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Diariochaco 05/05/2026 18:49 6 min de lectura

Acoso, poder y silencio: la lógica del bullying que exige estar alerta

En medio de casos que reactivaron el tema en la agenda pública, Diario Chaco dialogó con una licenciada en Psicología para comprender, más allá del impacto

Acoso, poder y silencio: la lógica del bullying que exige estar alerta
Foto: Diariochaco

En las últimas semanas, el bullying volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública. No se trata de un fenómeno nuevo ni de algo que haya desaparecido, sino de una serie de casos resonantes que encendieron nuevamente las alarmas sociales y permitieron que salgan a la luz situaciones que antes permanecían invisibilizadas.

Sin embargo, la masividad con la que ciertos temas irrumpen en la agenda también exige una lectura cuidadosa. El discurso mediático y las redes sociales pueden amplificar una problemática, pero también saturarla, volverla espectáculo y reducirla a una sucesión de casos impactantes. Ese tratamiento, si no se acompaña de información clara, puede derivar en simplificaciones, confusión o incluso hartazgo social.

Por eso, frente a la necesidad de aportar una mirada informada y comprender qué hay detrás de los casos resonantes porque lo que suele llegar a la agenda pública ya es la consecuencia de algo que se gestó antes, Diario Chaco dialogó con la licenciada en Psicología Silvia Villa. La profesional explicó cómo se configura la relación entre víctima y agresor, qué se considera bullying y qué no, y cuál es el rol que deben asumir los adultos y las instituciones.

La profesional aclaró que, si bien cada caso debe ser abordado de manera particular, "debemos generalizar para hablar del tema". En ese marco, definió: "El bullying es acoso, no el acoso sexual como lo entendemos aunque puede incluir aspectos que tengan que ver con lo sexual, sino un acoso direccionado y reiterado hacia una persona en particular".

Para que exista bullying, debe haber un desequilibrio de poder entre las partes: alguien ejerce poder sobre otra persona . Según Villa, esto puede darse dentro de un mismo grupo etario, entre personas de distintas edades y, aunque el término suele asociarse al ámbito escolar, también puede presentarse en otros espacios, como el trabajo, instituciones o incluso la familia.

Aun cuando los factores varían en cada caso, la psicóloga señaló que hay una constante: "La persona que ejerce el poder, aunque sea en grupo, siempre, hay uno que lidera".

QUIÉN HACE BULLYING

Villa diferenció una burla ocasional de una situación de acoso sostenido. "Quien hace bullying contra alguien detecta la posible víctima de abuso. Puede ser contra quien es más introvertido, el más intelectual, va a depender el rasgo que despierte algo en el victimario, como la envidia, por ejemplo. Aunque no siempre se trate de envidia, sino de buscar algo en el otro que pueda ser factible de ser mi objeto de descarga con el fin de dañar", explicó.

Según la profesional, esta conducta responde a "una estructura psicopatológica". Y aclaró: "No quiere decir que esta estructura no se pueda modificar con terapia, pero, en caso de que no lo haga, mantendrá esta conducta toda su vida y encontrará otras víctimas".

Villa sostuvo que, en muchos casos, estas conductas se relacionan con la historia personal y familiar del agresor. "Tiene que ver con la estructura familiar que recibió esa persona", indicó, y agregó que puede funcionar como un modo de enmascarar inseguridades o de reproducir situaciones de acoso vividas dentro del propio seno familiar.

"Por lo tanto, si la familia del victimario le marca constantemente que es bruto por dar un ejemplo por demás liviano produce un efecto en esa persona, la cual, si no tiene mecanismos de defensa para superar esta situación, va a descargar su frustración directamente contra la víctima elegida", sostuvo.

LA VÍCTIMA

La víctima, explicó Villa, suele ser una persona que sufre en silencio un acoso direccionado y sostenido. Uno de los rasgos característicos es la dificultad para defenderse, pedir ayuda o denunciar lo que está pasando.

La psicóloga señaló que esto también puede estar vinculado a la historia familiar o a experiencias previas que hayan afectado la posibilidad de expresarse o buscar protección. Además, explicó que no todos los insultos o agresiones generan el mismo efecto en todas las personas.

"Si a mí me dicen gorda, pero yo no tuve conflictos con eso, seguramente no me pasará nada, pero si me dicen orejona y toda la vida me lo remarcaron, seguramente ese sea el detonante de mi malestar y el victimario se prenderá de esto si lo detecta", sostuvo.

Sin embargo, Villa consideró necesario hacer una aclaración: "El bullying puede ser el detonante para una medida drástica, como quitarse la vida u otra consecuencia extrema, pero en realidad allí subyace algo más y esto solo continuó agravando ese proceso".

En ese sentido, agregó: "Hay muchas maneras de desaparecer que se notan en los chicos que son víctimas de acoso escolar. Por ejemplo, que no quieran ir a la escuela, que intenten pasar desapercibidos o que bajen sus calificaciones. A todo esto, un adulto tiene que estar atento para poder actuar".

No obstante, la psicóloga remarcó que "estas consecuencias se dan porque, tarde o temprano, la víctima revienta, para adentro o para afuera".

EL ROL DE LAS INSTITUCIONES

La discusión sobre qué función debe cumplir la escuela frente a estos casos también se instaló con fuerza en redes sociales. Mientras algunos señalan a los docentes, otros ponen el foco en las familias o en las instituciones. Ante este debate, Villa planteó una distinción clara: "La escuela es un lugar para enseñar un programa, el docente no puede enseñar la parte emocional porque no es su función. Sin embargo, hay una responsabilidad que tiene el docente y es ser adulto, entonces debería poder detectar cuando algo está pasando, porque en general la víctima no habla, eso también es uno de los rasgos".

hay una responsabilidad que tiene el docente y es ser adulto, entonces debería poder detectar cuando algo está pasando, porque en general la víctima no habla, eso también es uno de los rasgos".

En ese sentido, sostuvo que "la autoridad del aula debe estar atenta a señales de alerta, como ausencias reiteradas, baja en el rendimiento escolar o cambios de conducta. Ante la sospecha de una situación de acoso, el paso siguiente debe ser informar a los tutores, al gabinete psicopedagógico o, si corresponde, realizar la denuncia pertinente" .

Villa remarcó que el rol de la escuela no es brindar tratamiento psicológico, sino advertir, contener y derivar. "El colegio no da intervenciones psicológicas, solamente contiene, lo cual nos lleva a replantearnos sobre qué sucede con la salud mental en nuestro país y por qué los organismos que sí deben intervenir están tan saturados", afirmó.

Sobre el agresor, agregó: "No sé si se lo podría echar del colegio porque esto no tiene nada que ver con la escuela, se podría pensar en aplicar una medida disciplinaria. La educación y la crianza es competencia de la familia o de los tutores".

Así, más allá de los casos que logran instalarse en la agenda pública, el bullying exige una mirada que no se limite al impacto inmediato. Comprender sus dinámicas, detectar señales tempranas y asumir responsabilidades adultas aparece como una condición necesaria para intervenir antes de que el daño se profundice. A esto se suma el desafío del ciberbullying y el uso de las tecnologías, que complejizan aún más el escenario y abren un capítulo que merece un abordaje propio.

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