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TN 16/06/2026 13:24 6 min de lectura

El Gobierno busca mostrar unidad en medio de la tensión por el futuro político de Adorni

En La Libertad Avanza afirman que no hay margen para disputas internas y se enfocan en limitar el desgaste que provoca la situación del jefe de Gabinete. Los acercamientos entre Karina Milei y Patricia Bullrich, y entre Santiago Caputo y los Menem, f

El Gobierno busca mostrar unidad en medio de la tensión por el futuro político de Adorni
Foto: TN

El Gobierno busca dar muestras de unidad en medio de las tensiones internas por el futuro de Manuel Adorni. En el Ejecutivo descartan por ahora la salida del jefe de Gabinete y sostienen que el objetivo es ordenar la mesa política, evitar nuevas disputas públicas y contener el impacto que generaron sus explicaciones patrimoniales en el oficialismo, los aliados y el Congreso.

En la Casa Rosada lo presentan como una etapa de control de daños. Necesitamos fingir demencia y ordenarnos porque hay un problema de orden mayor, expresan en Nación. La frase resume la lógica que hoy domina en parte del oficialismo: evitar que las peleas internas profundicen una crisis que ya dejó al jefe de Gabinete debilitado, complicó la agenda legislativa y abrió diferencias con sectores aliados.

En el entorno presidencial insisten en que Javier Milei y Karina Milei no tienen previsto desplazar a Adorni. En despachos oficiales sostienen que trabajan para resolver su situación pública y mediática, aunque evitan precisar cómo. La apuesta es que el jefe de Gabinete llegue a su informe de gestión en el Senado, recupere parte de su actividad institucional y que el Gobierno pueda correr el foco de atención hacia la economía, el Mundial y las reformas.

El problema es que la explicación de Adorni no logró cerrar la crisis dentro del propio oficialismo. En el Ejecutivo reconocen que casi nadie salió a respaldarlo públicamente después de su entrevista y de la presentación de su declaración jurada. Tampoco apareció el acompañamiento coordinado de la estructura digital libertaria que algunos esperaban. En varios despachos admiten que las inconsistencias del relato dañaron la posibilidad de una defensa automática.

Ese vacío de apoyo se volvió un síntoma de un problema mayor. En Balcarce 50 creen que la credibilidad de Adorni ya venía erosionada por meses de desgaste y que la admisión de ahorros no declarados, las rectificaciones patrimoniales y las contradicciones sobre bitcoin hicieron más difícil que el ecosistema libertario lo defendiera sin matices. También reconocen que las críticas públicas de Patricia Bullrich agravaron la percepción de desorden interno.

En ese marco se explican las señales de acercamiento entre Karina Milei y Bullrich. La secretaria general de la Presidencia compartió una foto de la mesa política durante el festejo de cumpleaños de la senadora y luego participó de una celebración más íntima. En Balcarce 50 niegan que exista una coordinación para desgastar a Adorni y describen esos gestos como parte de una estrategia de contención. No hay tándem para limar, simplemente control de daños, agregan cerca del oficialismo.

La situación de Bullrich es uno de los puntos que más inquieta al karinismo. En la Casa Rosada admiten que la exministra de Seguridad acumuló autonomía, volumen propio y capacidad de marcar agenda. Patricia hace treinta días era la principal enemiga del proyecto. Ahora hay que sentarla en la mesa, amplían en el entorno de Karina Milei. La lectura es que ya no hay margen para una ruptura abierta con la jefa del bloque libertario en el Senado.

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El enojo, sin embargo, sigue. En algunos despachos internos creen que Bullrich se sobregiró cuando se negó a votar en contra del pliego de María Verónica Michelli, la candidata a jueza que el Gobierno buscaba frenar después de haberla enviado al Senado. Fue en contra del Presidente y de eso no se vuelve, manifiestan en un sector del oficialismo. Aun así, reconocen que la prioridad actual es evitar una crisis de ese nivel en medio del caso Adorni.

La tensión también quedó expuesta en la última reunión de mesa política. Adorni enfrentó a Bullrich después de que la senadora calificara su situación patrimonial como una omisión ética. En el entorno del jefe de Gabinete sostienen que le pidió que antes de criticarlo públicamente le anticipara en privado cuál iba a ser su posición. El intercambio mostró que la foto de unidad no alcanzó para cerrar las diferencias.

Por ahora, en el Gobierno descartan cualquier posibilidad de que Bullrich pase a la Jefatura de Gabinete. Cerca de Milei sostienen que no está en evaluación un cambio de ese tipo y que el rol de la senadora seguirá ligado al Senado, la reforma electoral y el armado de 2027. Pero en Balcarce 50 advierten que se viene una negociación tensa con ella de cara al calendario electoral.

El karinismo mantiene un objetivo: que Bullrich compita por la Ciudad de Buenos Aires. En la Casa Rosada creen que una candidatura porteña permitiría contenerla dentro del esquema libertario y despejar cualquier expectativa sobre una eventual postulación a la vicepresidencia. Además, señalan un dato relevante: si Bullrich deja su banca en el Senado, asumiría como suplente Pilar Ramírez, una de las principales referentes de Karina Milei en la Ciudad.

El otro frente de contención está en la relación entre Santiago Caputo y los Menem. Después de las tensiones por la polémica en torno a la cuenta Rufus en X y la disputa por el control digital del oficialismo, en la Casa Rosada buscan bajar el nivel de confrontación interna. Hay que evitar los mini-quilombos, agregan cerca de la secretaria general. En el entorno de Caputo también transmiten una tregua condicionada: Si no nos joden, no jodemos.

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El acercamiento entre Caputo y los Menem no borra la desconfianza de fondo. El karinismo sigue mirando con recelo la estructura digital referenciada en el asesor presidencial y los vínculos de algunos de sus exsocios con gobernadores dialoguistas. En el entorno de Caputo rechazan esas sospechas y aseguran que el consultor seguirá trabajando para Javier Milei mientras el Presidente así lo disponga.

La Casa Rosada sabe que necesita ordenar la interna para sostener la agenda de reformas. En el Congreso están pendientes el Súper RIGI, la ley de lobby, la reforma electoral, los cambios en Inocencia Fiscal, la discusión sobre desregulación y otros proyectos que dependen de acuerdos con aliados y gobernadores. El caso Adorni volvió más sensible ese tablero y obligó a reforzar el contacto político.

La estrategia oficial es evitar que la discusión sobre Adorni derive en una fractura más amplia. En Nación sostienen que no habrá por ahora una salida del jefe de Gabinete, pero reconocen que su continuidad ya no puede apoyarse en el mismo esquema comunicacional. La idea es bajar su exposición confrontativa, sostenerlo institucionalmente y mostrar que el Gobierno no queda paralizado por la crisis.

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