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» TN
Fecha: 05/05/2026 15:17
En los pastizales y bañados del Parque Nacional Ansenuza, un proyecto científico logró algo inédito para el centro del país: seguir, en tiempo real y durante todo el día, los movimientos de un aguará guazú, el cánido más grande de Sudamérica. El hito se concretó con la colocación de un collar satelital a una hembra de unos tres años, que ahora podrá ser monitoreada durante al menos un año. La iniciativa busca responder preguntas clave sobre la especie: por dónde se mueve, qué zonas utiliza con mayor frecuencia y cómo se alimenta en un ecosistema cada vez más presionado por la actividad humana. Aunque este tipo de estudios ya se había realizado en Brasil y en Corrientes, nunca antes se había implementado en Córdoba. Para los especialistas, esto abre una ventana inédita para entender el comportamiento del aguará guazú en una región donde su presencia es tan valiosa como frágil. Un termómetro del ambiente El aguará guazú no solo llama la atención por su porte puede superar el metro de altura, sino también por su rol ecológico. Es un gran dispersor de semillas y un indicador natural de la salud del ecosistema: donde hay aguará, hay ambiente bien conservado. Además, es considerada una especie paraguas. En términos simples, protegerla implica cuidar grandes extensiones de territorio y, con ellas, a muchas otras especies que dependen del mismo hábitat. Qué se busca con el seguimiento El monitoreo satelital permitirá reconstruir su rutina con un nivel de detalle inédito. Desde sus recorridos nocturnos hasta posibles áreas de cría o comportamiento reproductivo, cada dato sumará información clave para diseñar mejores estrategias de conservación. Es la oportunidad de estudiar aspectos centrales de su vida cotidiana, explicó el equipo técnico que trabaja en la zona, donde desde hace más de un año ya se había detectado, mediante cámaras trampa, la presencia de una pareja. Cómo fue el operativo Para colocar el collar, los especialistas utilizaron jaulas trampa especialmente diseñadas para evitar cualquier daño. Una vez capturada, la hembra fue sometida a controles sanitarios, toma de muestras y mediciones generales. Luego, fue liberada en el mismo lugar. Los investigadores aseguran que el dispositivo no altera su comportamiento ni interfiere con su vida diaria. El proyecto es impulsado de manera conjunta por Aves Argentinas, la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente de Córdoba. La información que se obtenga no solo permitirá conocer mejor a la especie, sino también identificar áreas prioritarias de conservación y mejorar la convivencia con actividades humanas. En una provincia donde el avance sobre los ambientes naturales es constante, seguir los pasos de este esquivo habitante puede ser la clave para garantizar su futuro.
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