La CGT lanzó su plan de lucha y la interna volvió a quedar expuesta - Informe Digital
La central aprobó protestas sectoriales y rotativas, pero las ausencias y los cruces reavivaron las dudas sobre su unidad.
La CGT puso en marcha un nuevo plan de lucha contra Milei, pero la decisión de retomar la ofensiva volvió a dejar al descubierto la interna entre sus sectores y abrió dudas sobre cómo sostener protestas sectoriales y rotativas que exigen coordinación fina en un clima de desconfianza.
Por lo pronto, el sector dialoguista de la CGT, que es mayoritario, se impuso otra vez sobre los sectores más duros, que empujaban un paro de 36 horas, y logró la aprobación de las protestas a la francesa, una idea que desde hace meses impulsaban los sindicatos del transporte como alternativa a una huelga aislada y esporádica.
La apuesta es avanzar con paros sostenidos en el tiempo para intentar golpear al Gobierno en su política laboral y económica. Pero la reunión dejó señales incómodas: hubo sugestivas ausencias, presencia de dirigentes de segunda y tercera línea y hasta algunos que se retiraron antes de que comenzara el debate más sensible.
Faltaron Héctor Daer (Sanidad), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Sergio Palazzo (bancarios), Osvaldo Lobato (UOM), Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), Juan Pablo Brey (aeronavegantes), Guillermo Moser (Luz y Fuerza) y Víctor Santa María (encargados de edificios), entre otros, por viajes, salud o excusas diversas.
En los pasillos de Azopardo 802, sin embargo, el ruido más fuerte fue por la ausencia de Daer, uno de los Gordos, que este jueves viajó a Santa Cruz para reunirse con la CGT local, el gobernador Claudio Vidal y otras autoridades.
Para los críticos del líder de Sanidad, esa agenda en Río Gallegos fue una forma de marcar distancia de lo que iba a resolver la CGT y, además, de mostrarse con un gobernador surgido del mundo sindical, aunque sus legisladores votaron artículos de la reforma laboral como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y el traspaso del fuero del trabajo a la Ciudad de Buenos Aires.
Cerca de Daer, en cambio, negaron cualquier sospecha sobre el viaje: dijeron a Infobae que estaba previsto antes de la convocatoria al Consejo Directivo y que respondía a una reunión con la CGT santacruceña, en línea con su rol de secretario del Interior cegetista. Sobre el contacto con Vidal, sostuvieron que fue iniciativa del mandatario y que forma parte del diálogo que debe mantenerse con todas las expresiones del poder.
En ese entorno también remarcaron que Daer comparte el rumbo definido por la central: Con estas medidas apuntaremos a generar un debate para que se comprenda lo que estamos viviendo en materia socioeconómica y laboral, señalaron.
Aun así, que en la CGT se comentara dónde estaba Daer confirma el clima interno que atraviesa a la central. O que lo sigue atravesando: la tensión ya existía antes de la actual conducción, elegida en noviembre pasado. Por eso también hubo comentarios sobre la ausencia de Brey, uno de los referentes de la confederación del transporte (CATT) y promotores de los paros a la francesa, después de que difundiera una foto con Pablo Moyano, viejo adversario de la cúpula dialoguista, mientras se debatía en Azopardo 802.
En paralelo, el cotitular de la CGT Cristian Jerónimo también había tenido un día antes su reunión y foto con el hijo de Hugo Moyano, en un intento por bajar la tensión. Pero la desconfianza sigue marcando cada gesto del sindicalismo. Pablo Moyano había cuestionado hace una semana a la CGT al sostener que, frente a la reforma laboral del Gobierno, ha tenido tres estrategias, dos le fallaron, que es la justicia y charlar con los gobernadores, y nos queda la calle.
La interna también se recalentó por la decisión del bloque disidente de Luis Barrionuevo y Omar Maturano, más la UTA, que ya no integra la CGT, de unirse para presionar por un paro de 36 horas. Es el mismo sector que perdió votaciones cuando se eligió la nueva conducción y que desde entonces objeta la estrategia prudente del ala dialoguista.
Curiosamente, como anticipó Infobae, un dirigente sindical que participó activamente del encuentro encabezado por Barrionuevo y Maturano, donde se acordó reclamar un paro de 36 horas y hasta se habló de cortar las vías, llamó después a un referente dialoguista para aclararle que no compartía lo resuelto. No lo había planteado en ese momento, cuando se mostró en modo combativo como el resto.
Todo este clima, atravesado por cruces que se dan siempre en privado, expone el mismo problema de fondo: los más duros acusan a los moderados de haber sido pasivos y funcionales al Gobierno, mientras que los dialoguistas reprochan a sus adversarios internos exigir medidas extremas cuando no lograron que paren sus propios afiliados en las huelgas de la CGT.
Si la central quiere innovar en su forma de protestar, como implica adoptar un esquema similar al usado en Francia contra la reforma jubilatoria de Emmanuel Macron, primero deberá ordenar su propia tregua interna. Hacer paros por sectores, en forma rotativa y sostenida en el tiempo, obliga a consensuar más, dejar atrás las sospechas permanentes y coordinar acciones sin repetir el viejo reflejo de la fractura.
Ese parece ser el principal desafío de lo que viene para la CGT, más allá de lo que haga o deje de hacer la administración Milei.