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Fecha: 03/05/2026 06:03
El verdadero amor no es ciego; de hecho, es todo lo contrario: es el que te hace abrir los ojos a la verdad. No te crea ilusiones, te permite soportar la realidad, me cuenta Daniel Habif, una de las personas más escuchadas de este tiempo, que llena estadios donde vaya y es seguido por más de 10 millones de personas. Sus libros son best sellers. El amor no se ruega, se riega (editorial Planeta) es el último lanzamiento que publicó junto a su esposa, Anhya Ruiz. Allí, ambos cuentan, a corazón abierto, sus años críticos, las estafas emocionales y económicas que sufrieron, sus puntos de quiebre y de qué forma la historia compartida de su amor los unió en un vínculo fuerte y maduro que les permitió construir este presente de gran impacto e influencia en millones. El dolor fue un maestro redentor. Nuestros primeros años han sido severos. En el libro compartimos las experiencias medulares y los momentos catárticos. Sé que requiere mucha valentía exponernos de esta forma, pero también es un acto de servicio, una ofrenda. Queríamos contar nuestra historia y cómo fuimos encontrando estrategias, métodos y acuerdos que nos permitieron fortalecernos y crecer juntos. Permanecer juntos es un arte y requiere técnica. El método que creamos y que ofrecemos en el libro proviene de la gratitud y de la humildad de decir: No todo lo que hemos pasado fue bueno, pero ha sido necesario. Voy a estar contigo a pesar de que, por esta temporada, todo esté mal, explica Anhya Ruiz, quien también tiene una comunidad de seguidores que celebran a diario sus mensajes y la buscan por consejo y consuelo. Ellos abren su pareja en el mejor de los sentidos y desnudan su historia compartida para que muchas personas dejen de romantizar las relaciones y puedan construir vínculos reales, basados en la confianza, el autoconocimiento, los acuerdos y los límites. Sostener es un acto de rebeldía Sostener la pareja es fundamental, siempre y cuando la relación no rompa con la dignidad del otro. Protegerla de las inclemencias familiares, personales, económicas y sociales es una tarea diaria. El amor todo lo puede, pero con estructura y protección. En el amor y en el encuentro hay una cuota de misterio: lo que tenemos es sagrado y lo sabemos, pero para sostenerlo es necesario construir una base sólida y avivar la llama del vínculo todos los días, explica Daniel. En el libro comparten aprendizajes, ejercicios y prácticas para cuidar la pareja, nutrirla y hacerla evolucionar junto con ellos, resistiendo los embates de las cambiantes circunstancias de la vida. Muchas personas se equivocan cuando creen estar enamoradas de alguien que se asemeja a uno por sus gustos y hábitos Nuestra incondicionalidad se forja por haber atravesado juntos muchas crisis vitales y por haber comprendido que ninguno puede salvar al otro. También sabemos que ninguno de los dos puede hacerlo feliz. No somos su respuesta total, pero sí podemos acompañarnos mientras la buscamos. Todo lo que aprendimos requiere mucho trabajo y práctica. En muchas ocasiones tenemos que estar dispuestos a perder algo de lo individual para que gane la pareja, afirma Anhya. Los no negociables Ambos coinciden en que, para lograr acuerdos, el autoconocimiento es fundamental. En el libro hay todo un segmento dedicado a priorizar los acuerdos con uno mismo. Mis no negociables son las humillaciones, los golpes y sentir que pierdo la paz, explica Anhya. Daniel agrega: En mi caso, la mentira con dolo. No podría imaginarme estar con alguien que me mienta. Eso me llevaría al límite. Ajustar los acuerdos sin negociar lo esencial Entre las muchas prácticas que proponen, destacan la importancia de la depuración diaria o, al menos, semanal de los conflictos. Evitar que los problemas se acumulen es fundamental. Discutimos mucho y volvemos a hacer nuevos acuerdos. Muchas veces hay que revisar los pactos y actualizarlos según las experiencias que estamos atravesando, cuenta Daniel. En El amor no se ruega, se riega comparten 350 preguntas de chequeo del vínculo y sugieren elegir algunas al azar cada semana para dialogar sobre ellas. Creen que el amor se trabaja, que hay que hacer acciones concretas que fortalezcan el músculo de la relación. Si supieras que mañana no podrías cambiar nada de mí, ¿seguirías eligiéndome? es una de las preguntas más provocativas de todas sus propuestas. Reparar Ambos hablan sobre la importancia de compartir los silencios y de confiar en que, aunque el otro conozca nuestras peores partes, jamás las usará en contra ni se aprovechará de ellas. Muchas personas se equivocan cuando creen estar enamoradas de alguien que se asemeja a uno por sus gustos y hábitos. Para construir una verdadera relación, necesitan compartir convicciones, valores y formas de sentir la vida. Lo que une a las parejas es algo mucho más profundo que los parecidos superficiales, explica Daniel, mientras la mira a Anhya y agrega: Nosotros tenemos tan poquitas cosas en común, querida. Sin embargo, al leer su historia, uno comprende que comparten una incondicionalidad única. No es solo el respeto y el acompañamiento. Hoy, Daniel acompaña a Anhya a dar sus primeros pasos en la visibilidad pública. Algo similar hizo ella por él cada vez que llegaba a su límite y estaba a punto de desistir. Es una retribución, ¿sabés? Yo durante mucho tiempo creí que esto no era lo mío, que no estaba a la altura. A ella nunca le importó. Ella sabía. Entraba con aspiradora y me quitaba las telarañas. Me ayudó a ver algo que yo no hubiese sido capaz de comprender de mí mismo, cuenta emocionado. Hacia el final, Anhya y Daniel invitan a reconocer lo que sí tenemos y a celebrarlo: un brindis por quienes reparan, por quienes saben que nada es para siempre, pero que lo cuidado dura más; por las promesas cumplidas, por las pequeñas victorias que nadie ve. Y si mañana vuelve el desacuerdo, que nos encuentre del mismo lado de la vereda. Que así sea.
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