo, lo que dificulta que una eventual decisión judicial o una solicitud de remoción logren contener completamente su difusión.
En definitiva, el episodio pone en evidencia la tensión entre el uso de las redes como espacio para visibilizar denuncias de interés público y la necesidad de preservar las garantías jurídicas de los involucrados, evitando que el debate virtual reemplace el proceso de investigación que corresponde a las autoridades.
Por eso este episodio volvió a poner sobre la mesa la dinámica de la era digital: el enorme poder que tienen las redes sociales para instalar una versión de un hecho, señalar a una persona y multiplicar esa información a una velocidad que muchas veces supera cualquier posibilidad de control.
El joven apuntado, de 28 años, es de Tolosa. Él fue el que utilizó un mecanismo formal para advertir que distintos usuarios estaban difundiendo un video en redes sociales en el que lo calificaban como acosador y afirmaban que perseguía mujeres en ámbitos de estudio.
Según consta en la presentación, el ahora denunciante señaló que el contenido había sido expuesto inicialmente por una persona, a la que identificó como generadora de lo que entiende es una campaña en su contra. Ese contenido sigue activo.
Por eso no solo quiere que se investigue los por qué de lo que se afirma en la publicación, sino que además exige que se dejen de difundir los videos, al considerar que afectan gravemente su imagen.
Más allá de cuál sea el resultado de la investigación judicial o de si las acusaciones terminan siendo verdaderas o falsas, el expediente vuelve a exponer una realidad cada vez más frecuente: una vez que un contenido se viraliza en internet, detener su circulación resulta extremadamente difícil.
Las plataformas digitales modificaron la manera en que circula la información. Hoy basta un teléfono celular y una cuenta en una red social para publicar un video que, en cuestión de minutos, puede alcanzar a miles o incluso millones de reproducciones.
El problema aparece cuando ese contenido incluye acusaciones tan graves como la de este caso.
Muchas veces, la condena social llega mucho antes que cualquier resolución judicial, que incluso puede ser absolutoria.
La lógica de las redes favorece la rapidez por encima de la verificación. Los algoritmos suelen potenciar aquello que genera reacciones, comentarios e indignación, sin distinguir necesariamente si la información es verdadera, falsa o incompleta.
Así, una publicación puede instalar una idea sobre una persona que luego resulta prácticamente imposible revertir.
Uno de los principales problemas de Internet es que borrar un contenido no implica hacerlo desaparecer.
Imposible de frenar
Aunque la publicación original sea eliminada, muchas veces ya fue descargada, capturada mediante imágenes de pantalla, reenviada por aplicaciones de mensajería, publicada por otras cuentas o almacenada en distintos servidores.
En otras palabras, el contenido comienza a tener vida propia.
Es frecuente que quienes intentan eliminar publicaciones descubran que ya existen decenas o cientos de copias distribuidas en distintas plataformas. Incluso los buscadores pueden seguir mostrando referencias durante un tiempo, y los videos reaparecer meses o años después.