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Provinciales
Ahora 27/03/2026 12:31 2 min de lectura

Una mirada desde la alcantarilla. Mi cuerpo es un templo - AHORA Entre Ríos

mi cuerpo es un templo su alfombra roja desde el principio de los tiempos color de la sangre que perdemos mes a mes como prueba de nuestra capacidad de albergar otros huesos adentro de los nuestros un andamio POR BELÉN ZAVALLO

Una mirada desde la alcantarilla. Mi cuerpo es un templo - AHORA Entre Ríos
Foto: Ahora

Mi cuerpo es un templo

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Mi cuerpo es un templo

por su cúpula flotan abejas, polillas blancas, pestañas sueltas

la fe se inclina en las rodillas

duele tener ganas de creer

el omóplato entra apenas por la puerta ancha

las escápulas sin plumas guardan escamas

en el quiebre de la clavícula hay nidos de gorriones

que no cantan

¿en qué crees, niña? la voz del pasado,

antes de que entendieras los laberintos de tu cuerpo

flotan en el eco que se repite en cada ingreso

¿cuántas mujeres entran en este templo?

las que pasan esconden sus deseos

en el pastillero de lata antiguo

colorean la piel de su cara con pasto de la entrada

en las grutas un santo para cada devota

alumbra los ojos ciegos de las mujeres pasadas por lavandina

agua bendita de las manos que limpian abajo de las camas, atrás de la heladera, por encima de las alacenas

en las cutículas

por los recodos de las orejas

ojos de lechuza que pesquisan la casa

dan vuelta las medias

los torsos de las remeras hacia abajo en la soga

la casa en orden para cuando todos los lobos aúllen

en este templo Mesías es la voz poderosa que nunca nos dejaron usar

mi cuerpo es un templo

su alfombra roja desde el principio de los tiempos

color de la sangre que perdemos mes a mes

como prueba de nuestra capacidad de albergar

otros huesos adentro de los nuestros

un andamio

esqueleto lleno de esquejes

en la punta de cada banco un ramillete de violetas

flores juntadas en la siesta entre la humedad de los tréboles

con saleros en los puños contra las babosas

puñado de sal gruesa atrás de cada hombro

cruces en los ceños duros de los hombres

vengan al templo de todas nosotras

oremos por las faltas de paz en las bocas

de los peces que tragan los anzuelos

lenguas rajadas como persianas por donde se filtra

un rayo de sol que cambia los tonos amarillos por los vitrales verdes

flores entre las encías de este templo que es mi cuerpo y el tuyo

luces de un fuego que se enciende desde la cueva bajo el ombligo

nadie puede saberlo

nuestro templo

el lugar de la oración

nuestra lengua al resguardo entre gardenias

que cultivamos bajo las campanas

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