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Diario el Sol 04/01/2026 21:08 5 min de lectura

Delta Force, la unidad secreta de EE UU detrás de la captura de Nicolás Maduro

A falta de una confirmación oficial por parte de Washington, todos los indicios apuntan a que el asalto a las dependencias donde se encontraban Maduro y Flores fue ejecutado por este cuerpo altamente especializado, diseñado para actuar en escenarios

Delta Force, la unidad secreta de EE UU detrás de la captura de Nicolás Maduro
Foto: Diario el Sol

Delta Force, la unidad secreta de EE UU detrás de la captura de Nicolás Maduro

La operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en territorio venezolano habría estado a cargo de la Delta Force, una de las unidades de operaciones especiales más secretas y enigmáticas del Ejército de Estados Unidos.

A falta de una confirmación oficial por parte de Washington, todos los indicios apuntan a que el asalto a las dependencias donde se encontraban Maduro y Flores fue ejecutado por este cuerpo altamente especializado, diseñado para actuar en escenarios de máxima complejidad, donde la política exterior entra en una zona gris y el margen de error se reduce a minutos, según un análisis publicado por The Objective.

Aunque los Navy SEAL suelen concentrar la atención mediática, la Delta Force inmortalizada en el cine y asociada históricamente a misiones imposibles ocupa un lugar clave en el entramado invisible del poder militar estadounidense. No participa en desfiles, no concede entrevistas y rara vez reconoce su existencia. Su función es operar en silencio cuando el impacto estratégico es prioritario y la discreción resulta esencial.

Su nombre oficial es 1st Special Forces Operational DetachmentDelta, una unidad creada a finales de la década de 1970 tras el fracaso de la operación Eagle Claw, el intento fallido de rescate de rehenes estadounidenses en Irán en 1980, que expuso la carencia de una fuerza capaz de ejecutar misiones antiterroristas complejas en cualquier parte del mundo. Desde entonces, Delta fue concebida como una herramienta quirúrgica, con alto grado de autonomía y una cadena de mando deliberadamente corta.

Aunque pertenece formalmente al Ejército de Estados Unidos, la Delta Force responde al Joint Special Operations Command (JSOC), un engranaje que integra inteligencia, aviación, operadores de asalto, drones y capacidades cibernéticas en estructuras temporales que se crean para una misión específica y se disuelven una vez cumplido el objetivo.

Según The Objective, el componente central de las operaciones de Delta es la inteligencia. Cada misión se inicia con un exhaustivo análisis que combina fuentes humanas, interceptación de señales y vigilancia aérea. El propósito no es solo localizar al objetivo, sino comprender su entorno, rutinas y todas las variables que podrían comprometer el éxito de la operación.

La fase de ejecución, siempre breve, es apenas la parte visible de un trabajo que puede extenderse durante meses. La prioridad es la sorpresa, la velocidad y el control del espacio. En asaltos típicos, los operadores dominan los puntos clave en cuestión de minutos, aíslan al objetivo y neutralizan amenazas antes de que puedan reaccionar. La retirada, como en un golpe perfectamente calculado, está planificada incluso antes de la entrada.

El acceso a la unidad es extremadamente exigente. Delta no busca perfiles homogéneos y recluta tanto dentro como fuera del ecosistema tradicional de fuerzas especiales. Se valoran la resistencia física, la capacidad de orientación, el aprendizaje rápido y, sobre todo, el criterio bajo presión. Las pruebas incluyen largas marchas en solitario y entrevistas psicológicas que pesan tanto como el desempeño físico.

Tras superar la selección, los candidatos ingresan al Operator Training Course, un periodo de formación centrado en tiro avanzado, combate en espacios cerrados, explosivos, conducción evasiva y coordinación aérea. Más allá de las técnicas, se inculca una cultura operativa basada en la adaptación, la toma de decisiones críticas y la responsabilidad individual. El entrenamiento, subraya The Objective, nunca termina.

Flexibilidad absoluta

En cuanto al equipamiento, Delta se rige por una filosofía de flexibilidad absoluta. No existe un fusil oficial: se emplean carabinas M4, HK416 o plataformas de mayor calibre como el SCAR-H, según el entorno y la misión. Lo mismo ocurre con las pistolas, entre las que destacan modelos Glock 17 o 19. Todo el armamento se selecciona en función del objetivo y se integra con ópticas, visores nocturnos y sistemas láser de última generación.

Donde la unidad marca una diferencia decisiva es en la integración tecnológica. Visión nocturna, comunicaciones seguras, drones de reconocimiento y sensores operan en una red que permite compartir información en tiempo real. El operador no actúa de forma aislada, sino como un nodo dentro de un sistema interconectado.

El historial operativo de Delta Force se conoce más por indicios que por confirmaciones oficiales. Uno de los episodios más documentados fue la operación Gothic Serpent en Somalia en 1993, retratada en la película Black Hawk Down. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la unidad se convirtió en una pieza clave de la guerra contra el terrorismo en Afganistán e Irak, participando en capturas nocturnas que desarticularon redes insurgentes y yihadistas.

Entre las operaciones que sí trascendieron públicamente figura la captura de Saddam Hussein en 2003, un golpe de alto valor simbólico destinado a demostrar que ningún líder estaba fuera de alcance. The Objective señala que ese mensaje estratégico se repite ahora con Nicolás Maduro, en una línea histórica comparable a la detención de Manuel Noriega en Panamá en 1990.

El secretismo que rodea a Delta Force no es un gesto estético, sino una herramienta operativa. La ambigüedad sobre sus capacidades protege a los operadores y confunde a los adversarios. Por ello, advierten los analistas, cuanto más detallada parece una supuesta filtración, menor suele ser su fiabilidad.

Diseñada para desaparecer tras cumplir su misión, Delta Force no busca protagonismo ni relato. Su fuerza reside en la profesionalidad, en rutinas ensayadas hasta el extremo y en la capacidad de ejecutar decisiones difíciles sin exposición pública. No gana guerras por sí sola, pero inclina la balanza cuando la política exige resultados rápidos y discretos. Entraron de noche y, como suele ocurrir, regresaron en silencio, aunque esta vez con un detenido de alto perfil: Nicolás Maduro.

Por The New York Times

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