05/05/2026 20:53
05/05/2026 20:53
05/05/2026 20:52
05/05/2026 20:52
05/05/2026 20:52
05/05/2026 20:52
05/05/2026 20:52
05/05/2026 20:51
05/05/2026 20:51
05/05/2026 20:49
» La Nacion
Fecha: 05/05/2026 19:12
Crisis en hospitales universitarios: en el Roffo, especializado en cáncer, hace un año no funciona el equipo de radioterapia La directora participó esta mañana de la conferencia en reclamo de fondos nacionales; además, busca donaciones para mejorar instalaciones y actualizar equipamiento - 9 minutos de lectura' El Instituto de Oncología Ángel Roffo, centro escuela de referencia en la especialidad, salió a buscar fondos para cubrir necesidades básicas como actualizar los equipos, afrontar refacciones edilicias urgentes que se fueron acumulando en décadas o mejorar las instalaciones para la internación de los pacientes y el trabajo diario del personal en el predio del barrio porteño de Agronomía. Tras una primera gala a beneficio la semana pasada, lo recaudado sirve para empezar a renovar camas de internación que datan de la década de 1950, según cuentan en el instituto. Pero las necesidades se acumulan tanto como la deuda de al menos $2100 millones que mantienen obras sociales y distritos por la atención de los pacientes que derivan. La crisis llega al punto de que cada vez es más difícil atender a pacientes sin cobertura y aún sigue sin funcionar el equipo de radioterapia que tuvo una última falla hace un año. Se necesitarían más de cuatro galas para poder acercarse a recaudar su costo, dicen en la fundación. No importa el valor o con qué nos puedan ayudar, sino la cantidad de personas, instituciones, empresas o clubes que quieran colaborar. El instituto fue, es y será siempre importante para la salud pública porque es el único hospital universitario dedicado solo al tratamiento de pacientes con cáncer, con experiencia profesional reconocida y, también, con muchas necesidades, afirmó Roxana Del Águila, directora general del Roffo, que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Una recorrida confirma, una vez más, sus enormes contrastes: a pesar de una lista interminable de pendientes más o menos urgentes en sus 13 pabellones, el personal en los distintos servicios se sigue emocionando al destacar los avances logrados en la atención de sus pacientes a pesar de todo. Valoran desde poder ofrecer braquiterapia (irradiación tumoral interna) con un sistema de planificación 3D, la ampliación de la guardia y haber incorporado el año pasado una torre de endoscopía para mejorar el diagnóstico y tratamiento de diversos cánceres, hasta la donación espontánea de pañales, sillas de la sala de espera y el retapizado de los sillones para los pacientes que reciben tratamientos ambulatorios en el hospital de día. La primera parada obligada, desde la entrada por avenida San Martín, es el búnker donde se aplica radioterapia. Ahí se palpa la primera urgencia: el equipo está apagado desde hace un año y reemplazarlo costaría unos US$2 millones. A esta altura, estiman autoridades y profesionales, eso sería más conveniente que seguir tratando de reparar un acelerador lineal que quedó obsoleto al punto de que les cuesta conseguir repuestos o demanda unos US$400.000 el arreglo. En la sala que tantos pacientes tratados ahí reconocerían, todo está cubierto por telas desde mayo pasado. Es un equipo que trabaja todo el día, refieren los profesionales. La vida útil media es de tres años. Ellos lo utilizaron diez, con reparaciones y fallas cada vez más frecuentes. Nuestro gran anhelo es poder comprar un nuevo acelerador lineal. Sabemos que por ahora no podemos. Pero seguimos pensando que lo lograremos, dice Alejandra Domínguez, presidenta de la Fundación Roffo. Queremos cambiar 60 de las 64 camas con sus colchones correspondientes. En estos momentos, también se necesitan dos tomógrafos, continúa en diálogo con este medio. Adquirir el segundo figura, de hecho, entre las necesidades que las autoridades del instituto fueron describiendo a LA NACION. Con eso, se cubriría la demanda continua de pacientes que llegan al instituto. Otras necesidades La actualización anual del software del nuevo equipo de braquiterapia, por ejemplo, es de unos $8 millones; a cambio, el proveedor alemán envía los códigos de operación. Lo mismo requiere el dispositivo en el área de Dermatología para revisar los lunares y detectar lesiones sospechosas para cáncer de piel; está pendiente desde hace cinco años. Para terminar la ampliación de la guardia, en tanto, restan cuatro monitores multiparamétricos. La semana pasada, arrancaron las obras que donó una empresa para la refacción en dos pisos de uno de los pabellones que permita unificar las internaciones de cirugía y clínica médica. El valor del Roffo es el trabajo multidisciplinario. Todas las especialidades trabajan juntas. Es una institución de consulta y derivación para pacientes de todo el país y el exterior, sobre todo los países limítrofes. Recibimos 362 consultas por mes de una segunda opinión, refirió Adalberto Rodríguez, director del Área Técnica de la institución. Las cifras del hospital son, para los directivos, lo que mejor lo describe. Se atienden 110.000 pacientes por año, con 182 internaciones clínicas y 230 quirúrgicas por mes. Tenemos que aumentar la cantidad de camas, tanto para cirugía como para terapia intensiva, suma Rodríguez sobre uno de los objetivos de la reestructuración que planifican con Del Águila. Otro es mejorar las instalaciones de internación para los pacientes y de trabajo para el personal, desde consultorios hasta salas de descanso. En el hospital de día, entre 60 y 70 pacientes reciben a diario quimioterapia convencional, inmunoterapia o terapias dirigidas. Algunos de estos objetivos los podremos lograr. Estamos muy contentos, agrega Domínguez. Como fundación vamos tratando de cubrir las necesidades del instituto en la medida que se van presentando. Cuando los valores nos lo permiten, acota. El Roffo depende de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA. La Secretaría de Educación de la Nación debe transferir a la cuenta del Rectorado fondos destinados a los hospitales universitarios, que esta mañana reclamaron por pagos atrasados. Lo que el Roffo recibe va a sueldos y servicios básicos, como luz o gas. Gonzalo Battaglia, secretario de Salud de la UBA, resume en dos las necesidades concretas del instituto: la renovación tecnológica y las readecuaciones edilicias esenciales para funcionar. El deterioro de sectores es resultado de un proceso de postergación de obras públicas, actualización edilicia e inversión en infraestructura universitaria indispensables para acompañar el crecimiento de la demanda asistencial y la complejidad tecnológica que exige hoy la medicina oncológica, refiere. Suma la situación particularmente crítica de tener al acelerador lineal parado. La radioterapia es uno de los pilares fundamentales en el abordaje integral del cáncer y la disponibilidad de aceleradores lineales no solo determina la capacidad de respuesta, sino también la oportunidad terapéutica, la continuidad de los tratamientos y mejores perspectivas clínicas para los pacientes, resume. Esa falta de disponibilidad, en el Roffo, lleva un año. Deudas pendientes El financiamiento de los servicios que brinda, obras y mantenimiento o actualización de equipamiento del Roffo, como sucede en el sistema de salud en general, depende del recupero de las prestaciones a las obras sociales, las prepagas, las provincias o los municipios, aunque no todos pagan. Mientras que el hospital requiere entre $1000 y $1500 millones por mes para sostener las prestaciones, las tres obras sociales con más deuda acumulada suman unos $2100 millones por la atención a afiliados con cáncer. Al Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), la obra social bonaerense, le están reclamando $1400 millones, seguido de dos gremios con unos $700 millones, de acuerdo con el área de Administración. La lista continúa. En el IOMA, reconocen las deudas con sus prestadores. La cadena de pagos está rota no solo entre el Estado y lo privado, sino también entre privados, y eso impacta a las obras sociales en general. No somos una excepción, argumentan. En el Roffo, un 52% de los pacientes son del PAMI, que está al día con los pagos de su plan oncológico. Un 20% no tiene cobertura su atención la debería asumir el distrito de residencia y un 18% es de IOMA. Hay intendencias del conurbano que derivan pacientes, pero no aceptan firmar convenios para asumir esos costos. Nos financiamos con lo que nos pagan por la atención que brindamos a los pacientes, ratifica Del Águila. Si esos costos no se recuperan, se retrasan los pagos o las auditorías de los financiadores rechazan la cobertura de un servicio que tuvimos que brindar porque el paciente lo necesitaba, los tiene que asumir el hospital, agrega. No hay largas listas de espera, refiere. Las demoras que se dan tienen que ver con la burocracia relacionada con la autorización de medicación oncológica, prótesis u otros insumos que tienen el 100% de cobertura para los pacientes oncológicos en la Argentina. En la práctica, los pacientes quedan en el medio. Un día de internación está estimado en unos 200/300 dólares; una estadía por una cirugía de baja complejidad dura cuatro o cinco días o, si se trata de una caída de defensas y fiebre que requiere antibióticos y seguimiento, puede extenderse a entre 10 y 20 días. En el caso de ser por una cirugía, hay que agregar el costo de los insumos y la intervención, de acuerdo con la complejidad y si es necesario o no alquilar equipos para determinados procedimientos, como pueden ser tumores gástricos, urológicos, de cabeza y cuello o partes blandas. Los gastos posquirúrgicos se duplican o triplican en las cuentas del Roffo, si se requiere la internación en terapia intensiva, mientras que un tratamiento de 15 días con un antibiótico de alto costo para un paciente oncológico puede costar unos US$30.000. Necesitamos renovar la tecnología y mejorar lo edilicio porque no solo los pacientes y los profesionales necesitan tener equipamiento actualizado, sino también lo que llamamos hotelería es importante para el confort de los pacientes en un instituto que se dedica solo a tratar el cáncer, señalan los directivos. Para el secretario de Salud de la UBA, estos problemas exceden la capacidad de gestión propia de la universidad y tienen que ver con un presupuesto insuficiente y la demora en la llegada de fondos para los hospitales que denunciaron este martes en conferencia de prensa. La salud pública universitaria no puede sostenerse únicamente con esfuerzo humano y vocación. Cada demora en infraestructura o equipamiento impacta en la atención y en la capacidad de respuesta de una institución de referencia nacional como el Roffo, plantea Battaglia.
Ver noticia original