América Latina vota en 2026
¿Prevalecerán las democracias resilientes o el populismo?
2026 llega con múltiples desafíos. Uno, si primarán en América Latina las democracias resilientes, como apunta Latinobarómetro, o seguirá avanzando el populismo y el iliberalismo. Si bien mucho de esto se repite en otras partes, hay problemas específicos: ¿Se consumará el giro a la derecha, o a la extrema derecha, o se mantendrá la diversidad? ¿Cuánto incidirá el apoyo de Trump a sus candidatos? ¿Qué peso tendrá la ley y el orden de Bukele o el rigor económico de Milei?
Y todo en una coyuntura geopolítica volátil. La UE, al no cerrar el Tratado con Mercosur, ofrece un perfil de bajo compromiso con América Latina, mientras se conocen las propuestas de EE.UU. y China, que pese a sus diferencias tienen un similar objetivo hegemónico. Primero Washington, con el Corolario Trump de la Doctrina Monroe, en la Estrategia de Seguridad Nacional, marcó su sesgo hemisférico. Poco después Pekín publicó su Documento político hacia América Latina y el Caribe, menos injerencista e intervencionista.
Si bien la política exterior apenas cuenta electoralmente, los nuevos gobiernos deberán posicionarse frente a distintas cuestiones vitales. En 2026 habrá elecciones nacionales (y parlamentarias) en Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil, más unas postergadas generales en Haití, dependientes de las condiciones de seguridad, en un país presto a convertirse en Estado fallido. También habrá elecciones subnacionales (municipales y departamentales) en Bolivia y municipales en Paraguay.
Las presidenciales son a doble vuelta, aunque en Costa Rica solo se necesita el 40% para evitarla, mientras en los otro tres el umbral es del 50%. Como en todas habrá probablemente segunda vuelta, la dispersión del voto puede llevar a enfrentamientos y resultados insospechados. El voto no es obligatorio en Colombia, pero sí en el resto, aunque en todos, dada la desafección con la política, no se descarta una alta abstención, si bien los enfrentamientos del balotaje, marcados por la polarización (la excepción podría ser Perú) facilitarían la participación. Hay una sobreoferta de candidaturas, con récords en Colombia y Perú. Ello dará paso a la fragmentación parlamentaria que complicará, y mucho, la gobernabilidad.
Primero vota Costa Rica (1 de febrero y 5 de abril). La oficialista Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano (PPSO), ex jefa de gabinete y ministra de Planificación del presidente Rodrigo Chaves, que no puede ser reelecto, representa la continuidad. Según las encuestas, Fernández podría ganar en primera vuelta, aunque todavía hay numerosos indecisos. Si bien el populismo chavista genera rechazo en muchos ciudadanos, su piso electoral, superior al 30%, es muy sólido. Si hay balotaje será fundamental la capacidad de quien salga segundo de armar un amplio frente opositor. Más que por la izquierda o la derecha se votará a favor o en contra del chavismo.
En Bolivia, las subnacionales del 22 de marzo, pese a su diversidad regional, servirán para medir el respaldo al gobierno de Rodrigo Paz y la capacidad de subsistencia de una izquierda atomizada después de la última derrota que puso fin al gobierno masista. El MAS acude a la cita enfrentado a Evo Morales y tras expulsar al expresidente Arce. El 4 de octubre, las municipales en Paraguay serán un test para una oposición debilitada y necesitada de triunfos locales, y en menor medida para el oficialista Partido Colorado, la única fuerza política nacional estructurada.
En Perú (12 de abril y 7 de junio), habrá presidenciales y parlamentarias (diputados y senadores tras la reforma constitucional de 2024). De los 36 candidatos, el exalcalde de Lima Rafael López-Aliaga, de derecha radical, lidera las encuestas, con un 10%, mientras los indecisos y el voto nulo o blanco rondan el 50%. Lo determinante ante la dispersión del sufragio y la preocupación por la delincuencia y la corrupción será saber quiénes pasan a la segunda vuelta.
En Colombia, las parlamentarias (8 de marzo) no coinciden con las presidenciales (31 de mayo y 21 de junio), aunque serán claves para el futuro del país y la alianza con EEUU. Con 107 precandidatos, Iván Cepeda, del oficialista Pacto Histórico (izquierda), encabeza las encuestas, con un balotaje es casi seguro. En la derecha, el radical Abelardo de la Espriella supera a los demás candidatos, a la espera de que el uribismo seleccione a su representante. Tampoco lo ha hecho el centro, donde vuelve a destacar Sergio Fajardo.
El resultado de Brasil (4 y 25 de octubre) incidirá en toda la región. De momento, Lula acapara las preferencias populares, pendientes de la selección del candidato (o candidatos) de derecha. ¿Será un Bolsonaro (su hijo Flavio o su esposa Michelle), el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, u otro? Si la campaña se centra en la economía, Lula saldrá beneficiado, pero la seguridad lo puede perjudicar.
En Brasil, Perú y Colombia podría triunfar la izquierda o un candidato de derecha, o de extrema derecha, mientras en Costa Rica la ecuación se dirimirá en torno al populismo. La posición de Trump y su apoyo a algún candidato (una vez que ha decidido intervenir en la política interna de ciertos países) y el peso de la economía, la corrupción y la seguridad serán determinantes en unos comicios que anticiparán el futuro.
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