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  • La lechería pierde tambos pero aumenta la escala: más vacas por unidad productiva

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    Fecha: 05/05/2026 12:27

    La lechería argentina continúa atravesando un proceso estructural que ya lleva décadas: menos unidades productivas, pero con mayor tamaño. Así lo refleja el último informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), que analiza la evolución de tambos y rodeo bovino al mes de abril de 2026. Leé también: El mercado ganadero de Rosario remató un récord de casi 42 mil cabezas durante abril De acuerdo con los datos, el número de unidades productivas definidas como tambos activos registrados bajo Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA) mostró una leve caída mensual del 0,12%. Sin embargo, la tendencia se vuelve más clara al observar la comparación interanual: en abril de 2026 hay un 2,58% menos tambos que en el mismo mes de 2025. Esta reducción no es un fenómeno aislado ni reciente. La serie histórica evidencia una disminución sostenida. En promedio, durante 2025 hubo un 4,2% menos establecimientos que en 2024, mientras que en el largo plazo la caída anual se ubica en torno al 3,2%. En los últimos diez años, el ritmo de retracción fue del 2,5% anual. Leé también: La compraventa de campos pierde impulso y crece la cautela inversora En paralelo, la cantidad de vacas en producción también muestra una tendencia descendente, aunque más moderada. En abril de 2026, el rodeo cayó un 0,41% interanual, lo que equivale a 6357 cabezas menos que el año anterior y más de 79.000 menos en comparación con 2024. Menos tambos El dato central del informe es que la reducción de unidades productivas no implica necesariamente una menor producción total. Por el contrario, el sistema se reorganiza a partir de una mayor concentración y escala. Actualmente, el país cuenta con 8845 tambos y un total de 1.546.515 vacas en producción. La distribución territorial muestra una fuerte concentración en la denominada Cuenca Central, integrada por Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos. Allí se localiza el 90% de los tambos y el 95,5% de las vacas en ordeñe. Santa Fe concentra el mayor peso dentro de la lechería argentina, con 3.083 tambos que representan el 34,9% del total nacional y un rodeo de 484.794 vacas (31,3%), con un promedio de 157 animales por unidad productiva. Córdoba se ubica en segundo lugar con 2482 establecimientos (28,1%) y 482.433 vacas (31,2%), destacándose por una mayor escala promedio de 194 vacas por tambo. Buenos Aires completa el podio con 1747 unidades (19,8%) y 422.086 animales (27,3%), siendo la provincia con mayor tamaño promedio, alcanzando 242 vacas por establecimiento. Más atrás se ubican Entre Ríos con 641 tambos (7,2%) y 88.324 vacas (5,7%), con un promedio de 138 animales por unidad, mientras que provincias como La Pampa (128 tambos y 23.207 vacas) y Santiago del Estero (171 tambos y 23.503 vacas) muestran escalas intermedias. En el extremo inferior aparecen jurisdicciones con menor peso relativo como Tucumán, San Luis, Salta y Misiones, que en conjunto no superan el 5% de participación. En términos generales, los datos confirman la fuerte concentración geográfica del sistema, con la región central explicando la mayor parte de la producción y las provincias periféricas con menor incidencia en el total nacional. Leé también: La cosecha es grande, pero ajustada en lo económico para los productores El informe también destacó la heterogeneidad del sistema. Mientras algunas regiones mantienen niveles de productividad elevados, otras presentan estructuras más pequeñas y con menor incidencia en el total. A nivel internacional, el fenómeno no difiere demasiado. El análisis comparativo entre países productores muestra una caída promedio del 4% anual en la cantidad de tambos entre 2015 y 2024, lo que confirma que se trata de una tendencia global vinculada a cambios tecnológicos, económicos y productivos. Mayor escala El rasgo más significativo del informe es el aumento en la cantidad de vacas por unidad productiva. En abril de 2026, el promedio se ubicó en 175 animales por tambo, frente a los 171 registrados un año atrás. Este incremento refleja un proceso de intensificación y búsqueda de eficiencia. A medida que desaparecen unidades más pequeñas, los establecimientos que permanecen en actividad tienden a expandir su escala para sostener la rentabilidad. Leé también: La compraventa de campos pierde impulso y crece la cautela inversora La estratificación por tamaño de rodeo muestra con claridad esta dinámica. Los tambos con más de 500 vacas representan apenas el 7,1% del total, pero concentran el 29,9% de los animales y generan más de un tercio de la producción de leche. En el otro extremo, los establecimientos con menos de 100 vacas constituyen el 32,3% de los tambos, pero apenas reúnen el 8% del rodeo y aportan menos del 10% de la producción. Leé también: Entre récords y señales de alerta: la agroindustria redefine su mapa productivo Este desbalance evidencia una creciente concentración productiva, donde un número reducido de unidades de gran escala tiene un peso determinante en el volumen total. El aumento del tamaño promedio también se refleja en la evolución reciente. Durante 2025, la cantidad de vacas por tambo creció un 2,5% respecto al año anterior, alcanzando un promedio de 166 animales, un 8,2% más que el promedio de la última década. Este proceso se explica por múltiples factores. Por un lado, la necesidad de diluir costos fijos en un contexto económico desafiante. Por otro, la incorporación de tecnología y mejoras en la gestión que permiten aumentar la productividad por unidad. Sin embargo, el fenómeno también plantea desafíos. La desaparición de tambos pequeños tiene impacto en el entramado social y productivo de muchas regiones, especialmente en economías locales donde la lechería cumple un rol central. Leé también: La prioridad es que el pequeño productor pueda seguir produciendo; advierten sobre situaciones críticas En este contexto, el informe del OCLA no solo aporta datos, sino que también permite dimensionar un cambio estructural en marcha. La lechería argentina se transforma, con menos actores pero más grandes, en un proceso que redefine la forma de producir y la organización del sector. De cara al futuro, la evolución de estas variables estará condicionada por factores económicos, tecnológicos y de política sectorial. Mientras tanto, los números de abril de 2026 confirman una tendencia clara: la escala gana terreno en una actividad que sigue ajustándose para sostener su competitividad.

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