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  • Una silla de mimbre: el inesperado elemento de tortura que apareció en una visita al faro de Mar del Plata

    » Tiempo Argentino

    Fecha: 02/05/2026 21:53

    Entre 1976 y 1983 funcionó en Mar del Plata un Centro Clandestino de Detención en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina (ESIM), dependiente de la Fuerza Armada Argentina. A ese lugar fueron llevados centenares de personas para ser interrogadas bajo tortura, muchas de las cuales aún hoy permanecen desaparecidas. Hoy, en esos terrenos, la empresa Burbarrel S.A intenta construir una destilería y bar de Gin, otro emprendimiento privado gentileza de las políticas neoliberales y negacionistas del actual intendente (antes PRO ahora de La Libertad Avanza) Guillermo Montenegro. En los Juicios por la Verdad llevados a cabo a partir del año 2001 y en las causas por delitos de lesa humanidad de que se realizaron años más tarde se escucharon varios testimonios de sobrevivientes que pasaron por esas dependencias militares. Casi todos coincidían en algo, los habían sentado en sillas, maniatados, con los ojos vendados, por largos períodos de tiempo. Alberto Pellegrini, secuestrado el 5 de agosto de 1976, detalló que en su estadía en la ESIM a los detenidos se les asignaba un número y que se encontraban constantemente encapuchados, inmovilizados y en silencio. Durante el día permanecían sentados en sillas de playa de mimbre con la cabeza hacia la pared y por la noche los recostaban sobre una manta. Liliana Gardella, detenida el 25 de noviembre del mismo año, declaró bajo testimonio exactamente los mismo: Permanecí prácticamente todo el tiempo que estuve secuestrada sentada en una silla mirando una pared, con la puerta detrás. Cuando llegaba lo que se suponía que era la noche, me sacaban la silla, me tiraban un colchón y dormía en ese colchón. Pero el testimonio que la describe casi como un instrumento de tormento es el de Pablo Mancini, que con apenas 24 años fue secuestrado y llevado a la Basa Naval para luego ser trasladado al Faro. Con tapones en los oídos, algodón y vendas sobre sus ojos, una capucha cubriendo su cabeza, con los pies atados y esposado, fue llevado a una habitación junto a otras personas. Allí permaneció 80 días, muchas veces sentado por largas jornadas en donde además era sometido a amenazas, golpes y privación del sueño. No éramos más de diez y ponían una música muy fuerte para aislarnos. A los días ya estábamos acostumbrados a dormir en la silla. Todo está guardado en la memoria El pasado 23 de abril, luego de una presentación judicial realizada por familiares de víctimas del terrorismo de Estado, la justica realizó una inspección ocular en los espacios linderos al Faro de la Memoria donde hoy se construye La Restinga (una gintonería) con el objetivo de determinar la posibilidad de que en esa zona se hayan podido enterrar cuerpos de forma clandestina. Pero el operativo, ordenado por el juez Santiago Inchausti, arrojó un resultado inesperado. En un antiguo cuarto sin ventanas, puertas, ni cielo raso, que data de la época en donde funcionaba la ESIM, se halló una silla de playa de iguales características a las mencionadas por los ex detenidos en sus declaraciones. Este presunto calabozo, que podría tratarse de un nuevo sitio vinculado a la represión ilegal, renueva la esperanza de los organismos de derechos humanos y familiares que desde que comenzó la subdivisión de los lotes denuncian que la Escuela de Suboficiales era una unidad funcional única y no parcelas separas como asegura la municipalidad y la empresa interesada. En este punto cabe mencionar el testimonio de Mancini que estando en el Faro recuerda como algunos de sus compañeros eran llevados a zonas un poco más alejadas dentro del Centro Clandestino. O el de Julia Barber, una sobreviviente que mientras duró su cautiverio fue trasladada en un camión junto a otros detenidos para un simulacro de fusilamiento a un terreno muy cercano en donde había muchos árboles. A ella la ataron a un tronco. Escuchó como se formaba el pelotón de fusilamiento, como cargaban sus armas y como disparaban. Luego no sintió nada, pero sí recuerda que otros compañeros fueron heridos porque escuchó casi inmediatamente después de las detonaciones algunos gemidos. Se presume que el sitio donde fue llevaba Julia no es otro en donde la justicia federal encontró el deposito con la silla que perteneció (según los planos de la misma Armada publicados en el año 1973) a la ESIM. En agosto del 2025 cuando Burbarrel S.A presentó un informe de impacto ambiental, incluyo unos dibujos en donde se puede ver la construcción del Bar y el salón gastronómico en medio de un bosque lindante al CCD del Faro. Quizás alguno de esos árboles sea el mismo en donde ataron encapuchada a Julia Barber en 1976 cuando simularon dispararle. Es como si el predio nos hablara Este modelo de silla de mimbre, que por relatos de los sobrevivientes estaba en todo el circuito de la Marina, es la mismo que la hija de Susana Martinelli presentó durante el Juicio Subzona 15, en un dibujo realizado por su madre en la Base Naval y que fue recuperado gracias al aporte de Martín Azcurra, militante social e hijo de uno de los imputados en esa causa, el represor Héctor Raúl Azcurra. Es un símbolo agridulce de la ciudad que por su historia pareciera pendular entre el placer y el horror, de hecho fue el logo del Festival de cine de Mar del Plata en el 2009 y ese mismo año proclamada Patrimonio Histórico, Simbólico, Social, Artístico y Cultural. Su origen es incierto, pero se sospecha que pudo haber sido creada en el año 1912 por mimbreros franceses que residían en el Uruguay y que llegaron contratados para la construcción del puerto marplatense. Estos mismos trabajadores en sus ratos libres realizaban estas sillas cuyo modelo luego fue copiado por canasteros locales que plagaron los balnearios de estos productos artesanales. Pero no es la primera vez que un objeto ligado a los años de plomo en La Feliz surge desde las sombras. En un allanamiento judicial realizado en el año 2002 Marta García, la única mujer sobreviviente de la denominada Noche de las Corbatas, reconoció una mesa que era la utilizada para torturar a los detenidos en el CCD La Cueva. Como diría luego la directora del Colectivo Faro de la Memoria: Cincuenta años después es como si el predio nos diera una señal que no pueden acallar.

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