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  • De arrastrar la pierna a volver a soñar: el renacer de una vicedirectora tras un ACV que encontró en el arte su nueva vida

    » Tiempo San Juan

    Fecha: 02/05/2026 19:54

    Patricia Cornejo siempre fue una mujer en movimiento. Su vida giró durante años alrededor de la educación, una vocación que abrazó desde sus inicios como maestra jardinera y que hoy continúa como vicedirectora del JINZ N°1 Sarmiento-Pocito. Sus días estaban llenos: trabajo, gimnasio, salidas con amigas, el cuidado de sus mascotas y el amor por sus plantas. Una rutina activa, plena, que jamás hizo sospechar lo que estaba por venir. El 6 de febrero de 2025 quedó grabado como un antes y un después. Era una noche calurosa y Patricia regresaba del gimnasio cuando empezó a sentirse extraña. Algo no estaba bien. Llegó al sanatorio y, entre estudios y evaluaciones médicas, su cuerpo comenzó a responder con señales alarmantes: el lado izquierdo empezó a paralizarse. La rapidez fue clave. En menos de tres horas ya estaba medicada y, en menos de 24, internada en terapia intensiva. Tres días después, volvió a su casa. Pero ya nada era igual. Su pierna arrastraba, su brazo estaba inmóvil y su estado anímico había caído en picada. La independencia que había construido durante años parecía desmoronarse. ¿Cómo podía ser que tres días antes hiciera tantas cosas y ahora no pudiera ni vestirme sola?, fue una de las preguntas que la atravesó en ese momento. El golpe no fue solo físico. Fue emocional, profundo. La idea de depender de otros para caminar, para comer, para realizar tareas básicas, se convirtió en uno de los desafíos más difíciles de afrontar. Pero había algo que Patricia tenía claro: había que empezar de nuevo. Y empezó. La rehabilitación no fue sencilla. Fueron días, semanas y meses de esfuerzo constante. Kinesiología, estudios médicos, consultas, caídas que dolían tanto en el cuerpo como en el ánimo. A eso se sumaba la angustia de estar lejos de la escuela, de su lugar en el mundo, y la frustración de no poder escribir, algo esencial para su trabajo. Aquellos pinceles guardados que fueron fundamentales En ese proceso, casi por intuición, apareció una herramienta inesperada. Patricia encontró unos pinceles y pinturas que habían quedado olvidados. Apenas podía sostenerlos, pero decidió intentarlo. Lo que comenzó como un ejercicio para recuperar motricidad fina se transformó, sin que ella lo supiera, en un punto de inflexión. Cada pincelada era un pequeño triunfo. Cada trazo, una señal de avance. La pintura empezó a decir lo que el cuerpo todavía no podía. Y lo que en un principio fue una práctica terapéutica, se convirtió en un refugio. Ocho meses después del ACV, llegó un momento clave. Por su insistencia, su médica le dio el alta para volver a la escuela. Su pierna seguía débil, pero su brazo ya había practicado lo suficiente como para volver a escribir. Ese regreso no fue solo laboral: fue emocional, simbólico, una forma de recuperar una parte esencial de su identidad. Ese mismo día, camino a su casa, algo más sucedió. Patricia encontró un taller de arte. Entró. Carolina, la profesora, la recibió con calidez. Una semana después, ya estaba pintando su primer cuadro. Lo que siguió fue un proceso tan profundo como inesperado. Su autoestima, que había quedado muy golpeada, comenzó a reconstruirse. El taller se transformó en su lugar seguro, en su motor. Allí no solo encontró la pintura, sino también un grupo de personas unidas por la misma pasión, desde niños hasta adultos, y una guía que supo acompañarla con sensibilidad y estímulo constante. Hoy, Patricia va por su cuarto cuadro. Su estado físico ha mejorado notablemente y volvió a realizar muchas de las actividades que formaban parte de su vida antes del ACV. Pero hay algo que cambió para siempre: su forma de mirar la vida. Además, dio un paso más en este camino artístico. Participa en una muestra en el Complejo La Superiora, donde se exponen obras de los alumnos del taller, entre ellas dos de sus cuadros. Un logro impensado meses atrás, cuando apenas podía sostener un pincel. Su historia no es solo una historia de recuperación física. Es un relato de resiliencia, de reconstrucción, de volver a empezar desde un lugar inesperado. De entender que, incluso en los momentos más oscuros, pueden aparecer nuevas pasiones, nuevos caminos. Patricia lo resume en una convicción que hoy la guía: las situaciones difíciles son pruebas que, aunque duelan, pueden hacernos más fuertes. Y que a veces, en medio de la adversidad, se abre la posibilidad de recuperar aquello que alguna vez quedó guardado en un cajón.

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