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  • El Festival Tribus reafirmó el valor de la cultura en la Estación Belgrano

    Parana » Uno

    Fecha: 04/05/2026 01:25

    El Festival Tribus trascendió lo que ocurrió arriba de los escenarios. Durante dos jornadas intensas en la Estación Belgrano de Santa Fe, el encuentro confirmó algo que se percibe antes de que suene la primera banda: cuando hay propuesta, trabajo y decisión, la cultura encuentra su lugar incluso en contextos adversos. El Festival Tribus reafirmó el valor de la cultura en la Estación Belgrano Viernes y sábado, Santa Fe vivió y celebró el Festival Tribus. Turf, la banda más ovacionada del encuentro El Festival Tribus 2026 reafirmó el valor de la cultura en la Estación Belgrano Este fin de semana, ese lugar estuvo lleno. Desde la cobertura en el predio, con presencia en cada tramo de la grilla, se pudo registrar de cerca esa dinámica: circulación constante, escenarios activos y un público que celebró y agradeció desde el comienzo hasta el final. La música como motor Familias, grupos de amigos, seguidores de distintas generaciones y curiosos convivieron en un predio que ofreció circulación constante, cuatro escenarios activos y una programación sin pausas. El dato no es menor. En un presente económico complejo en Argentina, la decisión de asistir a un festival implica organización, ahorro y elección. Sin embargo, el público respondió. Hay que hacer el esfuerzo, si no esto se pierde, dijo una pareja que viajó desde Paraná. Otro grupo coincidió: Venimos por la música, pero también por lo que genera. Nos encontramos con amigos, disfrutamos en grupo. Los precios, dentro de la lógica actual de festivales, se mantuvieron accesibles en comparación con otras propuestas de escala similar. Ese equilibrio entre costo y experiencia fue valorado por quienes recorrieron el predio, que además ofreció sectores diferenciados (como el VIP y el espacio Silent), una oferta gastronómica variada y tiempos de organización que funcionaron con precisión. Ingresos ágiles, grillas respetadas y sonido cuidado marcaron una producción que sostuvo el ritmo sin fisuras. En lo artístico, el festival cumplió con su promesa de diversidad. Desde la apertura del viernes, con nombres como La Delio Valdez, Kapanga y la presencia internacional de Vapors of Morphine, hasta el cierre del sábado, el recorrido propuso cruces de estilos, generaciones y climas. Destacados Por otra parte, el sábado también hubo lugar para el baile y las búsquedas más experimentales. En ese mapa, Indios encontró uno de los momentos más destacados y festejados. La banda ofreció un show sólido y una conexión directa con el público. Construyó un recorrido efectivo con canciones cantadas por todos y un cierre que dejó en claro el vínculo que mantiene con su audiencia. Se los extrañaba, gritó alguien desde la tribuna. La respuesta fue precisa: energía, presencia y un repertorio que funcionó como puente entre escenario y campo. Porque Indios sabe lo que su público quiere escuchar y el show que quieren ver. Pero si hubo un punto de ebullición claro en la segunda jornada, llegó con Turf. Joaquín Levinton encabezó uno de los shows más completos del festival. Recorrió el escenario, bajó al campo, interactuó de forma constante y sostuvo una energía que no decayó en ningún momento. Hubo clásicos, humor, cercanía y una lectura precisa del público. En un tramo del recital, invitó a una fan a subir al escenario, en un gesto que reforzó ese ida y vuelta que caracteriza a la banda. El público respondió con entusiasmo. No solo por las canciones, sino por la experiencia completa. Turf siempre cumple, pero hoy fue otra cosa. Lo de hoy de épico a otro nivel, comentó un espectador al salir. Lo amamos, es el número uno. Entiene perfectamente lo que es dar un show, lo que es darse y entregarse al público. Varios artistas tendrían que aprender de él. A la gente le cuesta mucho pagar una entrada hoy día, entonces está bueno que los artistas estén a la altura de ese esfuerzo, y Turf lo está, lo estuvo siempre y hoy están más vigentes que nunca, contó un fanático en diálogo con UNO. Y esa sensación se repitió en distintos sectores de la estación. Más allá de los nombres consagrados, el festival también sostuvo su apuesta por artistas emergentes y propuestas en crecimiento. Esa convivencia entre trayectorias consolidadas y nuevas voces no aparece como un detalle, sino como parte central de una identidad que se consolida edición tras edición. La cobertura en el lugar permitió también observar los tiempos invisibles del festival: equipos técnicos trabajando en simultáneo, cambios de escenario precisos y un engranaje que cuidó la continuidad sin interrupciones. Esa estructura, muchas veces fuera del foco principal, resultó clave para que la experiencia se desarrollara con fluidez y para que cada propuesta encontrara su espacio. El Festival Tribus volvió a instalarse como un espacio necesario. No solo por la cantidad de bandas o la infraestructura, sino por lo que habilita: encuentro, circulación, trabajo en equipo y una experiencia que excede lo musical. En tiempos de ajuste, la escena cultural no se detiene, pero necesita de estos espacios para sostenerse y proyectarse. El balance deja una certeza. La música convoca, pero lo que sostiene es la decisión de estar. Artistas, técnicos, productores y público formaron parte de una construcción común que, durante dos días, transformó la Estación Belgrano en un punto de encuentro activo y eficaz.

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