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Fecha: 06/05/2026 21:30
En el marco de la reciente "Semana del Alfajor", la marca santacruceña Chocomel volvió a ser tendencia por su impresionante crecimiento. En apenas dos años, este emprendimiento familiar de Gobernador Gregores logró romper la estacionalidad de la Ruta 40 y posicionarse en las góndolas de toda la provincia con una propuesta que combina tradición artesanal e innovación disruptiva. El origen: Un dulce secreto familiar La historia de Chocomel comenzó casi por casualidad. Según relató, en La Bisagra, Solange Pérez, eferente de la marca, el producto nació como un postre para el consumo íntimo de su hogar. Sin embargo, el "boca en boca" de amigos y familiares fue tan potente que decidieron dar el salto comercial. Hoy, la estructura sigue siendo un orgullo familiar: Leo, esposo de Solange, lidera la elaboración, mientras que su suegra se encarga de la confección de los dulces caseros. "Queremos que Gregores deje de ser solo un lugar de paso y se identifique por la calidad de sus productos regionales", afirmó Pérez. Identidad regional y audacia gastronómica Chocomel se destaca por utilizar materia prima local, elaborando sus propios dulces de damasco, calafate, grosella y ruibarbo, capturando el sabor auténtico de la Patagonia. Pero la marca no se queda solo en lo clásico; su catálogo actual presume de 37 sabores, incluyendo una línea exótica inspirados en tendencias globales, incorporaron el alfajor de pistacho (tipo "Dubai"), además de variedades de Baileys, Ron y Fernet, en tanto la línea nostalgia tiene sabores que remiten a la infancia como Palito de la Selva, chicle y bananita dolca. Incluso cuentan con una versión picante para los paladares más aventureros. Exportación y sueños de expansión El éxito de estos alfajores ya trascendió las fronteras provinciales. Tras una exitosa participación en la Feria Internacional del Turismo (FIT) en Buenos Aires, los productos llegaron de forma informal a manos del reconocido futbolista colombiano Radamel Falcao. Actualmente, Chocomel tiene una fuerte presencia en su localidad de origen con ocho puntos de venta, mientras que en Río Gallegos se pueden encontrar en lugares estratégicos como el Mercado del Atlántico y el Aeropuerto. "Nuestro sueño es abrir nuestra propia alfajorería y pastelería; seguimos peleando por eso", concluyó Solange, quien ya ha diversificado el negocio hacia el catering y la chocolatería artesanal, demostrando que el límite para el sabor santacruceño aún está lejos de alcanzarse.
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