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  • La Rioja se muestra en CABA: Muestra Culdesac, bordear un cuerpo - Medios Provincia

    » Tiempo Popular

    Fecha: 06/05/2026 20:34

    El espacio de arte de la Universidad de Congreso anuncia la inauguración de la exhibición CULDESAC bordear un cuerpo una propuesta que reúne las obras de Karim Ayame, Hugo Albrieu y Diego Díaz, tres artistas riojanos cuyas prácticas dialogan en torno al territorio, el vínculo y la experiencia compartida. La muestra propone un recorrido sensible donde cada obra funciona como resonancia de un mismo gesto: habitar, junto a otros, una memoria en construcción. Bordear un cuerpo Es un proyecto que reúne a Hugo Albrieu, Diego Díaz y Karim Ayame en una propuesta que se organiza como una suite musical: una serie de variaciones que emergen de un mismo motivo y se despliegan en distintos lenguajes. El punto de partida es Aicuña, un territorio concreto que no se reduce al paisaje, sino que se construye a partir de sus habitantes, su arquitectura y las huellas del tiempo. Un humor sutil atraviesa el conjunto y funciona como una forma de aproximación: permite bordear lo que pesa sin cristalizarlo, abriendo otras lecturas. Lo que importa no es solo cada pieza, sino el pasaje entre ellas. En ese recorrido, el territorio se activa como experiencia compartida y siempre en transformación. A través de pintura, fotografía y piezas audiovisuales, la muestra propone un recorrido donde las obras no describen el entorno, sino que lo reorganizan. Motivos que reaparecen, formas que se transforman y escenas apenas corridas de lo real construyen un clima donde lo cercano se vuelve poético, y por momentos, extraño. En esta nueva exposición tres artistas de la provincia de La Rioja; Hugo Albrieu, Diego Diaz y Karim Ayame re-viven en UGallery el proyecto CULDESAC, en su tercera puesta en escena. CULDESAC bordear un cuerpo- se propone como sonora enunciación de un lugar sin salida aparente pero, a la vez, se ofrece como una suite musical donde distintos movimientos nacen de un mismo motivo. Así, este grupo de artistas comparte el viaje y la experiencia de un pueblo como Aicuña, un territorio concreto, que guarda una historia y una sola calle. En ese estar y recorrer, cada artista desarrolla su propia variación poética y material. Es conmovedor poder asistir a un conjunto de obras que respiran juntas y a la vez, tan distintas y propias, producto de una experiencia compartida en un mismo tiempo- espacio. El conjunto se despliega en pinturas, fotografías y piezas audiovisuales que funcionan como momentos de una secuencia. Cada obra introduce un ritmo o un desvío. Caminar esa única calle también puede ser bordear un cuerpo: acercarse a un límite o reconocer un contorno. Podría ser una forma de aproximarse a las cosas de manera intuitiva: atender a lo parcial, allí donde lo propio y lo ajeno dejan de ser categorías estables. Pero ese territorio no se reduce al paisaje: está atravesado por quienes lo habitan, por su arquitectura y por los restos que señalan el paso del tiempo. Es un entramado de presencias y huellas, una superficie sensible donde se inscriben marcas y desplazamientos. La noción de movimiento atraviesa la propuesta, roza este cuerpo: aparece en los recorridos, en la repetición de ciertos elementos que, según la mirada, se modifican. No aparece como algo continuo, veo fragmentos que sugieren y entonces el territorio se percibe por tramos. Las obras no describen el entorno, lo reorganizan: el color, el encuadre y el montaje establecen relaciones que desplazan lo cotidiano. Un humor leve atraviesa el conjunto y funciona como modulador. No aligera lo que pesa, pero permite desplazarlo y bordearlo. No se trata de lo cómico, sino de una forma de abordar lo encontrado y lo evocado, atravesada por restos de memoria. También por la aparición de otras imágenes filiales al registro del cómic o de lo ingenuo que introducen un cruce híbrido. En ese desvío aparece una extrañeza que no llega a volverse siniestra: apenas una mueca, una leve sorpresa frente a aquello que no siempre se puede nombrar, la imagen deja de ser registro para volverse experiencia. Como en una suite, ciertos motivos reaparecen con variaciones (de una obra a otra, de un artista a otro) un color que migra, una forma que insiste. Se instala así un clima apenas corrido de lo real, donde algunas escenas parecen surgir de un sueño, pero siguen siendo cercanas. En este sistema de variaciones, cada práctica afirma su singularidad: Karim Ayame En un gesto cercano al dibujo, recorre el contorno de las formas, como si trazara nuevas rutas. Son quizás huellas o remembranzas de aquel viaje compartido. Toma fotos que serán el punto de partida. Después, recorta y altera la superficie de la imagen. Crea relieves y desplaza elementos, fundando así un nuevo paisaje. Un lugar-imagen que solo existe desde la invención. Su hacer provoca acciones: zonas por donde asomarse, donde mirar un fragmento del fragmento. Así, el recorte no es sólo un procedimiento, es una forma de producir relaciones. Las imágenes funcionan como ventanas que se interpelan entre sí. Algo se reorganiza a través de su mirada y el paisaje se vuelve más poético y a la vez, inestable. Se abre. Hugo Albrieu Las pinturas de Hugo nacen en el lugar de la memoria. En ellas, la poesía opera como eje sensible y el color como soporte de formas e ideas. Ambas conviven en un mismo plano expresivo. El recuerdo tiene una potencia amable, se vuelve materia y el color sostiene y actúa al enlazar las imágenes en un juego de vínculos internos. La historia del arte aparece, a veces en los elementos, a menudo en el uso del color. De ello se apropia y lo renueva. Hay una forma de ingenuidad que también responde a un deseo. Son obras que generan espacios de aparición: los personajes se desplazan hacia un registro propio, de tono lúdico y emocional. Entre imágenes de infancia y el territorio compartido, el mundo no se copia. Así, sus pinturas proponen un ecosistema que vincula objetos de la vida cotidiana con otras imágenes que se entrelazan y aportan sutilezas acuosas e inesperadas. Insiste la experiencia sensible. Diego Díaz Entiende el arte como un dispositivo crítico, un espacio donde lo político y lo poético se cruzan para activar preguntas. El perfil documental de su mirada como productor audiovisual, entre otras motivaciones, proporciona algunos elementos indiciales para el trabajo. Su práctica artística investiga las tensiones entre territorio, tecnología y consumo, utilizando la imagen como campo de conflicto. La búsqueda, a través de registros fotográficos, podría ser su portal: un espacio intangible entre su imaginario y el paisaje del NOA, del cual resalta su espesor político. La postproducción cumple un rol pragmático y, a la vez, expresivo. En esta instancia, la intervención de procesos tecnológicos opera sobre la fisonomía y el contenido de la obra. Un paisaje atravesado, que ya no coincide con el lugar y amplía su sombra con sentido crítico, a la vez abierto a la mirada del otro. La suite no se cierra. CULDESAC- bordear un cuerpo- propone la convivencia y el desplazamiento como formas de construcción de sentido. Lo que importa no es solo cada momento sino el pasaje entre ellos. En ese intervalo, entre una imagen y otra, entre lo que aparece y lo que se desvanece, el territorio vuelve a compocomponerse, siempre de manera incompleta, y vuelve a empezar

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