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Provinciales
Infobae 19/06/2026 20:09 4 min de lectura

Dos árbitros expulsados, un juez que cenó con Benito Mussolini y una final polémica: la cara oculta del Mundial de 1934

La Copa del Mundo celebrada en Italia fue catalogada como el torneo más polémico y condicionado de su época, con el local que avanzó ronda tras ronda entre fallos inexplicables y la presión directa del régimen reinante, según National Geographic

Dos árbitros expulsados, un juez que cenó con Benito Mussolini y una final polémica: la cara oculta del Mundial de 1934
Foto: Infobae

Cuando la Copa del Mundo de 1934 aterrizó en Italia, el fútbol ya se había convertido en mucho más que un simple deporte. Bajo el dominio de Benito Mussolini, el régimen fascista utilizó el juego como una pieza clave en su maquinaria de poder.

National Geographic describe cómo la ideología del Duce transformó el ejercicio físico en uno de los pilares de la sociedad que buscaba imponer, con la promesa de una raza más fuerte, más sana y, según el discurso oficial, moralmente superior.

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La pelota rodaba en los estadios, pero detrás de cada pase y cada gol se tejía una estrategia política. El fútbol sirvió para unir a las distintas facciones internas del fascismo y, sobre todo, para proyectar al mundo una imagen de supremacía italiana. National Geographic relata que Mussolini no dejó nada al azar: dos años antes del torneo, se reunió en Ginebra con directivos de la FIFA y, mediante sobornos, aseguró la sede para Italia.

Pero el Duce tenía claro que ser anfitrión no era suficiente. Emprendió una búsqueda global de futbolistas con raíces italianas para reforzar a la selección, sumando talento europeo y sudamericano bajo la dirección de Vittorio Pozzo. Así, Italia armó un equipo capaz de responder a las expectativas del régimen y a la presión del contexto internacional.

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El 27 de mayo de 1934 comenzó el Mundial y, desde los primeros minutos, emergió un patrón inquietante: los arbitrajes favorecían de forma constante a Italia, según las crónicas de National Geographic. Con ese viento a favor y una plantilla de alto nivel, la selección avanzó sin sobresaltos y firmó su primer gran triunfo con un contundente 7-1 sobre Estados Unidos en cuartos de final.

Los arbitrajes que marcaron el torneo

La eliminatoria ante España quedó bautizada por la prensa como "la batalla de Florencia" por la sucesión de faltas cometidas por la selección italiana. El primer partido, jugado el 31 de mayo y dirigido por el belga Louis Baert, dejó una cadena de agresiones sobre futbolistas como Ramón de la Fuente y el portero Ricardo Zamora.

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España logró empatar, pero varios de sus jugadores terminaron tan maltrechos que no pudieron disputar el encuentro de repetición. La segunda cita, jugada el 1 de julio bajo el arbitraje de René Mercet, acabó con una victoria italiana.

Según el mismo medio, Italia marcó tras empujar al portero suplente español y, además, el árbitro dejó sin validez dos goles legítimos del rival. El texto añade que Mercet fue expulsado de la federación junto con Baert al término del campeonato.

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La semifinal ante Austria repitió, según ese relato, el mismo patrón. Italia se impuso 0-1 con un tanto de Angelo Schiavio en el minuto 19, en una jugada en la que el goleador derribó al guardameta austríaco sin que el colegiado sueco Ivan Eklind señalara falta.

La sospecha sobre Ivan Eklind aumentó porque, siempre según National Geographic, había cenado unos días antes con Mussolini. Durante el partido, añade el texto, actuó más como defensa italiano que como juez imparcial, hasta el punto de desviar con la cabeza un pase austríaco e ignorar las faltas de Luis el ejecutor Monti.

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Pese a esas denuncias, la FIFA no anuló el resultado ni impuso castigos y, además, designó a Eklind para la final una semana antes, una decisión que National Geographic atribuye al deseo de agradar al dictador. Mussolini, añade ese relato, redobló la presión sobre Pozzo: Victoria o Muerte y con una advertencia: Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar.

La final frente a Checoslovaquia se disputó en un ambiente violento. Los checos anotaron primero pese a las faltas y placajes sufridos, pero Italia empató en la segunda parte y terminó imponiéndose en la prórroga con otro disparo de Schiavio.

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Así terminó la segunda Copa del Mundo con triunfo italiano y con la primera estrella en el escudo de los azzurri.

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