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Parana » El Diario
Fecha: 05/05/2026 16:03
¿Se puede ordenar las cuentas públicas sin destruir la economía real? La pregunta no es retórica. Los números que llegan desde Buenos Aires muestran una trampa peligrosa: el gobierno nacional logró el equilibrio fiscal, pero el costo fue una recesión que ya se llevó puestas más de 24.000 empresas en apenas dos años. El equilibrio fiscal no es una mala palabra. En un país acostumbrado a financiar déficits con emisión, deuda o más impuestos, ordenar las cuentas era necesario. Pero hay formas y formas. Una cosa es reforma inteligente del Estado, eliminando gastos improductivos, privilegios y estructuras innecesarias. Otra muy distinta es la motosierra presupuestaria que bajó salarios reales, paralizó obra pública y desfinancióuniversidades. Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo son demoledores: entre noviembre de 2023 y enero de 2026 se perdieron 24.180 empleadores, una caída del 5% del stock de unidades productivas. En el mismo período, se registraron 290.000 puestos de trabajo menos. Para enero de 2026, quedaban 488.177 empleadores asegurados y 9.567.050 trabajadores cubiertos, con caídas interanuales de 2,24% y 1,06% respectivamente. La comparación con otros procesos de crisis es estremecedora. Durante el gobierno de Mauricio Macri se cerraron casi 20.000 empresas en cuatro años, el peor registro desde 2001. Ahora, la caída supera las 24.000 unidades productivas en apenas 26 meses. El ajuste actual no solo golpeó el consumo: destruyó la estructura productiva que debería sostener cualquier recuperación. El gobierno confundió gasto con derroche. No todo gasto público tiene el mismo efecto económico. Hay gasto improductivo que debe eliminarse, pero también hay inversión que sostiene actividad, mejora productividad y permite que el sector privado produzca más. Un ajuste bien diseñado distingue entre burocracia innecesaria y capacidad estatal, entre privilegio y derecho. La caída del consumo, la recesión persistente y la destrucción de empresas no son consecuencia inevitable del equilibrio fiscal. Son el resultado de haberlo buscado sin cirugía fina, sin planificación y, sobre todo, sin mirar la productividad del gasto. Cuando se corta todo por igual, el resultado puede cerrar fiscalmente pero abre problemas mucho más profundos en la economía real. Esta es la trampa del ajuste mal hecho: se logra el equilibrio en el papel, pero se destroza la capacidad de crecimiento futuro. Y sin crecimiento, el equilibrio fiscal se vuelve insostenible. Porque no hay ajuste que resista una economía que se achica indefinidamente. Con informacion de: Diario Junio.
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