03/05/2026 10:48
03/05/2026 10:48
03/05/2026 10:45
03/05/2026 10:45
03/05/2026 10:44
03/05/2026 10:44
03/05/2026 10:44
03/05/2026 10:44
03/05/2026 10:44
03/05/2026 10:44
Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 03/05/2026 09:17
Luis Antonio Caraballo: la vida en el campo, entre el esfuerzo diario y el legado familia Acompañado por sus nietos, el trabajador rural comparte su historia marcada por el sacrificio, el cuidado de los animales y una enseñanza clara: trabajar y aprender, cada uno desde su lugar. En la zona de Boquerón calle Paraná al fondo, en un paisaje donde el horizonte se mezcla con el verde del pasto, rio crecido y el movimiento constante de los animales, Luis Antonio Caraballo construye su vida día a día. Allí, en el campo, acompañado por sus nietos Lázaro y Dylan, el trabajo no se detiene y la rutina se define por el esfuerzo, la constancia y una relación profunda con la tierra. Caraballo habla con la tranquilidad de quien conoce cada rincón del lugar. El campo lo conozco como la palma de la mano, asegura, mientras observa el movimiento de sus animales, vacas y caballos que cuida con dedicación, tanto propios como algunos en préstamo. Una vida de trabajo desde temprano La historia de Luis Antonio Caraballo está atravesada por el trabajo. Desde joven, su vida estuvo ligada al campo, en una época donde las oportunidades de estudio eran limitadas. A los viejos antes los hacían trabajar en vez de ir a la escuela, recuerda. Esa realidad marcó su propio camino. No sé leer ni escribir, reconoce sin rodeos. Sin embargo, su experiencia se traduce en décadas de esfuerzo sostenido. Toda la vida trabajé, siempre legal, nunca tuve problemas, afirma con orgullo. Hoy, su mensaje es claro: el trabajo y la educación son fundamentales. El que no estudia tiene que trabajar. Hay que levantarse temprano, dice, destacando que a las seis de la mañana la jornada ya está en marcha. El día a día en el campo La rutina en el campo no da lugar a pausas. Caraballo describe jornadas completas de vigilancia y cuidado. Hay que andar todito el día, explica. El control de los animales es constante: recorrer, observar, encerrar y proteger. El entorno, aunque tranquilo, exige atención permanente. No molesta nadie acá, señala, valorando la calma del lugar. A la vez, resalta la convivencia con vecinos: Yo no ando mal con nadie, al contrario, yo les cuido. El trabajo no es individual. Sus hijos y nietos forman parte de la dinámica diaria. Mientras los más chicos asisten a la escuela, también aprenden desde temprana edad las tareas rurales. Desde los tres o cuatro años ya andan a caballo, comenta, marcando la transmisión generacional de saberes. Desafíos del oficio rural El cuidado de los animales implica enfrentar dificultades constantes. Uno de los principales problemas es la pérdida de ganado. Alguno siempre se pierde, algún ternero, admite. En épocas de pasto seco, los animales se dispersan y obliga a largas recorridas a caballo para encontrarlos. A esto se suma la preocupación por los robos. Hay gente que le gustan los guinos, dice en referencia al abigeato. Chivos y corderos suelen ser los más afectados, lo que obliga a reforzar la vigilancia. Para enfrentar estos desafíos, Caraballo sostiene una rutina exigente: control permanente, encierro de animales, recorridas en moto o a caballo y trabajo en equipo con su familia. Además, destaca el cuidado sanitario: Están vacunados, todo, afirma, señalando la importancia de mantener en buen estado a los animales. Familia y continuidad La presencia de sus nietos Lázaro y Dylan no es un detalle menor. Representan la continuidad de una forma de vida. Aunque la educación ocupa un lugar prioritario, el contacto con el campo sigue siendo parte de su crecimiento. Caraballo observa ese vínculo con naturalidad. Los niños lo acompañan, aprenden y se integran a las tareas. Me siguen a mí o al tío, cuenta, reflejando una dinámica familiar donde el trabajo también es enseñanza. Entre el sacrificio y la dignidad La vida de Luis Antonio Caraballo resume la de muchos trabajadores rurales: esfuerzo constante, escasos recursos y un fuerte sentido de responsabilidad. Sin grandes discursos, su testimonio deja una reflexión que atraviesa generaciones. En el campo, donde uno descansa y otro no, como él mismo define, el trabajo no entiende de feriados ni pausas. Es una forma de vida que exige compromiso diario y que, al mismo tiempo, construye identidad. Entre animales, recorridas y amaneceres tempranos, Caraballo sigue adelante. Sin saber leer ni escribir, pero con el conocimiento que le dio la experiencia, sostiene una vida basada en el trabajo, la honestidad y el cuidado. Un legado silencioso que, entre nietos y campos abiertos, continúa su camino.
Ver noticia original