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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 06/05/2026 11:49
Escuchar esta nota La enfermedad de Fabry es causada por la deficiencia de la actividad de una enzima (la alfa-galactosidasa A) y provoca la acumulación progresiva de una sustancia denominada Gb3 (globotriaosilceramida) en distintos tejidos del organismo, lo que desencadena un amplio espectro de manifestaciones clínicas que afectan principalmente al sistema nervioso, al corazón y a los riñones. Un informe reciente señaló que, según datos epidemiológicos internacionales, las estimaciones de prevalencia de la enfermedad de Fabry varían de 1 en 117.000 a 1 en 11.854 nacidos vivos, aunque se estima que su prevalencia real podría ser mayor debido al subdiagnóstico. En Argentina, extrapolaciones sugieren la existencia de entre mil y mil quinientos casos, pero solo una fracción de ellos fue identificada. Esta brecha entre casos estimados y diagnosticados refleja uno de los principales desafíos en el abordaje de esta enfermedad: la dificultad para reconocerla a tiempo. La enfermedad de Fabry es un claro ejemplo de cómo los síntomas inespecíficos pueden retrasar durante años un diagnóstico correcto. Los pacientes consultan reiteradamente por dolor, molestias digestivas o lesiones en la piel, pero muchas veces estos signos se interpretan de manera aislada, lo que hace que el paciente vaya peregrinando entre consultorios médicos intentando obtener respuestas, explicó la Dra. Cintia Marchesoni. Marchesioni, quien es médica especialista en Neurología y Neurofisiología, staff del Servicio de Neurología del Hospital Británico de Buenos Aires, añadió: Esto genera lo que llamamos una odisea diagnóstica, que puede extenderse durante más de una década. Múltiples estudios documentaron que, en promedio, los pacientes con Fabry tardan entre 10 y 20 años en obtener un diagnóstico definitivo. Esta demora tiene consecuencias clínicas significativas, ya que durante ese tiempo la enfermedad va progresando silenciosamente, acumulando daño irreversible en órganos vitales. Uno de los aspectos más complejos de la enfermedad de Fabry es su heterogeneidad clínica, mientras que los síntomas suelen comenzar en la infancia, con episodios de dolor neuropático caracterizado por sensación de ardor o quemazón en manos y pies. Este dolor puede ser desencadenado por el ejercicio, la fiebre, el estrés o los cambios de temperatura, y en muchos casos resulta invalidante y a esto se le suman manifestaciones gastrointestinales como dolor abdominal recurrente, náuseas, diarrea o constipación, así como la falta de sudoración (hipohidrosis), lesiones cutáneas llamadas angioqueratomas y alteraciones oculares detectables mediante estudios especializados. La intensidad del dolor neuropático en Fabry no siempre es comprendida. Hay pacientes que desde niños tienen que interrumpir sus actividades cotidianas por crisis de dolor muy severas, condicionando su calidad de vida, señaló la Dra. Marchesoni. A medida que la enfermedad progresa, suelen aparecer complicaciones más graves, como insuficiencia renal, miocardiopatía hipertrófica y accidentes cerebrovasculares. De hecho, los pacientes con Fabry tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir un ACV a edades tempranas en comparación con la población general, especialmente en ausencia de tratamiento. La enfermedad se transmite de manera hereditaria ligada al cromosoma X, lo que implica que los hombres presentan formas más severas, mientras que las mujeres pueden tener manifestaciones variables. Actualmente, se reconoce que las mujeres no son meras portadoras, sino que también pueden desarrollar síntomas clínicamente relevantes y este patrón de herencia hace que cada diagnóstico tenga un impacto familiar significativo. Detectar un caso de Fabry no significa identificar a un solo paciente, sino abrir la puerta a un diagnóstico en cadena dentro de su familia. En muchos casos, a partir de un paciente-índice se identifican múltiples familiares afectados que desconocían su condición, afirmó la Dra. Marchesoni. Este concepto de pesquisa familiar es fundamental en muchas enfermedades de origen genético. De hecho, se estima que por cada persona diagnosticada pueden identificarse hasta 10 familiares adicionales con la enfermedad. Este enfoque permite ampliar el diagnóstico y también intervenir tempranamente en individuos que aún no presentan daño orgánico avanzado. En términos terapéuticos, en las últimas dos décadas se produjeron avances significativos. La terapia de reemplazo enzimático (TRE), que consiste en la administración intravenosa periódica de la enzima faltante, ha demostrado ser eficaz para reducir la acumulación de Gb3 y mejorar la función de órganos afectados. Estudios longitudinales han evidenciado beneficios en la función renal, cardíaca y en la reducción del dolor neuropático. El tratamiento cambió radicalmente la historia natural de la enfermedad de Fabry. Hoy podemos hablar de una mejora en la calidad de vida y, de alcanzar un enlentecimiento significativo en la progresión del daño orgánico, indicó la Dra. Marchesoni, quien agregó: Pero para esto es fundamental un diagnóstico precoz con un inicio temprano del tratamiento, por lo cual, existe una ventana terapéutica que no debemos perder. A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes en el acceso al diagnóstico y al tratamiento, entre los que se destacan la baja sospecha clínica, el error diagnóstico y las barreras en la cobertura de determinadas prácticas. No obstante, en Argentina existen iniciativas que facilitan el diagnóstico, como el test enzimático y genético de acceso gratuito a partir de muestras de sangre seca, que puede ser enviado a laboratorios especializados para su análisis. El impacto de la enfermedad de Fabry va más allá del plano físico. Al tratarse de una condición crónica y hereditaria, también tiene implicancias emocionales, económicas, sociales y familiares. Los pacientes suelen enfrentar incertidumbre sobre su evolución, temor al rechazo y dificultades en la planificación de proyectos de vida. La depresión es más frecuente en esta población, lo que requiere un abordaje integral que incluya apoyo psicológico. Frente a este escenario, el desafío es claro: acortar los tiempos entre los primeros síntomas y el diagnóstico para transformar historias marcadas por la incertidumbre en trayectorias acompañadas, donde la información, la sospecha clínica y el trabajo en red puedan cambiar el curso de la enfermedad. 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