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» Clarin
Fecha: 07/05/2026 06:15
Los procesos electorales que se están desarrollando en Europa permiten hacer una evaluación de la pugna ideológica que está teniendo lugar en Occidente. En un discurso en Rumania en 2014 fue Víktor Orban quien declaró su intención de construir una democracia iliberal y con ello popularizó el término. Al usarlo se refería a un grado de personalización del poder totalmente ausente en las democracias tradicionales y que instituyó para sí mismo en los dieciséis años que estuvo al frente del poder en Hungría. Por todo lo expuesto, Orban ha sido el ejemplo más característico y acabado de este modelo, que es en realidad mucho más complejo y diverso de lo que parece a simple vista. Un punto de referencia es el Parlamento Europeo, donde están representadas todas las fuerzas políticas del continente. El partido mayoritario es el de centro, con 188 legisladores. Es la versión actual de la democracia cristiana que reúne al centroderecha moderado. Después está el socialismo, que ha perdido bancas en las últimas elecciones y que es la segunda fuerza, pero con sólo 136. Después siguen los Renovadores con 75. Es decir que, analizado desde esta perspectiva, en el actual Parlamento Europeo la primera fuerza es la derecha con 267 legisladores. Sin embargo, estamos en un escenario muy volátil y cambiante en términos electorales. Cabe señalar que una semana después de que Orban sufriera una clara derrota en las parlamentarias húngaras del 12 de abril, en Bulgaria (un país con seis millones y medio de habitantes) ganó Rumen Radev, un comunista nacionalista conocido por sus simpatías pro-rusas, lo que, en los hechos, lo aproxima a las fuerzas nacionalistas y anti europeas. Pero otras elecciones recientes muestran un cuadro más matizado. Entre el 15 y el 22 de marzo tuvieron lugar las elecciones municipales francesas, las cuales mostraron resultados favorables a la derecha, que en su conjunto obtuvo el 25,47% de los votos, frente a la centroizquierda que alcanzó el 15,39%, el centro 12,36% y la izquierda 12,25%. El 29 de marzo tuvieron lugar también las elecciones estatales de Renania-Palatinado en Alemania, donde la democracia cristiana obtuvo el 30,9% de los votos, seguida de los socialistas con el 25,9% y Afirmación por Alemania con el 19,4%. Tampoco parece haber demasiada claridad en otros países importantes del continente. La situación en Gran Bretaña es confusa, con un gobierno laborista que se ha debilitado y con un nacionalismo con raíces pro-Brexit que ha crecido sorpresivamente. El complejo mosaico de la política italiana representa un nuevo desafío para Giorgia Meloni, que debe articular esta compleja red de intereses divergentes entre fuerzas afines de derecha, centroderecha y ultraderecha. Por último, España irá a elecciones en el corto plazo, lo que será una referencia ineludible para América Latina. Aunque no va a elecciones este año, Rusia y su papel de gran nación euroasiática con inclinaciones claramente iliberales también juega un rol. Es que empieza a transformarse en una referencia ineludible para los procesos electorales de Europa Occidental, Central y Oriental. Rusia juega con la ambivalencia de un actor que tiene un pie en cada continente, y que continúa siendo importante por el rol que tuvo en épocas pasadas. Ahora aparece como una amenaza militar para Europa Occidental, pero todo esto podría cambiar en un mundo incierto e imprevisible. El amplio proceso electoral europeo coincide con el que está empezando a desarrollarse en nuestra región. El 31 de mayo tendrá lugar la elección presidencial en Colombia, que por ahora se plantea entre dos opciones: el empresario Abelardo de la Espriella en representación de la derecha, y el oficialista Iván Cepeda encabezando el progresismo. Pero la gran decisión se adoptará en octubre en Brasil, que es el electorado más importante de América Latina. El resultado de esta elección marcará una influencia que se proyectará a toda la región. En medio de este panorama, el 4 de noviembre tendrá lugar la elección de medio mandato en Estados Unidos. Se trata de un acto electoral que por lo general no tiene tanta relevancia en la política estadounidense como pueden tenerla las presidenciales. De hecho, la última vez que un presidente en ejercicio ganó una elección de medio mandato fue George Bush hijo y lo hizo bajo el influjo del atentado a las Torres Gemelas. Pero las circunstancias internacionales en las que se desarrolla esta elección estadounidense le confieren un impacto político importante. La elección de medio mandato ya empieza a ser medida no sólo en Estados Unidos sino mucho más allá, en la opinión pública de Europa y América Latina. Es que también puede ser interpretada como un choque entre democracia liberal e iliberal. En este sentido, un triunfo de Trump sería analizado como un retroceso de la primera, mientras que su derrota sería un fuerte respaldo a la misma. Por este motivo, en la elección de medio mandato estadounidense se juega no sólo una nueva reconfiguración de poder en el Capitolio, sino la pugna entre democracia liberal e iliberal que hoy tiene en vilo a Occidente.w Sobre la firma Newsletter Clarín
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