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» Clarin
Fecha: 07/05/2026 06:15
Los datos oficiales sobre el funcionamiento de la industria manufacturera argentina basados en la información del INDEC y reproducidos por el periodismo muestran una tendencia negativa. Clarín, a través del periodista Alcadio Oña, ha alertado recientemente sobre ocho rojos mensuales, desde junio de 2025, en fabricación de vehículos; en la producción de textiles y calzado; en maquinaria agropecuaria y en equipos informáticos y comunicaciones. La caída productiva lógicamente incluye cierres de industrias y eliminación de puestos de trabajo y una mayor importación de bienes sustitutos que generan más puestos de trabajo en el exterior. La declinación de la industria manufacturera nacional es un hecho muy negativo dada la gran participación de la misma en el PBI interno nacional y en la generación de empleo industrial genuino. Cabe recordar en estas circunstancias la histórica frase del presidente Carlos Pellegrini pronunciadas hace más de 130 años: Sin Industria no hay Nación. Quizás haya llegado la hora de la política argentina de salvar a la Nación. Sobre todo en momentos en que los partidos políticos todavía no han asumido el apotegma planteado por el fundador del Jockey Club. Los datos de nuestro comercio exterior muestran que Argentina es un exportador de productos primarios con escaso valor agregado; y un importador de productos industriales de alto valor agregado. La idea de salvarse por la exportación de productos primarios y con poco valor agregado es visible en el énfasis actual en la exportación de minería e hidrocarburos en vez de poner el énfasis en exportar fertilizantes; productos petroquímicos; productos de la minería con alto valor agregado y en el caso del campo exportar valor agregado en rubros como: chacinados; fiambres; derivados lácteos y vinos en el rango de la alta gama. Se trata de una política equivocada que debe ser modificada por la comunidad de negocios; por el Gobierno; por los gremios; por el empresariado y por los partidos políticos en el marco de grandes acuerdos programáticos que hoy no existen en la política argentina Es bien claro que Argentina carece de un Plan de Desarrollo que contemple el impulso a la Industria argentina en todos los frentes. El país carece de una política industrial que genere trabajo calificado; y que sea a su vez capaz de exportar productos de alta calidad y alto valor agregado. Un noticia de alto impacto se produjo recientemente: el cierre de SANCOR; quizás la cooperativa láctea más grande del mundo. Es sabido que la industria láctea agrega valor al recurso primario campo generando múltiples empleos a nuestro principal recurso natural: uno de los más fértiles campos del planeta al procesar productos primarios de nuestro campo. Lo primero que debe ser puesto de relieve es que el cierre de SANCOR no es un hecho aislado: es la continuación de una larga decadencia sectorial que se viene produciendo desde más de medio siglo y que incluye -antes del cierre de esta empresa- el cierre y/o extranjerización de casi toda la industria láctea argentina. La experiencia de los últimos 60 años muestra grandes fracasos y frustraciones en la cadena láctea que ni la buena política ni el empresariado han podido corregir: el tambero independiente primer eslabón de esa cadena de valor no logra estabilizar y sustentar economía familiar. Y la cadena de valor industrial muestra que antes de SANCOR se produjo el cierre de los grandes actores industriales y comerciales lácteos de Argentina La gran industria láctea argentina declinó ante la carencia de adecuadas políticas públicas de incentivos adecuados por parte de los gobiernos argentinos. Los ejemplos son claros: el cierre de La Martona, La Vascongada; Kasdorf, Gándara, la crisis de La Serenísima y otras, permite dimensionar un fracaso nacional de magnitud y larga duración sin propuesta alguna por parte de la dirigencia nacional en sentido amplio. Argentina carece de políticas públicas especificas adecuadas; que si bien son de vieja data se acentúan en la actualidad. Necesitamos una nueva industria argentina y esto solo será viable con un empresariado comprometido, y una política industrial basada en el objetivo del desarrollo competitivo de nuestra industria. Existen datos socioeconómicos negativos muy importantes que nos obligan a todos a replantear políticas. La pobreza en nuestro país es 28,8 % de nuestra población; el porcentaje es similar al de 2017; sin embargo el número engaña porque nuestra población ha crecido en ese tiempo; en consecuencia ha aumentado el número de pobres en ese lapso. Nuestra pobreza es mayor que la de Uruguay; Chile; Paraguay; Chile; Brasil y Perú. En este contexto el Gobierno y el Parlamento deberían priorizar un Plan Nacional de Desarrollo, con el objeto de reducir la pobreza y generar trabajo; y para eso es fundamental contar con una industria nacional pujante y competitiva. Sobre la firma Newsletter Clarín
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