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Diario el Sol 25/05/2026 08:11 2 min de lectura

A 216 años del 25 de Mayo: del grito de soberanía al desguace del Estado y la sumisión a Estados Unidos

En 1810, la crisis de la corona española obligó a los criollos a debatir quién debía ejercer el poder y controlar los recursos. Hoy, frente a un gobierno que profundiza el alineamiento automático con Washington y subasta áreas estratégicas, resurge l

A 216 años del 25 de Mayo: del grito de soberanía al desguace del Estado y la sumisión a Estados Unidos
Foto: Diario el Sol

A 216 años del 25 de Mayo: del grito de soberanía al desguace del Estado y la sumisión a Estados Unidos

En 1810, la crisis de la corona española obligó a los criollos a debatir quién debía ejercer el poder y controlar los recursos. Hoy, frente a un gobierno que profundiza el alineamiento automático con Washington y subasta áreas estratégicas, resurge la pregunta original de la Revolución: ¿quién manda verdaderamente en la Argentina?

A menudo, enseñar Historia es encontrarse con una pregunta que parece sencilla, pero que en realidad abre una discusión enorme como es ¿qué pasó verdaderamente el 25 de mayo de 1810?. Y lo cierto es que mucha agua pasó bajo el puente desde el primer gran intento de explicación histórica realizado por Bartolomé Mitre en la segunda versión de Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, publicada en 1876, donde sostuvo que el 25 de Mayo representaba el hito fundacional y el mito de origen de la nación argentina.

Su obra permitió construir, por primera vez, una narrativa integral de la Revolución. Pero también instaló una idea que durante décadas dominó buena parte de la interpretación histórica. Allí había nacido una conciencia nacional ya preexistente en la época colonial, como si la identidad argentina hubiese estado esperando, silenciosa, el momento de revelarse.

Sin embargo, acaso resulte más coherente explicar aquellos acontecimientos a partir de la crisis de la monarquía española que terminó desencadenando el proceso revolucionario, y no como la irrupción inevitable de un sentimiento nacional previamente consolidado. Para la identidad americana, 1810 fue un año bisagra. Todavía no existía un proyecto claro de nación y mucho menos aparecía en el horizonte el nombre Argentina. Lo que sí comenzaba a emerger la pregunta decisiva de quién debía ejercer el poder después del derrumbe de la autoridad española.

Las Leyes de Indias regulaban hasta los estornudos en la vida colonial, pero jamás habían contemplado qué debía hacerse ante la ausencia de un rey legítimo. Ni España ni los territorios de ultramar reconocían a José Bonaparte como soberano, aun cuando la llamada Farsa de Bayona intentó legitimar la ocupación napoleónica. El problema era enorme, porque hasta entonces la monarquía absoluta establecía que la soberanía residía exclusivamente en el rey, y Napoleón terminó haciendo estallar ese principio de un modo impensado.

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