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La Nacion 20/05/2026 02:48 3 min de lectura

Gabriel Rolón, psicólogo: El dolor es más fuerte que la felicidad, porque el recuerdo de un momento feliz y de una ausencia, marca también una falta

El psicoanalista analizó la complejidad del bienestar emocional frente a las presiones externas; profundizó en la importancia de habitar el aquí y ahora

Gabriel Rolón, psicólogo: El dolor es más fuerte que la felicidad, porque el recuerdo de un momento feliz y de una ausencia, marca también una falta
Foto: La Nacion

El psicoanalista analizó la complejidad del bienestar emocional frente a las presiones externas; profundizó en la importancia de habitar el aquí y ahora

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El reconocido psicoanalista Gabriel Rolón, en una entrevista con LN+, profundizó en los mitos contemporáneos sobre el bienestar personal y los desafíos de habitar el tiempo actual en una cultural que prioriza resultados inmediatos. El escritor vinculó esa plenitud con la aceptación de las carencias propias y criticó las corrientes que simplifican los procesos emocionales como una mera decisión individual.

En este contexto, advirtió que la sociedad suele caer en la trampa de buscar soluciones mágicas o inmediatas, cuando la realidad requiere de un trabajo consciente y valiente. Ser feliz implica una responsabilidad muy grande, afirmó el autor, y subrayó que es necesario despojar al término de expectativas inalcanzables.

El dolor es más fuerte que la felicidad, porque el recuerdo de un momento feliz, de una ausencia, marca también una falta, y agregó: Porque el recuerdo de una ausencia marca también una falta entonces creo que hay que ser muy valiente y muy inteligente para construir ese mundo, que abraza una felicidad imperfecta.

En su libro La felicidad, el analista acuña un neologismo para definir el estado real al que puede aspirar un ser humano. El término faltacidad describe una felicidad que es capaz de abrazar todas las faltas, las ausencias, los dolores y las heridas del sujeto. No existe la felicidad. Existe la faltacidad, que es una felicidad que es capaz de abrazar todas mis faltas, mis ausencias, mis dolores y mis heridas, explicó.

Para el autor, el bienestar se encuentra en un punto específico de la temporalidad: La felicidad es en la eternidad del aquí y ahora, y advirtió que este estado en el pasado o en un futuro incierto anula el sentido de la existencia presente: Hay que construir felicidad en el presente. Asimismo subrayó: La felicidad es imperfecta.

El amor como renuncia al poder sobre el otro

El analista define al amor como una herramienta fundamental frente a la angustia existencial. Lo describe como un invento humano para engañar a la muerte por un momento. El amor es ese invento maravilloso de los hombres para intentar engañar a la muerte por un rato sostuvo. El autor destaca la utilidad del afecto: El amor sirve para que la soledad duela un poco menos, para que la tristeza sea un poco menos perturbadora.

No obstante, el vínculo afectivo también conlleva riesgos significativos para la integridad del sujeto: Amar a alguien es otorgarle un poder sobre vos, advirtió el especialista y subrayó que un amor sano es aquel donde la persona renuncia voluntariamente a usar ese poder para dañar a su pareja durante una discusión o conflicto. La persona que te ama con sanidad es la que renuncia a usar ese poder. Nunca usa el poder que tiene sobre vos para dañarte, para ganar una discusión porque siente enojo.

El peso de los mandatos y la búsqueda del deseo

Rolón analizó que el camino hacia el deseo sufre la obstrucción de factores ajenos que confunden la percepción del sujeto, ya que desde el nacimiento, el individuo recibe expectativas y mandatos de su familia y de la sociedad. Estamos tan atravesados por opiniones ajenas que quedamos excéntricos a nosotros mismos, planteó.

En este marco, el psicoanalista remarcó que la labor del análisis consiste en intentar que el sujeto no cumpla un destino impuesto por otros, sino que persiga su propia búsqueda: A mí me gusta definir el psicoanálisis como el arte de intentar que alguien no cumpla su destino. El analista sostiene que el destino suele ser un mandato externo y sumó: No es fácil saber qué se desea, pero que a pesar de estas dificultades, concluyó: El deseo no se agota nunca.

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