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Economía
La Nacion 10/06/2026 20:35 2 min de lectura

Una de las tantas que aprendí de Bernardo Neustadt

Me enseñó a mirar la totalidad del panorama para diagnosticar correctamente y adoptar buenas decisiones

Una de las tantas que aprendí de Bernardo Neustadt
Foto: La Nacion

Una de las tantas que aprendí de Bernardo Neustadt

Viéndolos trabajar, trabajando en radios, TV y un diario, aprendí muchísimo (por orden alfabético) de Antonio Carrizo, Horacio De Dios, Daniel Della Costa, Rolando Hanglin, Silvio Huberman, Enrique Llamas de Madariaga, Roberto Maidana, Magdalena Ruiz Guiñazú y Néstor Scibona. Además de Bernardo Neustadt.

Este último solía decir que, cotidianamente, miles de aviones llegan a destino y cada tanto uno de ellos se estrella. Y preguntaba: ¿por qué es noticia este último y no los primeros?

La pregunta es buena, porque admite más de una respuesta. La de los medios de comunicación, por una parte, que se focaliza en la tragedia, y la de quienes tienen que viajar por avión, por la otra, que le prestan atención a la probabilidad de perecer usando el referido medio de transporte.

Esto me vino a la cabeza a propósito del hecho de que, la semana pasada, el Senado de la Nación aprobó los pliegos de 73 candidatos a jueces, una de las cuales es pariente de uno de los periodistas de LA NACION.

Con el mayor de los respetos, quienes toman decisiones les prestan particular atención a los 72 pliegos restantes, dejando que el curso de los acontecimientos finalmente diga qué ocurrirá con el de María Verónica Michelli.

Porque para la toma de decisiones privada, la lectura de lo que ocurrió la semana pasada fue que el nombramiento de los jueces permitirá acortar los tiempos de la administración de justicia y esta es una buena noticia.

Digámoslo de frente: los abogados me pueden explicar cada uno de los vericuetos procesales, pero yo, como decisor, necesito que las disputas se zanjen rápidamente y que litigar porque sí no resulte gratis. No es nada personal: las explicaciones de los abogados me fastidian, como seguramente algunas de las mías los fastidian, cuando pierden la paciencia a la espera de mejores y más rápidos resultados económicos.

Vuelvo a mi querido amigo, el injustamente olvidado Neustadt. Obvio que también Bernardo lamentaba la caída de un avión, pero enseñaba a mirar la totalidad del panorama para diagnosticar correctamente y adoptar buenas decisiones. ¿No sería mejor que ningún avión se cayera, que ningún vecino muriera a manos de algún asaltante y que no nos hicieran algún gol en el próximo Mundial de fútbol? Pensar que hay gente grande que plantea interrogantes como estos y encima se la da de inteligente.

La Nacion Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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