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» La Nacion
Fecha: 06/05/2026 11:39
Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Por qué se lesionan los jugadores en la previa del Mundial: entre el desgaste, el estrés y el límite del cuerpo El calendario cada vez más exigente, la presión por llegar y el componente emocional explican un fenómeno que se repite en la antesala de cada Copa del Mundo; especialistas en medicina, preparación física y neurociencia analizan esta tendencia - 15 minutos de lectura' El negocio del fútbol corre a un ritmo que el cuerpo y la mente de los jugadores rara vez logran sostener. La gran cantidad de lesiones en las semanas previas a la Copa del Mundo, el mayor escenario de esa industria, deja en evidencia que no alcanza con ser un profesional al máximo nivel cuando la exigencia y la expectativa son tan altas. Porque al fútbol se juega con los pies, pero muchas veces se define en la cabeza, donde se acumulan la presión, el miedo a quedar afuera y la necesidad de rendir siempre. Desde que comenzó la cuenta regresiva para el Mundial, ya son diez las bajas confirmadas y 13 los futbolistas que llegan entre algodones. Entre ellos aparecen figuras de enorme peso para sus selecciones, como los brasileños Éder Militão y Rodrygo, y el inglés Jack Grealish, que deberán ver la Copa del Mundo desde afuera, y otros como Lamine Yamal (España), Kylian Mbappé (Francia), Giorgian de Arrascaeta (Uruguay) y Cristian Cuti Romero (Argentina), que se perfilan para disputar el torneo con lo justo y, posiblemente, no en su mejor versión. Son varios los factores que, según especialistas, confluyen en este escenario: desde lo emocional hasta el desgaste físico por la acumulación de partidos en el cierre de la temporada europea, con calendarios cada vez más cargados y menos días de preparación; y también la mala fortuna, como fue el caso del defensor cordobés, que sufrió un esguince de rodilla tras chocar con su propio arquero. Existe, además, una sensación de alarma constante impulsada por los medios de comunicación: ningún estudio asegura que los jugadores sean más propensos a presentar problemas físicos en este tramo que durante el resto de su carrera. Sin embargo, inciden dos cuestiones. Por un lado, el interés periodístico crece en la antesala de la Copa del Mundo; por otro, el pico de lesiones suele coincidir con las semanas finales de la temporada, cuando el cansancio empieza a hacerse sentir. A eso se suma que este certamen, a diferencia del de Qatar 2022, se jugará pegado al cierre de la actividad en Europa, donde actúa gran parte de los futbolistas de las principales potencias. Una agenda sin pausa La industria del fútbol ha cambiado mucho, plantea Fernando Signorini, preparador físico de Maradona entre 1983 y 1994 e integrante del cuerpo técnico de la selección argentina entre 2008 y 2010, durante el ciclo del propio Diego como entrenador, en relación con el impacto que esa carga tiene en el cuerpo de los futbolistas. Se pasó de los cuatro meses de preparación que tuvo (César) Menotti en el 78 a los 44 días que tuvimos en México 86, luego a los nueve días con Diego en Sudáfrica y a los ocho que tuvo (Lionel) Scaloni antes de Qatar. Es un descalabro. De una vez por todas, los jugadores deberían ponerse los pantalones largos, no para jugar, sino para hacerse cargo de los destinos del fútbol, afirma. En los últimos tiempos, lejos de reducir la cantidad de partidos, en Europa se amplió el calendario tanto de la Champions League como de la Europa League, las dos principales competiciones del continente. La Champions modificó su formato para la 2024/25 y sumó cuatro nuevos equipos: a partir de ese momento, los clubes finalistas debieron disputar entre dos y cuatro encuentros más que antes -entre 15 y 17, contra 13-, mientras que la participación mínima pasó de seis a ocho presentaciones; algo muy similar ocurrió con la Europa League. A eso se agregó el Mundial de Clubes, con 32 equipos y 63 partidos, que también recargó la agenda: Chelsea y Paris Saint-Germain, finalistas, sumaron siete encuentros a una agenda ya de por sí sobrecargada. Todo esto redujo los días de descanso y de preparación, una combinación que incrementa el deterioro físico y puede favorecer la aparición de lesiones. En esa línea, Julián Álvarez llegará al Mundial con alrededor de 70 partidos disputados en la temporada, cuando en la previa de Francia 98 un futbolista internacional de un club importante de Europa promediaba entre 48 y 50 encuentros entre su equipo y su país. La Araña viene de sufrir un esguince de tobillo de grado I en la semifinal de ida de la Champions League ante Arsenal. Y pese a que fue titular en la revancha, en Londres, salió reemplazado en la segunda parte y se retiró con gestos de dolor. En un fútbol cada vez más físico, la potencia es un requisito indispensable para competir en el alto nivel. Aun así, a lo largo de la historia -incluso en un contexto más lento y menos exigente en lo físico, aunque a la vez con una preparación más limitada-, grandes figuras se perdieron Mundiales por lesiones, como Alfredo Di Stéfano, Bernd Schuster, Jorge Valdano, Romário, Pep Guardiola, David Beckham y Karim Benzema. En ese sentido, Signorini recuerda la vez que Diego Maradona fundó, en 1995, junto al francés Éric Cantoná y otras 12 figuras del fútbol mundial la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales, un sindicato paralelo a la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPro) que apuntaba a pelear por mejores derechos colectivos. La lucha de Maradona había comenzado en el Mundial de México 86, cuando apuntó contra la FIFA, João Havelange, por los horarios de los partidos y las altas temperaturas del mediodía. Enzo Francescoli y Bebeto también se sumaron a la iniciativa. Sin embargo, el organismo jamás la reconoció y el proyecto, con Maradona ya en el final de su carrera, fue perdiendo peso. Es una gran deuda pendiente, de la que deberían hacerse cargo los jugadores más emblemáticos, porque a los otros ni siquiera los escuchan. Pero si un día Lionel Messi o Cristiano Ronaldo dicen se acabó, vamos a parar, se verá hasta dónde llega el poder de quienes toman las decisiones, señala Signorini. Los jugadores deberían tener al menos 30 días entre el final de la temporada y el comienzo del Mundial -añade-, un margen necesario para que los cuerpos técnicos puedan trabajar una idea de juego, pero también para que los futbolistas lleguen en mejores condiciones físicas e incluso puedan recuperarse de alguna lesión. Si no, los perjudicados son siempre los mismos: por un lado, el jugador; por otro, el espectáculo, completa. En 2024, Rodri, figura de España y Manchester City, advirtió: Creo que estamos cerca de una huelga; si esto sigue así, no quedará otra opción. No encontró respaldo suficiente y, cinco días más tarde, sufrió la rotura de ligamentos en la rodilla derecha. Para Donato Villani, director médico de la AFA y exintegrante de los cuerpos médicos de Marcelo Bielsa, José Pekerman y Diego Maradona, la suerte también cumple un papel clave: Hay que rezar cada fin de semana para que no pase nada. Los futbolistas están jugando finales, tanto en torneos locales como en copas. Es imposible pretender que se preserven, porque también los necesitan sus clubes y porque siempre quieren competir. Desde nuestro lado, hasta que llegan a Ezeiza, no queda más que esperar que no haya inconvenientes. En el caso de Argentina, son varios los jugadores que cargaron con problemas físicos en el último tiempo, incluso tratándose de futbolistas de élite, figuras mundiales que cuentan con equipos de especialistas de distintas áreas que los siguen a diario. Ese respaldo reduce el margen de riesgo, pero no lo elimina: siguen expuestos a este tipo de situaciones, sobre todo cuando la presión por llegar y rendir es máxima, tanto para sus carreras como para sus clubes, las selecciones y la opinión pública. Juan Foyth, quien luchaba por un lugar en la lista, padeció una rotura del tendón de Aquiles izquierdo el 24 de enero, durante el partido entre Villarreal y Real Madrid, y recién volvería a jugar entre agosto y octubre. Joaquín Panichelli, citado para la última fecha FIFA ante Mauritania y Zambia, se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha en un entrenamiento de la selección argentina. Entre los casos menos graves, Lautaro Martínez estuvo 46 días inactivo por una lesión en el sóleo de la pierna izquierda, regresó con un doblete ante Roma y luego volvió a resentirse. Giovani Lo Celso, que se perdió el Mundial de Qatar 2022 por una lesión muscular, estuvo 77 días afuera por un problema en el recto anterior del muslo derecho y recién pudo reaparecer a mediados de abril; mientras que Nicolás González permaneció 21 días sin jugar por una distensión, reapareció el 7 de marzo y el martes sufrió una nueva lesión, a 43 días del inicio del Mundial. Carrera de mente Estanislao Bachrach es doctor en biología molecular, MBA (Master of Business Administration) y máster en coaching deportivo de la Unisport School of Management de Barcelona. Trabajó junto a Matías Almeyda en River, durante el tramo final del equipo en la B Nacional, con Diego Simeone en Atlético de Madrid y con Pep Guardiola. Desde su formación y su experiencia, considera que el factor emocional es clave para entender las lesiones en el fútbol. Cuando un jugador -o cualquier ser humano- está preocupado, eso impacta en el físico, porque cuerpo y mente son lo mismo. Eso se traduce en pensamientos como: ¿Me van a convocar o no? ¿Voy a ser titular o suplente? Si pateo un penal, ¿qué hago?. Bajo esas condiciones, una mente preocupada tiende a generar un cuerpo tenso. Y cuando uno sale a competir así, estadísticamente aumenta el riesgo de lesiones, asegura. El trabajo de Bachrach consiste en reducir las interferencias que impiden que los futbolistas compitan al máximo nivel, y considera que los entrenadores mentales deberían formar parte estable de los cuerpos técnicos en la alta competencia, al igual que un médico, un nutricionista o un ayudante de campo. Yo lo llamo el cuarto elemento: táctico, técnico, físico y mental. Sin esa herramienta, agrega, es difícil que un jugador alcance el 100% de sus posibilidades, lo que puede derivar en malas decisiones o, en algunos casos, en lesiones. El jugador no se cuestiona si tiene que ir al gimnasio, hacer un abdominal de más, cuidarse en la comida o quedarse practicando penales. Pero trabajar la mente sí se lo replantea, sostiene. Y lo atribuye a dos motivos: por un lado, es algo relativamente nuevo y todavía bastante desconocido; por otro, muchos entrenadores -e incluso asociaciones- todavía lo consideran una cuestión menor. Sería ideal que un entrenador reúna a los jugadores y les diga: esta persona va a trabajar con nosotros y lo que diga tiene el mismo valor que lo diga yo, pero eso, lamentablemente, no pasa. Ya en 1988, los psicólogos estadounidenses Mark B. Andersen y Jean M. Williams establecieron, en el trabajo conocido como modelo de estrés y lesión deportiva, que el estrés no causa la lesión de forma directa, pero sí modifica la respuesta del cuerpo y la conducta del atleta, lo que incrementa la exposición. Según estos autores, esto se explica por tres elementos. El primero se vincula con los cambios atencionales: el jugador estresado presenta menor concentración, reduce su campo visual y reacciona más tarde ante los estímulos del juego. Por otro lado, aparece el aumento de la tensión muscular: el estrés genera mayor rigidez y los músculos pierden capacidad para absorber impactos. Por último, se registran alteraciones en la coordinación: movimientos menos precisos y un peor timing en los gestos técnicos. En 2017, el sueco Andreas Ivarsson, doctor por la Universidad de Halmstad y responsable de los servicios de rendimiento, investigación y psicología de Arsenal, realizó un estudio en el que concluyó que aproximadamente el 7% de la varianza en la aparición de lesiones podría explicarse por aspectos psicosociales. Sin embargo -aclaró-, esto no implica que el 7% de las lesiones se deban a esos condicionantes, sino que forman parte de un conjunto más amplio de variables que inciden en la probabilidad de lesión. Hoy, muchos de los clubes de Europa y la Argentina cuentan con psicólogos, coaches deportivos u otros especialistas vinculados a la neurociencia aplicada al alto rendimiento, como el caso de Sandra Rossi, que trabajó durante años en River junto a Marcelo Gallardo y acompañó a figuras de la selección argentina como Julián Álvarez y Enzo Fernández. Sin embargo, en la mayoría de los casos ese entrenamiento mental sigue siendo optativo, y muchos futbolistas recurren a él en situaciones límite, más que como una herramienta preventiva. Para Bachrach, la tensión no solo aparece en la previa de los grandes eventos, sino también después. En River, una vez conseguido el ascenso, varios jugadores experimentaron roturas de ligamentos. La caída del estrés también puede generar este tipo de situaciones, concluye. El mensaje del cuerpo En la última convocatoria de Scaloni, cuatro futbolistas fueron citados con la chance de meterse a último momento en la lista del Mundial: Gianluca Prestiani, Thiago Palacios, Gabriel Rojas y Joaquín Panichelli. Los últimos dos se lesionaron durante los entrenamientos. Rojas sintió una molestia en un amistoso frente a la Sub 20 en Ezeiza, no avisó al cuerpo médico para intentar sumar minutos ante Zambia y regresó a Racing con un desgarro en el bíceps femoral derecho que recién le permitió volver el 29 de abril, frente a Caracas, tras 30 días de recuperación. Panichelli, en tanto, sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha en la primera práctica de fútbol con el plantel, una lesión que lo dejó fuera de la carrera mundialista. El estrés prolongado antes de una competencia como el Mundial genera cambios que pueden afectar directamente la integridad física del jugador, asevera Mara Villoslada, psicóloga clínica especializada en alto rendimiento deportivo y desarrollo de liderazgo, además de coach ontológica con orientación al ámbito deportivo y empresarial. Villoslada cuenta con más de 25 años de experiencia en el fútbol profesional, donde acompañó procesos de rendimiento en deportistas de élite, incluidos jugadores de la selección argentina, varios con participación en Mundiales. Además, integró cuerpos técnicos de Primera División y lleva casi tres décadas como parte del staff de Boca Juniors, en distintas categorías. Desde la psicología, asegura que todos los seres humanos tenemos coherencias en las que habitamos para poder funcionar correctamente. Entre esas coherencias hay tres ámbitos elementales: el físico, el mental y el emocional, y podría sumarse el espiritual, que se conecta y trabaja en conjunto con los otros tres niveles. Si alguno de esos planos se desconecta, aparecen los problemas, que en el deporte de alto rendimiento suelen manifestarse, por ejemplo, en forma de lesiones. Villoslada trabajó con futbolistas en la previa de grandes eventos, como la definición de una lista para un Mundial, en situaciones en las que aún no tienen un lugar asegurado, ya sea por rendimiento o por cuestiones físicas. A veces, con tal de no perder ese lugar, los jugadores callan, pero inconscientemente empiezan, incluso sin darse cuenta, a poner la molestia en un primer plano. Tengo muchos testimonios de futbolistas que llegan al consultorio y dicen: soy un tobillo y después estoy yo. A partir de ahí, conviven con la molestia y se convencen de que no es nada, de que el dolor va a desaparecer. Buscan seguir, sostenerse, porque el objetivo es llegar al Mundial. Ahí aparece el problema: mentalmente intentan tapar algo, el cuerpo muestra otra cosa y empieza la incoherencia. ¿Qué pasa cuando silencian lo que les ocurre? Aparece el estrés. Si bien el 100% de los futbolistas de selección cuenta con apoyo psicológico en sus clubes o incluso a nivel particular, estas situaciones se repiten en momentos decisivos, donde no todos llegan con las mismas herramientas. Cuando comencé en Atlético de Madrid -cuenta Estanislao Bachrach-, vino un solo jugador a trabajar conmigo. Al final, por el boca a boca, terminaron viniendo 18. El futbolista muchas veces piensa que un psicólogo, coach o biólogo no puede ayudarlo, aunque el entrenamiento mental sea fundamental para su carrera, y esa falta de preparación también puede repercutir, de manera indirecta, en lo físico. En ese contexto, Villoslada señala que es habitual que los futbolistas recurran a este tipo de ayuda cuando ya están inmersos en el problema y no antes, con la posibilidad de realizar un trabajo preventivo que, por ejemplo, reduzca el riesgo de lesiones. A un saltador no se le enseña a abrir el paracaídas cuando está cayendo a 200 kilómetros por hora, porque lo más probable es que el cuerpo se paralice; el entrenamiento debe hacerse en tierra firme: preparar la estructura para tolerar el estrés, la frustración y poder gestionar las emociones, todos factores psicológicos que entran en juego ante un evento tan importante y un deseo tan fuerte como estar en un Mundial. Una vez que la lesión se produjo, lo primero es tomar conciencia de que se puede trabajar internamente para acompañar el proceso de recuperación. El tratamiento físico es solo una parte de la solución. Si se trabaja lo mental, es más factible llegar en condiciones. A menos de 40 días para el Mundial, el cuerpo habla más que nunca: en el dolor, pero también en la tensión de perseguir un objetivo que pone a prueba sus propios límites.
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