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» Surenio
Fecha: 02/05/2026 14:28
Estados Unidos buscó cerrar la crisis diplomática abierta por la filtración de un correo interno del Pentágono sobre las Islas Malvinas. Por Redacción Escenario Mundial.- El secretario de Estado, Marco Rubio, minimizó el episodio al calificarlo como solo un mail y redujo las expectativas de que Washington avance hacia un cambio de postura en favor del reclamo argentino de soberanía sobre el archipiélago. La declaración de Rubio apunta a desactivar el impacto político de una filtración que había encendido alarmas en Londres y generado expectativa en Buenos Aires. El correo interno, atribuido a un funcionario de menor rango, evaluaba posibles represalias contra aliados europeos que no acompañaron la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Entre esas opciones aparecía la revisión del apoyo estadounidense a determinadas posesiones británicas, entre ellas las Islas Malvinas. Según la reconstrucción publicada por The Telegraph, Rubio sostuvo que se trató de un intercambio interno con ideas preliminares y no de una propuesta formal de la administración estadounidense. En la práctica, el mensaje del jefe de la diplomacia de Donald Trump fue claro: Washington no se encamina, por ahora, hacia un giro diplomático que respalde la posición argentina frente al Reino Unido. La aclaración se produjo en una semana especialmente sensible para la relación entre Estados Unidos y Reino Unido. La visita de Estado del rey Carlos III a Washington fue leída en Londres como una apuesta de alto perfil para recomponer la relación especial con la Casa Blanca, en medio de tensiones por la guerra en Irán, el uso de bases militares, el reparto de cargas dentro de la OTAN y la propia controversia por Malvinas. En ese marco, la cuestión Malvinas no apareció aislada. Como viene señalando Escenario Mundial, la filtración del Pentágono había expuesto una nueva fricción entre Donald Trump y Keir Starmer, al colocar el reclamo argentino dentro de una discusión más amplia sobre castigos diplomáticos a socios europeos que no acompañaron plenamente la estrategia estadounidense en Medio Oriente. La reacción británica fue inmediata. Londres salió a blindar su posición y recordó que, para el Reino Unido, la soberanía sobre las islas recae en Gran Bretaña, al tiempo que remarcó el principio de autodeterminación de los isleños. Esa línea había sido anticipada por Escenario Mundial, que dio cuenta del cierre de filas británico tras la filtración y del intento del gobierno de Starmer por evitar que la cuestión Malvinas se transformara en una herramienta de presión desde Washington. La posición oficial estadounidense, por su parte, volvió a ubicarse en la fórmula tradicional: Washington reconoce la administración de facto del Reino Unido sobre las islas, pero no toma posición sobre el fondo de la disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido. El Departamento de Estado reiteró esa postura tras la filtración, dejando en claro que no hay una modificación formal de la política estadounidense. El episodio también coincidió con una intensa agenda diplomática británica en Estados Unidos. Además de la visita de Carlos III, la canciller británica Yvette Cooper mantuvo contactos en Washington, donde el tema Malvinas fue parte de la conversación con Rubio. La presencia del monarca permitió a Londres reforzar el componente simbólico de la alianza bilateral justo cuando la filtración amenazaba con instalar una grieta política entre ambos socios. Para Argentina, la filtración había abierto una ventana diplomática inesperada. El gobierno de Javier Milei reivindicó en los últimos días la soberanía argentina sobre las islas, mientras que la vicepresidenta Victoria Villarruel elevó el tono al cuestionar la posición de los isleños. Sin embargo, la respuesta de Rubio y la reafirmación de la neutralidad estadounidense reducen el margen para interpretar el episodio como un cambio real en la política de Washington.
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