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Tecno
TN 01/05/2026 18:51 2 min de lectura

Científicos descubrieron un mecanismo cerebral para eliminar los dolores crónicos

Una investigación identificó un circuito del cerebro que podría bloquearse y suprimir dolencias persistentes.

Científicos descubrieron un mecanismo cerebral para eliminar los dolores crónicos
Foto: TN

Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford identificó un circuito cerebral vinculado al dolor crónico que puede activarse o silenciarse de manera selectiva.

El trabajo, publicado en la revista Nature, reveló que al intervenir sobre ese circuito la sensación desaparece sin comprometer la capacidad del cuerpo de reaccionar ante otros estímulos.

Un circuito distinto para el dolor persistente

Los científicos descubrieron que el dolor crónico no sigue el mismo recorrido que el dolor agudo. Los investigadores identificaron una red que conecta la médula espinal con el tálamo y la corteza cerebral, que forma un bucle y mantiene activa la señal de manera continua.

Ese circuito funciona como un sistema de retroalimentación que refuerza la percepción del dolor incluso meses después de una lesión. En los experimentos, la activación de esas neuronas generó respuestas compatibles con dolor persistente en sujetos sanos. Al inhibirlas, la señal desapareció.

El dato central es que esa intervención no alteró otros mecanismos sensoriales. Las respuestas frente a estímulos peligrosos, como el calor extremo o el contacto con una superficie filosa o puntiaguda, se mantuvieron intactas, lo que indica que el sistema que alerta sobre daños inmediatos opera por vías diferentes.

Hacia terapias más precisas y sin dependencia

El descubrimiento plantea un nuevo enfoque para el desarrollo de tratamientos. En lugar de actuar sobre todo el sistema nervioso, como ocurre con muchos analgésicos actuales, las futuras terapias podrían dirigirse únicamente a este circuito específico, con tratamientos génicas y estrategias de neuromodulación capaces de intervenir de forma localizada sobre estas neuronas.

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Las estimaciones iniciales ubican las primeras aplicaciones médicas en los próximos años, en un proceso que dependerá de la validación de seguridad y eficacia.

El hallazgo también reconfigura la forma en que se entiende el dolor persistente. Deja de abordarse como una prolongación del daño físico y pasa a considerarse una alteración en los circuitos que procesan la información sensorial. Además, permitirá hacer diagnósticos más objetivos, con herramientas capaces de distinguir entre distintas formas de dolor y ajustar las terapias con mayor precisión.

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