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Nova Entre Rios 05/06/2026 17:46 3 min de lectura

Alarma en el Mar Argentino: flotas extranjeras extraen hasta cuatro veces más recursos que la industria nacional

Un reciente informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) advirtió sobre el nivel récord de capturas en el límite de la milla 200. Especies clave para la economía y el ecosistema nacional se encuentran bajo un estrés bio

Un reciente informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) advirtió sobre el nivel récord de capturas en el límite de la milla 200. Especies clave para la economía y el ecosistema nacional se encuentran bajo un estrés biológico sin precedentes.

En coincidencia con el Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR), la FULASP dio a conocer cifras preocupantes sobre la actividad extractiva en el Atlántico Sudoccidental. La concentración de buques extranjeros sobre el borde de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, también conocida como la “milla 201”, representa hoy una de las mayores amenazas ambientales y económicas para el país.

Según la investigación, la magnitud y la intensidad de la pesca internacional liderada por embarcaciones de China, Corea del Sur y Taiwán ha escalado a niveles que ponen en riesgo la sostenibilidad del caladero.

Los datos del informe revelan un contraste alarmante:

Entre 400 y 600 embarcaciones extranjeras operan anualmente en la zona limítrofe.

El nivel de extracción internacional creció un 65% entre 2019 y 2024.

Mientras la flota nacional desembarca entre 750.000 y 900.000 toneladas anuales, las flotas extranjeras capturan entre 1,5 y 3 millones de toneladas por año.

Esto implica que, dependiendo de la especie y la temporada, la pesca internacional multiplica por cuatro las capturas de toda la industria pesquera argentina junta.

El daño biológico: un ecosistema en peligro.

El impacto de esta presión extractiva trasciende la pérdida de divisas. El foco de las flotas extranjeras está puesto en especies migratorias transzonales que se desplazan regularmente entre la plataforma continental argentina y alta mar.

El calamar Illex argentinus es el principal objetivo. Este cefalópodo es el motor de la cadena alimentaria marina, sirviendo de presa para merluzas, aves, mamíferos oceánicos y otras especies de alto valor comercial. Estudios de la Environmental Justice Foundation (EJF) respaldan la advertencia: al tener un ciclo de vida corto (uno a dos años), la sobrepesca combinada con factores climáticos adversos podría generar un colapso poblacional en apenas una temporada.

“El verdadero problema no es solamente que se lleven más volumen que la pesca argentina. El daño más grave es biológico: muchas especies están siendo capturadas antes de completar su ciclo natural”, advirtió Raúl Cereseto, presidente de FULASP.

Para ilustrar la gravedad, el especialista trazó un paralelismo con el sector agropecuario: “Si en un campo con mil vacas nacen trescientos terneros y usted faena doscientos cincuenta adultos, el rodeo se mantiene. Pero si empieza a matar terneros y hembras antes de que se reproduzcan, tarde o temprano desaparece. En el mar ocurre exactamente lo mismo”.

La presión compartida y el factor Malvinas.

El escenario se agrava al sumar la actividad pesquera bajo licencias otorgadas por el Reino Unido en las Islas Malvinas. Según registros oficiales isleños, durante 2024 se capturaron 261.903 toneladas de recursos en esa jurisdicción, afectando directamente a especies que comparten la ruta migratoria patagónica.

Entre las especies más vulneradas destacan:

Merluza común (hubbsi): A pesar de desovar en aguas costeras patagónicas, la especie migra a la plataforma de Malvinas para alimentarse. Allí se registraron capturas por casi 55.000 toneladas en 2024, el cuarto valor más alto en 35 años.

Merluza de cola: Los estudios genéticos confirman que se trata de un mismo stock biológico compartido entre Argentina, Chile y las islas.

Las señales de agotamiento ya comenzaron a hacerse visibles. Este mismo año, las autoridades de Malvinas debieron suspender la segunda temporada de pesca del calamar Loligo, luego de que la biomasa de la especie cayera abruptamente por debajo del umbral mínimo de conservación (10.000 toneladas).

De mantenerse este ritmo de explotación indiscriminada en el borde de la milla 200, los especialistas advierten que Argentina no solo se encamina a una pérdida económica millonaria por menores exportaciones y menor empleo, sino a un daño ecológico irreversible sobre recursos que tardaron miles de años en consolidarse.

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