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» Clarin
Fecha: 03/05/2026 21:49
Desde el punto de vista de la política, un ministro es un fusible y no se puede, por salvar el fusible, dejar que se queme la casa, describía días atrás, con su habitual ironía, el consultor Jaime Durán Barba, al argumentar que si fuera asesor del gobierno de Javier Milei -como lo fue con Mauricio Macri-, hubiera aconsejado echar a Manuel Adorni desde el primer momento. Aún bajo la creencia de que es totalmente inocente, básicamente, por el daño que le provocó y le provoca a la imagen del Gobierno. A diferencia de lo que algunos analistas estiman, que la compleja situación económica que atraviesa un vasto segmento de la sociedad es la raíz del amplio rechazo al Adornigate y de la penetración de las sospechas de corrupción respecto del oficialismo, Durán Barba valora a ambos factores por igual como claves del declive de la imagen de Milei. Si un partido o líder enarbola la bandera de la corrección, la moralidad y acabar con los chorros, no debería haber sospecha sobre su círculo íntimo, argumenta. Esa caída en la imagen presidencial las reflejó Clarín este domingo, en base a 14 encuestas que así lo reflejan. En todos los casos, lo incierto es que se desconoce si alcanzó el piso o seguirá cayendo, como ocurre desde enero. El otro dato llamativo es que en algunos casos Milei es superado por Patricia Bullrich y aparece cerca el gobernador kirchnerista Axel Kicillof. ¿Debe preocuparse el Presidente? Pese a ello, la comunicación política sigue sin ser el punto más fuerte de la Casa Rosada. El ministro de Economía, Luis Caputo, viene de garantizarle a un grupo de empresarios que no existe "el riesgo kuka". Sin embargo, el núcleo medular del relato mileísta es sacudir permanentemente el peligro del regreso del kirchnerismo, para consolidarse como única opción. Está claro que al mercado no le satisface ese argumento; no sepulta esa posibilidad después del regreso de Cristina Kirchner en 2019. Parafraseando a Groucho Marx, podría decirse desde el altar libertario que "tengo mis argumentos, pero si no le gustan, tengo otros". El Gobierno, en sus distintos niveles, no alcanza a comprender cómo la sociedad puede cuestionarlo por volúmenes de irregularidades que parecen nimiedades comparadas con la corrupción kirchnerista. Todas las respuestas a las consultas sobre el caso Adorni refieren a que se trata de cifras o situaciones minúsculas. Tal vez no observan que elevar la vara de la ética y de la moral, y endurecer la condena a quienes violen esa lógica, provoca que cuando la transgresión ocurre en casa, y trasciende, el castigo social se multiplica geométricamente. Tal es el tamaño del desacierto en la comunicación política del Ejecutivo que con su accionar termina limpiando la reputación de algunas espadas del kirchnerismo. Como en el caso del diputado Rodolfo Tailhade, exdirector de Contrainteligencia de Cristina Kirchner y operador judicial, que pasó del ostracismo por sus vínculos con el ambiente del espionaje K a ser por estaos días el protagonista mediático de fuertes acusaciones de corrupción e irregularidades contra Adorni. Tampoco el oficialismo interpreta el interés que despierta el Adornigate. Un informe pormenorizado sobre la réplica de la sesión del informe del funcionario en Diputados que circuló en manos de la oposición, arrojó que la conversación sobre la exposición y las críticas al Jefe de Gabinete fue masiva, con más de 102 mil tuits y sostenida durante más de 13 horas. Llamó particularmente la atención la pasividad de Las Fuerzas del Cielo, que no salieron en defensa de Adorni con la intensidad que suelen hacerlo. Está claro que el Gordo Dan y compañía están alineados con el asesor Santiago Caputo, y Adorni, con Karina Milei. En eso también influyó el tenor de la tibia defensa en redes del funcionario. También se registró una fractura en el espacio de derecha y centroderecha que conforman libertarios y macristas, pese a que los diputados del PRO optaron por el silencio durante la sesión de Adorni. Los usuarios del partido de Mauricio Macri cuestionaron a cuentas libertarias que defendían al Jefe de Gabinete, con la misma intensidad que el peronismo. Tal es la incomprensión del fenómeno por parte del Ejecutivo que el propio Jefe de Gabinete, durante la sesión cuyo foco estaba puesto en su situación judicial que lo investiga por supuestas dádivas y enriquecimiento ilícito, dio detalles sobre los gastos corporativos de la empresa estatal Nucleoeléctrica, que hasta febrero estuvo a cargo de Demian Reidel y que se fue tras varias denuncias por presuntos sobreprecios en licitaciones del servicio de limpieza en centrales nucleares. En el documento que Adorni le entregó a los diputados aparecen consumos en el exterior en free shops, hoteles de lujo, peluquerías, negocios de ropa, discotecas y restaurantes, así como extracciones en otros países y aquí equivalentes a $ 50 millones. Incluso, Reidel dio su versión, en la que se despegó de ese tipo de gastos totalmente superfluos, pero terminó confirmando su veracidad. "Los artículos (periodísticos) mezclan datos de todas las tarjetas de la empresa, intentar asignármelo a mi es mala fe absoluta". Fin. Lo más factible, coinciden distintas fuentes, es que no hubiera ninguna intencionalidad política de Adorni de exponer al organismo que comandaba Reidel, producto de una interna. Peor aún, ese tipo de gastos en el Gobierno están naturalizados, en un contexto de suba del desempleo formal, recorte de salarios, baja de consumo en sectores populares y clase media y un mayor endeudamiento de las personas. Denostar al Estado pero disfrutar de los gastos que permite el Estado, sería la premisa libertaria auténtica. Mirá también Mirá también Sobre la firma Newsletter Clarín
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