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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/05/2026 02:44
La fragilidad no es solo debilidad en las piernas o dificultad para cargar bolsas del supermercado. Es también una señal de que el cuerpo acumula demasiados problemas de salud al mismo tiempo y eso también deja huellas en el cerebro. Un equipo de investigadores de 11 países descubrió que medir la fragilidad en adultos mayores permite identificar con alta precisión quiénes tienen Alzheimer o demencia frontotemporal, un tipo de trastorno que afecta la personalidad y el comportamiento, frente a quienes envejecen sin deterioro cognitivo. PUBLICIDAD El hallazgo abre una puerta nueva para detectar esos trastornos en América Latina, donde el acceso a herramientas de diagnóstico es limitado. El estudio fue publicado en la revista Alzheimers & Dementia, una de las publicaciones científicas más reconocidas en este campo. PUBLICIDAD Los primeros autores fueron Joaquín Migeot y Olivia Wen, del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez en Chile. Contaron con la colaboración de investigadores de la Universidad de Antioquia y la Pontificia Universidad Javeriana en Colombia, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en México, el Instituto Peruano de Neurociencias en Perú, el CONICET y la Universidad de San Andrés en Argentina, y la Universidad de San Pablo y la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil. PUBLICIDAD También participaron colaboradores de Trinity College Dublin en Irlanda, la Universidad de California en San Francisco y Escuela Médica de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos, la Universidad de Bordeaux en Francia, el Centro de Investigación del Cerebro Barcelonaeta de la Fundación Pasqual Maragall en España y la Universidad Istanbul Medipol en Turquía. Los resultados tienen implicancias concretas para los sistemas de salud de la región. Si la fragilidad se puede medir con datos clínicos de rutina, como la presión arterial, los medicamentos, el estado de ánimo o la memoria, y eso alcanza para detectar demencia, entonces cualquier consultorio médico en la región de América Latina podría convertirse en un punto de alerta temprana. PUBLICIDAD Eso cambiaría radicalmente cómo se previene y atiende la demencia en contextos con pocos recursos. La fragilidad es una forma de envejecer acelerada, simple, clínica y accesible de medir, explicó en diálogo con Infobae el científico argentino Agustín Ibáñez, quien fue el autor principal del estudio. PUBLICIDAD Ibáñez añadió que el objetivo es contar con marcadores que capturen el efecto acumulado del deterioro para ayudar a definir trayectorias del envejecimiento. Cuando el cuerpo avisa lo que el cerebro oculta En América Latina, el 21,7% de los adultos mayores vive con fragilidad. Pese a eso, casi no existían estudios que analizaran cómo esa fragilidad se refleja en el cerebro de personas latinoamericanas con demencia. PUBLICIDAD La mayoría de las investigaciones previas en la región solo miraba el aspecto físico de la fragilidad (como la fuerza y la movilidad) y dejaba de lado dimensiones igual de relevantes como el estado emocional, la cognición o la capacidad para realizar actividades cotidianas. Tampoco se había estudiado si la fragilidad podía diferenciar entre distintos tipos de demencia, como el Alzheimer y la demencia frontotemporal. PUBLICIDAD Esa brecha motivó el estudio: los investigadores quisieron saber si un índice de fragilidad amplio y multidimensional, es decir, que mide muchos aspectos de la salud al mismo tiempo, podía distinguir a personas sanas de personas con demencia. El objetivo de los científicos fue también explorar qué zonas del cerebro se ven afectadas según el nivel de fragilidad de cada persona. PUBLICIDAD El cerebro roto que los números supieron leer Los investigadores analizaron datos de 3.461 personas de seis países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Los participantes se dividieron en tres grupos: cognitivamente sanos, con Alzheimer y con demencia frontotemporal. Construyeron un índice de fragilidad con 32 variables de salud, entre ellas presión arterial, cantidad de medicamentos, síntomas de depresión y ansiedad, capacidad para usar tecnología y resultados de pruebas de memoria. Cada variable se puntuó entre 0 (sin déficit) y 1 (con déficit), y el promedio final reflejó la carga global de salud de cada persona. Para analizar los datos usaron inteligencia artificial, específicamente un algoritmo llamado XGBoost, que aprende a clasificar casos a partir de patrones, junto con resonancias magnéticas cerebrales de 1.050 participantes. Eso les permitió ver tanto si la fragilidad separaba grupos diagnósticos como qué zonas del cerebro perdían volumen según el nivel de fragilidad. El índice distinguió a las personas sanas de las que tenían Alzheimer con un 85% de precisión, y de las que tenían demencia frontotemporal con un 88%. No logró, en cambio, diferenciar bien entre los dos tipos de demencia entre sí, lo que sugiere que ambas enfermedades comparten una carga sistémica similar. Mayor fragilidad se asoció con pérdida de materia gris, el tejido del cerebro que procesa información, en zonas frontales y temporales. En casos de Alzheimer predominó el daño en el hipocampo y las regiones temporales; en la demencia frontotemporal, el daño fue más intenso en el lóbulo frontal, la parte del cerebro que regula la conducta y la toma de decisiones. Los análisis de conectividad cerebral mostraron que mayor fragilidad se relaciona con menos conexiones en redes frontales y temporales, y con un aumento compensatorio de conexiones en zonas cerebelosas y límbicas. Ese patrón fue distinto en cada grupo, lo que refuerza la idea de que cada tipo de demencia deja una huella neural propia. Los resultados se mantuvieron sólidos incluso al excluir del índice las variables más directamente ligadas al diagnóstico de demencia, como la escala de severidad clínica y las pruebas de memoria. Eso refuerza la validez del índice como herramienta independiente de evaluación. Sin embargo, el estudio tiene limitaciones. Al ser transversal es como una foto de un momento y no un seguimiento en el tiempo. Entonces aún no se puede establecer si la fragilidad causa el daño cerebral o es su consecuencia. Tampoco incluyó biomarcadores de laboratorio ni pruebas físicas objetivas como fuerza de agarre o velocidad al caminar, lo que restringe la caracterización biológica de los hallazgos. Los investigadores recomendaron ampliar el estudio a poblaciones fuera de América Latina para validar los resultados e incorporar medidas físicas y marcadores inflamatorios en futuras investigaciones. También propusieron probar intervenciones clínicas que usen la fragilidad como punto de partida para prevenir o retrasar la demencia, dado que muchos factores del índice (hipertensión, diabetes y sedentarismo) son modificables. La fragilidad funciona, según el equipo de investigadores, como una señal integradora del deterioro sistémico del organismo humano. Ese deterioro se refleja en el cerebro de maneras específicas según el tipo de demencia. Incorporar este tipo de evaluación en los sistemas de salud de América Latina podría ser una herramienta accesible para identificar personas en riesgo antes de que la demencia avance, afirmó el doctor Ibáñez. Un hallazgo que podría cambiar la consulta Para el doctor en salud mental Fernando Taragano, secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), los resultados del estudio son relevantes. Al ser consultado por Infobae, comentó: El índice de fragilidad evaluado en este importante estudio, construido con 32 variables clínicas de rutina, logró distinguir personas sanas de pacientes con enfermedad de Alzheimer o frontotemporal con una precisión notable, sin necesidad de estudios de alta complejidad. Resaltó que los resultados del estudio convierten al índice en una herramienta muy valiosa para la detección diagnóstica en contextos de bajos recursos, especialmente en América Latina, donde las complicaciones cardiometabólicas están a la orden del día. El doctor Taragano, quien es director médico del Instituto Geriátrico Nuestra Señora de Las Nieves y está a cargo del Protocolo en el Departamento de Docencia e Investigación del Hospital Borda en Buenos Aires, aclaró que el índice no distingue entre los subtipos de demencia entre sí y carece de especificidad biológica: no dice cuál es o cuáles son las proteínas anómalas involucradas. En definitiva, identifica quién merece una evaluación más compleja, permite optimizar el uso de recursos y brindar más precisión. PUBLICIDAD PUBLICIDAD
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