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Parana » AnalisisDigital
Fecha: 03/05/2026 09:15
A los 16 años, con una mochila y una idea aún difusa de su futuro, Galuccio dejó Paraná. La ciudad del río lo había formado. Ahora era tiempo de ir a buscar al mundo. Había un chico que cargaba bolsas en el Mercado del Abasto de Paraná. Atendía una verdulería, despachaba en una carnicería, y aprendía en esa cancha de cemento y olor a tierra mojada a leer a la gente, a entender qué quería quien tenía enfrente. Ese chico no sabía todavía que veinte años después tomaría decisiones en Moscú, en Bagdad, en Londres o en Houston. Tampoco sabía que un día la presidenta de la Argentina lo llamaría para preguntarle si estaba dispuesto a cambiar la historia energética de su país. Su nombre era y sigue siendo Miguel Matías Galuccio. Nació en Paraná el 23 de abril de 1968. Y es, sin duda, el ejecutivo petrolero más influyente que haya producido Entre Ríos. Los años de Paraná: la escuela de la calle La infancia de Galuccio transcurrió en una Paraná de clase media trabajadora, marcada por el ritmo del comercio familiar y por una madre que intentaba, sin demasiado éxito, que sus hijos aprendieran inglés. "Mi vida comenzó en Paraná, Entre Ríos. Soy hijo de Miguel y de Elena. Mi padre fue un emprendedor nato que comenzó como comerciante, y mi mamá era profesora de inglés, idioma que aprendí mucho más tarde, y que ella no logró enseñarme", contó años después ante un auditorio de estudiantes universitarios, con la misma simpleza de quien no necesita adornar lo que ya es extraordinario. Fue el mayor de cuatro varones. Cursó la primaria en la Escuela Normal y el secundario en la Industrial, donde también encontró en el rugby en el club Tilcara una escuela paralela de valores colectivos que nunca olvidaría. "En el club aprendimos que las cosas se hacían en equipo, no era solo jugar, era mantener el club", recordó décadas después, cuando ya era el CEO de una empresa cotizada en Wall Street. De chico trabajó en el negocio de su padre: hizo mandados, acomodó mercadería, aprendió a tratar con proveedores, a negociar precios, a no perder el tiempo. Esa formación en la calle sin glamour, sin abstracciones sería la argamasa invisible de una carrera que lo llevaría a pararse con la misma naturalidad frente al capataz de un yacimiento en la Patagonia y frente a un fondo de inversión en Nueva York. "Puedo estar en el campo en Entre Ríos con el capataz y al otro día en Nueva York con un inversor y conectar con ambos", diría con orgullo mucho tiempo después. "El Miguel de Paraná y el Miguel de hoy son dos personas completamente distintas, posiblemente con los mismos valores, pero con una experiencia completamente diferente. Las cosas básicas, sin embargo, siguen siendo las mismas." A los 16 años, con una mochila y una idea aún difusa de su futuro, Galuccio dejó Paraná. La ciudad del río lo había formado. Ahora era tiempo de ir a buscar al mundo. Del ITBA a los pozos: la vocación que encontró nombre Llegó a Buenos Aires sin saber exactamente qué estudiaría. La ingeniería en petróleo no era una vocación declarada; fue una revelación gradual. Se matriculó en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), pero el dinero no alcanzaba. Con una valentía que le sería característica, pidió un préstamo de honor a la institución un crédito basado en la confianza, sin garantías materiales y lo obtuvo. Lo devolvería dos años después de recibirse. "Entonces hice un cálculo rápido, y solo me alcanzaba para la mitad de la cuota. Tomé coraje y me fui al ITBA y les pedí un préstamo de Honor, el cual me dieron y terminé pagando dos años más tarde", recordó. En el ITBA descubrió que la industria del petróleo combinaba exactamente lo que buscaba: rigor técnico, trabajo al aire libre, escala global. Se graduó como Ingeniero en Petróleo en 1994, en un momento en que Argentina vivía la transformación de su sector energético: YPF acababa de ser privatizada, y el mundo del hidrocarburo se reorganizaba a velocidad vertiginosa. Entró directamente a YPF, en tiempos de José Estenssoro. A los 28 años ya era responsable de la operación y desarrollo de yacimientos en la región Sur, cuando la empresa perforaba 600 pozos anuales y vivía uno de sus picos históricos de utilidades. Pero Galuccio tenía claro que quería más: no una carrera técnica, sino una carrera de liderazgo. Y que ese liderazgo debía probarse en el mundo, no solo en Argentina. "Comencé en Argentina, sí, pero siempre tuve bien claro que quería de alguna manera jugar en un escenario mundial. Pensaba que para probarse realmente había que probarse en el mundo, y mi carrera me dio esa posibilidad", explicó. Schlumberger: el ejecutivo que conquistó cinco continentes Fue Schlumberger la empresa de servicios petroleros más grande del planeta, con operaciones en 235 países quien lo capturó apenas quedó disponible. La multinacional lo designó Gerente General para México y América Central. Lo que hizo allí fue extraordinario: multiplicó el tamaño de la operación local y convirtió a Schlumberger en el principal socio estratégico y tecnológico de Pemex, la petrolera nacional mexicana, en la cuenca de shale de Burgos. Los inversores mexicanos lo conocieron en esa etapa. Ese vínculo sería clave muchos años después. En 2005 fue nombrado Presidente de IPM (Integrated Project Management), la división de gerenciamiento de proyectos integrados de Schlumberger, hoy líder mundial en aplicación de tecnología en yacimientos. En 2011 creó y condujo la división Schlumberger Production Management, con sede en Londres. Desde allí dirigió operaciones en América del Norte, Medio Oriente, el sudeste asiático, Europa y América Latina. Fueron años de aeropuertos, hoteles y negociaciones en idiomas que no eran el suyo. Rusia, Irak, Irán, África del Norte, los campos petroleros de Texas. "Ya en esa empresa me tocó trabajar en muchos lugares del mundo. Con lo cual me tocó viajar mucho, estar mucho en aeropuertos y en hoteles. Todo eso era parte de mi vida, y no lo digo con mucho orgullo porque es más lindo dormir en la cama de uno", reconoció con honestidad, sin mitologizar el sacrificio. En el mundo petrolero comenzaron a hablar de él como de "un fuera de clase". "La noción de líder para mí tiene mucho que ver con la capacidad de crear y con la capacidad de movilizar talento casi sin pedirlo. Para motivar a un equipo lo fundamental es convencerlos de que pueden ganar." YPF: el paranaense que transformó la energía argentina En abril de 2012, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner tomó una decisión que sacudió al mundo empresarial internacional: expropió el 51% de YPF, hasta entonces en manos de la española Repsol. Argentina gastaba en ese momento 12.000 millones de dólares anuales en importar combustibles, y cien barcos de gas natural licuado llegaban cada año para mantener la economía en funcionamiento. La crisis energética era estructural y urgente. El entonces gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, recomendó el nombre de Galuccio a la presidenta. Tras una entrevista a solas con la presidenta, que desnudó la visión del ingeniero sobre el potencial de los recursos no convencionales argentinos, la decisión quedó tomada. El 5 de mayo de 2012, a los 44 años, Miguel Galuccio fue designado CEO de YPF renacionalizada. "Yo no necesitaba volver, es la verdad. Cuando llegué, si vos me decías Randazzo, yo no sabía si era un arquero de fútbol o un ministro de algo. Ese nivel de desconocimiento tenía de la política argentina", admitió después. Pero había una razón concreta para aceptar: Vaca Muerta. La formación geológica patagónica había sido identificada, pero su potencial real permanecía inexplorado. Galuccio lo veía con claridad meridiana. Lo que vino después es historia. Bajo su conducción, YPF puso en marcha el desarrollo sistemático de Vaca Muerta, la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo. Armó equipos de geólogas para detectar canteras de arena local insumo clave del fracking y así reemplazar importaciones de China y Estados Unidos. Persuadió al sistema político nacional para que aprobara la ley de hidrocarburos que reguló la explotación no convencional. Devolvió la confianza internacional a una empresa que había perdido credibilidad tras la expropiación. En 2014 fue distinguido como CEO del año en América Latina por el Latin Trade Group. Su salida llegó en 2016, tras el cambio de gobierno. Mauricio Macri requirió una reestructuración en la conducción de la empresa. Galuccio aceptó permanecer hasta la asamblea de accionistas de abril de ese año para garantizar una transición ordenada. Cuatro años de intensidad habían dejado una huella que el sector energético argentino sigue transitando hoy. Vista Energy: de cero a cinco mil millones de dólares Un año después de dejar YPF, Galuccio fundó Vista Oil & Gas junto a otros socios. Lo que hizo a continuación fue casi inverosímil: en un solo día, presentando la idea ante inversores en la Bolsa de Valores de México donde su nombre era conocido desde sus años en Schlumberger con Pemex levantó 850 millones de dólares. No tenía activos. Solo tenía su trayectoria, su red de contactos y su lectura del potencial de Vaca Muerta. Vista se convirtió en la segunda productora de shale oil de Argentina. Exporta más del 50% de su producción a Brasil, Chile y Estados Unidos, y aspira a superar el 60% para 2026. En 2021 la empresa simplificó su nombre a Vista, con el lema "Energy for tomorrow". Su capitalización bursátil llegó a superar los 5.000 millones de dólares. Galuccio tocó la campana de apertura de Wall Street en ese mismo período, por segunda vez en su carrera. El modelo de gestión que impuso en Vista es, según él mismo, la superación del esquema de las grandes petroleras tradicionales. Las decisiones críticas de negocio se toman en horas, no en meses. La estructura es plana, el costo operativo bajo y la agilidad es un diferencial competitivo real frente a las majors internacionales. "En Vista, una decisión de negocio crítica puede tomarse en cuestión de horas", explicó en distintas entrevistas. Esa velocidad, combinada con una agenda de contactos transversal a todo el espectro político argentino de CFK a Milei, pasando por Macri le permitió navegar sin naufragio todos los ciclos de la Argentina. Para 2025, Vista planificó invertir 1.100 millones de dólares en la expansión de su producción en Vaca Muerta. La apuesta no cedió ante las turbulencias económicas argentinas. También fundó Aike, una empresa subsidiaria dedicada a proyectos de descarbonización y ganadería sostenible, y Grid Exponencial, una aceleradora de empresas de base biotecnológica. La mirada, siempre, puesta en el horizonte. El negocio petrolero: la visión global de un entrerriano Galuccio observa la industria energética mundial con la perspectiva de quien la recorrió de adentro hacia afuera. Para él, la revolución del shale en Argentina no es solo un fenómeno local: es parte de una reconfiguración global que coloca a la Patagonia en el mapa de los grandes productores mundiales de hidrocarburos. "Sin el ITBA para mí no hubiera habido Vaca Muerta, posiblemente no hubiera formado ni fundado Vista", reflexionó ante estudiantes de su alma máter, sintetizando de un modo casi imprevisto la cadena de causas que llevó al país a este punto. Su visión sobre el liderazgo empresarial en el sector es igualmente clara: la industria petrolera requiere decisiones rápidas, equipos motivados y estructuras que no se paralicen en la burocracia corporativa. La transición energética, dice, no puede ignorar la realidad: mientras el mundo debate cómo descarbonizarse, necesita petróleo y gas para funcionar. Por eso apuesta simultáneamente a la producción no convencional y a iniciativas de reducción de emisiones. A los 57 años, el hombre que salió de Paraná con una mochila y una idea vaga sobre su futuro sigue construyendo empresas, formando líderes y mirando el mundo desde esa mezcla singular de calle entrerriana y escenario global. "Entender quién tenés enfrente, eso te lo da el contacto con la gente", dijo una vez. Lo aprendió en el Mercado del Abasto de Paraná. Lo usó en todo el mundo.
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