Sergio Almirón, un personaje querido de la ciudad que apuesta a una nueva vida
Quienes recorren las calles de la ciudad seguramente lo conocen. Siempre dispuesto a saludar, conversar o compartir una sonrisa, Sergio Darío Almirón, de 40 años, es una de esas figuras populares que forman parte del paisaje cotidiano uruguayense.
Sergio Almirón, un personaje querido de la ciudad que apuesta a una nueva vida
Nacido y criado en la zona del puente Tropezón, Sergio pasó gran parte de su vida entre distintos barrios de la ciudad. Integrante de una familia numerosa, recuerda que creció junto a cuatro hermanos y dos hermanas, actualmente reside en el barrio Cantera 25.
Muchos vecinos lo recuerdan por su participación en murgas, por recorrer las calles vendiendo diarios o simplemente por su presencia constante en diferentes espacios de la comunidad. "Me conocen de todos lados. Siempre anduve por la calle y me hice querer por la gente", cuenta.
Pero detrás de esa imagen popular también hay una historia de dificultades y cambios profundos. Sergio reconoce que atravesó momentos complejos vinculados al consumo de alcohol y otras adicciones. Sin embargo, asegura que hace seis meses decidió dar un giro a su vida.
"Dejé todo. Cambié por mí, por mi familia y por la gente que me quiere. La iglesia me ayudó mucho y también varios amigos que me abrieron las puertas cuando más lo necesitaba", expresó.
Actualmente vive de una pensión y realiza tareas ocasionales en una pizzería, donde colabora con repartos y distintos trabajos. "Me defiendo con eso y con la ayuda de la gente. Me gané el respeto trabajando y haciendo las cosas bien", señaló.
Apasionado por el fútbol, Sergio también destaca la importancia de las amistades y del acompañamiento que recibió durante su proceso de recuperación. Menciona especialmente a vecinos y conocidos que lo apoyaron en los momentos difíciles.
Durante la entrevista también habló sobre una realidad que marcó parte de su infancia: las burlas que sufrió por su condición de enanismo. Aunque reconoce que aquellas situaciones le provocaron dolor, hoy busca transmitir un mensaje distinto.
"A los chicos les diría que no se burlen de nadie. Eso hace mal. Todos tenemos nuestros problemas y hay que respetar a las personas", afirmó.
Antes de despedirse, Sergio aprovechó para enviar saludos a varias personas de la ciudad. Nombró especialmente a Sole, Yani, César y Lali, además de agradecer a quienes lo acompañan en esta nueva etapa de su vida y le brindaron una mano en los momentos más difíciles.
Con emoción, Sergio asegura sentirse una persona querida dentro de la comunidad y agradece a quienes lo acompañaron en su camino de transformación. "La gente me cambió la vida. Hoy quiero seguir para adelante y vivir tranquilo", expresó.
Para muchos vecinos, Sergio Almirón es mucho más que un personaje conocido: es el reflejo de una historia de perseverancia, afecto y segundas oportunidades.