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  • El encargado 4: más política, más cinismo, más poder y menos inocencia

    » San Juan 8

    Fecha: 03/05/2026 20:20

    La incorporación de un Presidente interpretado por Arturo Puig no es casual. Es, en términos narrativos, el movimiento más fuerte de la temporada. La serie deja de insinuar y empieza a señalar. Y en ese cruce entre política y ficción aparece una de las claves del nuevo tramo: incomodar sin dar respuestas cerradas. El vínculo entre Eliseo y el poder abre interrogantes más que certezas. ¿Hasta dónde puede llegar alguien como él? ¿Es oportunismo o adaptación? ¿Es un reflejo exagerado o demasiado real? La serie no responde de forma directa, pero sí deja pistas. Y ahí es donde encuentra su mayor fortaleza. El clásico enfrentamiento con Zambrano (Gabriel Goity) se mantiene como columna vertebral. El juego de gato y ratón sigue intacto, aunque por momentos da la sensación de que ya mostró casi todas sus cartas. La tensión se sostiene, pero también aparece cierto desgaste en una fórmula que, si bien efectiva, empieza a repetirse. El guion de Mariano Cohn y Gastón Duprat vuelve a ser preciso, filoso y sin concesiones. Hay escenas que funcionan como pequeños golpes de realidad, especialmente cuando la narrativa se mete con la hipocresía social y política. La crítica está, pero no es explícita: se desliza, incomoda y queda flotando. En ese recorrido, uno de los momentos más potentes llega con la aparición de Luis Brandoni, en una escena cargada de peso emocional. Su despedida, casi íntima, contrasta con el tono general de la serie y deja una de las secuencias más recordadas de la temporada. Ahora bien, no todo es avance. También hay zonas donde la serie parece girar sobre sí misma. Algunos recursos de Francella miradas, tics, silencios que fueron marca registrada, empiezan a rozar la repetición. El personaje sigue siendo sólido, pero el riesgo de volverse previsible asoma. La gran pregunta queda planteada hacia el final: ¿hasta dónde puede crecer Eliseo sin perder lo que lo hizo interesante? La serie no lo resuelve, pero deja abierta la puerta. Y quizás ahí esté su jugada más inteligente. Porque El encargado no cambia del todo, pero tampoco se queda quieta. Avanza lo justo, incomoda lo necesario y deja algo claro: todavía tiene margen para seguir jugando.

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