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  • "Se abre una esperanza": la Comisión Interamericana revisará el sobreseimiento por abusos del cura Ilarraz

    » Clarin

    Fecha: 07/05/2026 06:15

    En mayo de 2018, el cura Justo José Ilarraz fue condenado a 25 años de prisión por el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, luego de comprobarse su responsabilidad de siete casos de abusos sexuales a menores de edad, cometidos entre 1985 y 1993, en un seminario de Paraná. Sin embargo, en julio de 2025 hubo un inesperado giro en la causa: la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobreseyó a Ilarraz argumentando que dichos ataques habían prescripto. Ante esta situación, a fines del año pasado, el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez presentó un escrito ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que acaba de tener sus frutos: aceptó examinar una petición presentada por víctimas del ex cura. "La verdad es que es una noticia muy importante, porque la Comisión Interamericana le dio asidero a la petición presentada, algo que no suele ocurrir en la mayoría de los casos. LA CIDH no abre cualquier caso, evidentemente observó en el texto presentado un alto grado de verosimilitud. Lo que se hizo fue denunciar al Estado, que a partir de ahora tiene tres meses de corrido para presentar un responder sobre los motivos que llevaron a sobreseer a Ilarraz". expresó Gil Domínguez. "Es una decisión sumamente importante la que emitió la Comisión Interamericana, después del peligroso y grave precedente que sentó la Corte Suprema de Justicia, que sobreseyó a un cura que abusó de siete chicos que tenían entre diez y catorce años, en el Seminario Menor de Paraná y fue condenado de manera unánime. Por eso esta posibilidad de que se revea el fallo es el resultado de una lucha denodada de las víctimas", afirma Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red de Sobrevivientes Eclesiásticos. "Que la Comisión Interamericana admita analizar las denuncias de víctimas de Ilarraz contra el Estado Argentino por declarar prescripta la causa de abusos sexuales es de una enorme trascendencia, no sólo porque lo que pueda suceder con el ex cura abusador, sino por los precedentes que podría dejar un fallo de esa índole. La Corte Suprema no tuvo en cuenta los derechos de las víctimas, ni que eran menores de edad y deja un mensaje peligroso, el de no denunciar estos delitos porque total prescribirán", afirmó. Parte del escrito presentado por Gil Domínguez señala que "la sentencia dictada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación omite ejercer el control de convencionalidad interno judicial, declaró prescripta la acción penal en una causa seguida por los delitos de corrupción de menores y abuso sexual cometidos por un adulto contra niños bajo su guarda y cuidado dentro de una institución educativa religiosa. En otro párrafo se agrega que "el acto estatal desconoció que la persona adulta fue condenada por la totalidad de las instancias judiciales de la Provincia de Entre Ríos y que la aplicación automática del instituto de la prescripción, sin perspectiva de niñez ni ponderación del contexto institucional y de sometimiento, vulnera directamente los derechos humanos de las víctimas. Y agrega que la decisión del Estado Argentino, que declaró prescripta la acción penal "no constituye un mero desenlace procesal neutro, sino que configura un acto estatal que consolida la impunidad y, por esa vía, vulnera directamente los derechos humanos de las víctimas. En el sistema interamericano, el tiempo no puede operar como un dispositivo de clausura cuando el propio Estado conoce que la condición de niñez, el vínculo de autoridad del agresor y el entorno institucional cerrado tornaron objetivamente imposible o extremadamente difícil una denuncia temprana. La prescripción, aplicada sin control de convencionalidad interno y sin enfoque de niñez, se transforma así en un mecanismo estatal de denegación de justicia. La voz de una víctima Hernán Rausch (50) vive en Paraná, pero nació en una aldea alemana a 60 kilómetros, llamada Santa María. Es preceptor en una escuela privada hace veinte años. "No quiero hacerme grandes expectativas, lo tomo con cautela y serenidad. Por supuesto que a diferencia de la noticia de hace casi un años, cuando se dictó su sobreseimiento, ésta es una novedad enorme y se abre una esperanza, pero no me quiero volver loco", dice este hombre que pudo sobreponerse a los difíciles momentos que atravesó. Rausch exterioriza serenidad, aún en los peores momentos: "A esta altura, después de muchos años, puedo decir que no siento odio, ni rencor. Fueron muchos años de un dolor insoportable que no hizo más que generarnos impotencia, pero ya está, hay que confiar, pero seguir viviendo. La vida no se puede limitar a esa etapa de mi vida, por más que exijo y deseo justicia". Hasta su sobreseimiento en julio de 2025, Ilarraz vivía en Paraná, en el departamento de su hermano y tenía colocada una tobillera electrónica. "Vivía a tres cuadras de mi casa, pero nunca me interesó perder ni un sólo minuto de mi vida en ese individuo que no debería llamarse persona. Jamás sentí la necesidad de querer hacer justicia por mano propia. Yo no sé dónde está ahora, pero para mí se fue de Paraná y me inquieta que un pedófilo esté libre", cuenta la víctima. En una época de su vida, Ilarraz fue muy importante: "Claro, él era nuestro guía, nuestro referente, imaginate la tristeza, la decepción que tuvimos con el tiempo, porque él era astuto, persuasivo, sigiloso y buscaba sus presas más vulnerables. Y nosotros éramos muy vulnerables". Más allá de lo que responda el Estado Argentino y lo que decida la CIDH, Rausch afirma sentir tranquilidad "porque ese señor fue condenado unánimemente y hasta resultó exonerado por el Vaticano. La Justicia creyó en nuestra palabra y eso no dejó de ser un espaldarazo. La condena social es implacable y para nosotros, que lo padecimos, esa sentencia fue un gran alivio". AA Sobre la firma Newsletter Clarín

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