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» TN
Fecha: 05/05/2026 20:52
¿Qué es un capricho? Querer algo porque sí, sin pensar. Es una decisión arbitraria, sin ninguna razón sólida. Una decisión que nace del impulso, pero no de la razón. ¿Cuál es el problema del capricho? Que sostenerlo durante mucho tiempo termina haciéndote daño. El capricho, por definición, es corto. Es como el berrinche. ¿Cuánto puede durar un berrinche? Algunos minutos, algunas horas. No podés estar varios días encaprichado. ¿Por qué? Porque el capricho te aísla. La gente más racional se va corriendo y te vas quedando solamente con los aduladores que te dan la razón. Y eso, inevitablemente, termina haciéndote daño. La pregunta es: ¿cuánto está lastimando al gobierno del presidente Javier Milei el capricho de sostener al jefe de Gabinete? Vamos a los datos. Según la consultora Zuban, Córdoba y Asociados, la imagen de Adorni está en un piso histórico: 72,1% negativa y 16,5% positiva. Es decir, hasta los votantes del núcleo duro de Milei ya no confían. Pero el problema no es Adorni en sí mismo, sino el impacto en el gobierno. Veamos la aprobación del presidente Milei según Atlas Intel. La desaprobación subió del 53% al 63% entre enero y mayo diez puntos, mientras que la aprobación bajó del 43% al 35,5% en el mismo período siete puntos y medio. ¿Hay correlación con el caso Adorni? Sí la hay. El informe de Mora Jozami muestra algo muy interesante: Milei apenas logra diferenciarse de Adorni. La imagen positiva de ambos alcanza el 31% el núcleo duro absoluto. La imagen negativa de ambos llega al 54%. La imagen positiva de Milei pero negativa de Adorni es del 13%, y la imagen positiva de Adorni pero negativa de Milei, apenas el 2%. Ahí está la muestra de que el capricho de sostener lo insostenible le pega de lleno en la línea de flotación. ¿Qué señales dio hasta ahora el presidente? Apoyo incondicional. ¡Vamos, Manuel!, declaró Milei públicamente. Es un caso de estudio mundial. Nunca se vio un presidente dejando todo por un jefe de gabinete que luce liquidado políticamente. El manual de la política clásica dice que un funcionario debe funcionar como fusible del presidente, nunca al revés. La respuesta de Milei es conocida: él no viene a respetar el manual de la política clásica. ¿Cuál es el problema de encapricharse? Que el gobierno se enreda monotemáticamente en Adorni y no saca a sus ministros y voceros a comunicar las cosas buenas que tiene para mostrar: el boom de Vaca Muerta, la cosecha récord, las filas de camiones en los puertos, la baja de la pobreza, el crecimiento de la industria en marzo, el ingreso de dólares. A esto hay que sumarle que las respuestas del propio jefe de Gabinete dejan mucho que desear. Cuando le preguntaron ¿hay sobresueldos? ¿sí o no?, una pregunta bastante fácil, Adorni respondió: No leí la nota de Clarín. Era una pregunta directa y la respuesta fue una evasión total. Y aquí llegamos al centro de la cuestión. Una de las sospechas principales que tiene la Justicia es que el origen de los fondos de Manuel Adorni serían sobresueldos. Por supuesto, no lo sabemos. ¿Qué fueron los sobresueldos? En los años 90, durante el gobierno de Carlos Menem, un ministro ganaba US$6.000 por mes. A muchos no les alcanzaba para sostener su nivel de vida, y algunos cobraron sobresueldos con fondos reservados de la SIDE: entre US$10.000 y US$50.000 por mes. Es muy recordado el caso del exministro Domingo Cavallo, que dijo que necesitaba 10.000 pesos o dólares por mes para llegar a fin de mes. Con el tiempo se descubrió que muchos ministros del gabinete de Menem cobraban un sobresueldo en dólares con plata de la SIDE. Era, literalmente, un sueldo en un sobre. Volviendo a Adorni: la Justicia tiene como hipótesis que el origen de los fondos con los que gastó entre US$700.000 y US$800.000 en los últimos dos años serían sobresueldos. Su respuesta fue: No leí la nota de Clarín. Todo daño innecesario y sistemático, daño reputacional a un gobierno que llegó con dos activos: el combate a la inflación y el combate a la casta. Y más teniendo en cuenta que el presidente no tardó un segundo en desplazar a los ministros que le trajeron problemas. Nicolás Posse, primer jefe de gabinete y amigo de Milei, fue desplazado cuando se supo que lo habrían agarrado espiando. Guillermo Francos, segundo jefe de Gabinete y también amigo de Milei, fue desplazado cuando lo vieron demasiado cercano a Techint y a Macri. Diana Mondino, primera canciller, fue removida cuando votó a favor de Cuba. José Luis Espert, candidato a diputado y amigo de Milei, fue eyectado cuando apareció el narco Federico Fred Machado. Gerardo Werthein, segundo canciller y amigo de Milei, fue desplazado cuando protegió en exceso a Techint. Julio Garro, primer secretario de Deportes, fue removido cuando opinó sobre Messi. Florencia Misrahi, primera directora de ARCA, fue desplazada por el escándalo del impuesto a los youtubers. Manuel Adorni, en tanto, tiene gastos de entre US$700.000 y US$800.000 que todavía no puede explicar. Y sigue en su cargo. ¿Cómo se explica esto, teniendo en cuenta que el propio presidente prometió cañonazo en la cabeza, esquema persa y te agarro robando y te corto la mano? El politólogo Andrés Malamud plantea cuatro hipótesis para explicar por qué Adorni no se va. Primera: es el pararrayos, se come todos los golpes. Segunda: es el fusible, y lo sacarán cuando corresponda. Tercera: es el amigo de su hermana y Milei no lo puede tocar. Cuarta: es un testaferro. Para Malamud, alguna de estas cuatro opciones explica la no-salida de Manuel Adorni. No solo no lo echan, sino que se muestran como si nada malo estuviera ocurriendo. Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, se lo vio tocando el piano en un streaming. Cabe preguntarse si es el momento para tocar el piano con Robertito. Mientras Adorni da conferencias fallidas y Menem toca el piano, el kirchnerismo está callado la boca. ¿Por qué será? Porque, como decía Napoleón: Cuando tu enemigo se equivoca, no lo interrumpas. Sería realmente insólito que el gobierno le regalara el siguiente turno, nuevamente, al populismo destructor de la Argentina. Sobre todo porque les hizo el trabajo sucio. El próximo gobierno recibirá superávit energético, superávit fiscal, superávit comercial, una economía sin cepo, dólar controlado, inflación contenida y el Banco Central con reservas. Justamente por eso se vuelve imperativo terminar con los caprichos. Un capricho puede parecer pequeño, incluso inocente, incluso infantil. Pero insiste, avanza. Y cuando nadie lo frena, arrasa con todo: vínculos, decisiones, futuro. Es impulso sin dirección. El capricho es, muchas veces, el primer paso de la autodestrucción. Ojalá terminemos rápido con los caprichos. Opiniones libres; hechos sagrados.
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