Relaciones tóxicas: cómo identificar y desarmar los vínculos que dañan la salud mental - Cadena Entrerriana 96.5MHz LRS 798
En la pareja, la familia o el entorno laboral, los patrones destructivos suelen camuflarse detrás del afecto. Una especialista analiza las causas de la dependencia emocional y brinda herramientas para romper el círculo vicioso. Por Laura Gambale Las
En la pareja, la familia o el entorno laboral, los patrones destructivos suelen camuflarse detrás del afecto. Una especialista analiza las causas de la dependencia emocional y brinda herramientas para romper el círculo vicioso.
Por Laura Gambale
Las relaciones tóxicas son mucho más comunes e invisibles de lo que se suele admitir. Ya sea en el ámbito de la pareja, el entorno familiar, el espacio laboral o las amistades, estos vínculos involucran a dos o más personas en dinámicas con patrones de comportamiento destructivos, donde prevalecen la asimetría de poder y la manipulación.
Si bien no se trata de un fenómeno nuevo, la inmediatez de las redes sociales ha transformado las reglas del juego. En la actualidad, muchos de estos lazos nacen, se desarrollan y mueren estrictamente dentro del ecosistema digital. Sin embargo, aunque no existan de manera presencial, sus secuelas psicológicas y emocionales impactan con fuerza en el plano real.
Así como una sustancia tóxica tiene el potencial de envenenar o enfermar el cuerpo, un vínculo nocivo socava de forma progresiva la autoestima, destruye la confianza e instala miedos y limitaciones. Con el tiempo, la dinámica adopta características similares a las de una adicción, donde la dependencia emocional opera como el principal factor de anclaje.
Para comprender por qué se sostienen estos espacios de sufrimiento y cómo trazar una salida, dialogamos con la psicóloga Carle Osme, quien desmitificó prejuicios en torno a esta problemática.
«En una relación tóxica siempre hay un proceso de desgaste para todas las partes involucradas. Las estadísticas demuestran que, si no se abordan a tiempo, estos vínculos tienden a empeorar progresivamente. Aunque suelan presentarse con un rol dominante y otro sumiso, el daño termina afectando a ambos miembros e, incluso, a su entorno cercano», explica la especialista.
Señales de alerta en la pareja
Identificar el control disfrazado de protección es el primer paso. Los siguientes indicadores ayudan a evaluar si un vínculo afectivo ha cruzado el límite hacia la toxicidad:
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Violación de la privacidad: Control constante del teléfono celular, revisión de redes sociales o monitoreo de cuentas bancarias bajo el argumento de la inseguridad.
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Aislamiento forzado: Malestar o reproches cuando la otra persona comparte tiempo con amigos, familiares o compañeros de trabajo.
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Chantaje emocional: Uso de la manipulación psicológica para lograr que el otro ceda a los deseos propios.
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Invalidación y gaslighting: Descalificación sistemática de las opiniones ajenas, haciendo dudar a la víctima de su propia percepción de la realidad o de su salud mental.
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Autocensura por temor: Modificación del propio discurso o evitación de ciertos temas para eludir conflictos o evitar ser desacreditada.
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Imposición en la intimidad: Sentir la obligación de mantener relaciones sexuales aun sin el deseo de hacerlo.
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Comparación constante: Referencias continuas a relaciones afectivas del pasado para desvalorizar a la pareja actual.
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Unilateralidad: Toma de decisiones unilaterales en cuestiones que afectan directamente el proyecto o la convivencia común.
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Minimización de la autonomía: Comentarios sutiles o explícitos orientados a hacer creer a la otra persona que es incapaz de salir adelante por sus propios medios.
Anatomía del sufrimiento: Tipos de vínculos nocivos
La transición hacia la salida requiere, fundamentalmente, tomar conciencia del escenario en el que se está inmerso. La especialista detalla las tipologías más frecuentes de estas relaciones:
Por dependencia emocional
Presenta roles de poder marcadamente asimétricos y es frecuente en parejas con una brecha de edad considerable. Quien ocupa el rol sumiso suele tolerar el maltrato por temor a la soledad, por una autoestima severamente debilitada o por factores de dependencia económica que percibe como barreras insalvables.
Por idealización
Se fundamenta en una proyección previa de cómo «debería ser» el compañero ideal, ocultando las expectativas reales al inicio de la relación. Al no aceptar al otro tal como es, se intenta moldearlo a la fuerza. La resolución requiere un abordaje terapéutico para confrontar el proyecto real frente al imaginario.
Por arrastre del pasado
Ocurre cuando uno o ambos integrantes inician una nueva etapa afectiva sin haber elaborado el duelo o el cierre de la relación anterior. Esto genera un escenario de comparaciones constantes y la repetición sistemática de viejos conflictos individuales en el nuevo escenario de pareja.
Por carencia existencial
Se instrumenta el vínculo como un mecanismo para llenar vacíos personales o buscar la felicidad fuera de uno mismo. La pareja es cargada con la responsabilidad de «completar» al individuo, lo que deviene en una presión insostenible originada en una carencia de orden estrictamente personal.
Por dinámicas de miedo y violencia
Es el escenario de mayor riesgo, donde se manifiesta el maltrato físico, la violencia verbal y la coerción económica. El chantaje emocional anula la capacidad de reacción de la víctima, generando la falsa percepción de que es imposible escapar del circuito de control.
El camino hacia la recuperación
La fuerza de voluntad, de manera aislada, raras veces es suficiente para desarticular un entramado de dependencia psicológica arraigado. El proceso exige un acompañamiento metodológico.
«El primer paso clínico es la toma de conciencia; el segundo, la búsqueda de asistencia profesional calificada. Estimamos que actualmente el 70% de las relaciones sexoafectivas atraviesan algún matiz de dependencia que, de no ser intervenido oportunamente, corre el riesgo de volverse crónico», concluye Osme.
La salida de una arquitectura vinculante nociva es viable. Requiere la articulación de una red afectiva de contención (familia, amistades), el soporte de profesionales de la salud mental y, fundamentalmente, el respeto a los tiempos del propio proceso de reconstrucción personal. OhLALA
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