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» Perfil
Fecha: 02/05/2026 15:07
Las tormentas de Júpiter volvieron a mostrar una escala difícil de comparar con los fenómenos terrestres. Nuevas observaciones de la misión Juno, de la NASA, indican que algunas descargas eléctricas en el planeta gigante podrían ser hasta 100 veces más potentes que los rayos registrados en la Tierra. El trabajo fue publicado en la revista científica AGU Advances, liderado por Michael Wong, investigador de la Universidad de California en Berkeley, y fue difundido por el medio científico Robotitus. El equipo analizó señales de radio producidas por relámpagos jovianos, detectadas por el radiómetro de microondas de Juno. Juno orbita Júpiter desde 2016 y estudia su atmósfera con instrumentos capaces de observar capas que no pueden analizarse desde la Tierra con el mismo detalle. En este estudio, el radiómetro de microondas permitió identificar emisiones de radio asociadas a descargas eléctricas. El fenómeno tiene un paralelo cotidiano: en la Tierra, los rayos pueden generar interferencias en señales de radio. En Júpiter ocurre algo parecido, aunque en un ambiente mucho más extremo, dominado por tormentas gigantes, vientos intensos y nubes con una química distinta. Por qué los rayos pueden ser tan potentes El resultado no sorprende por completo si se considera el tipo de planeta que es Júpiter. Es el más grande del Sistema Solar y tiene sistemas tormentosos capaces de persistir durante décadas o siglos. La Gran Mancha Roja es el ejemplo más conocido, aunque no el único. El proceso central es la convección, por el cual el calor interno de una atmósfera empuja material hacia arriba. En la Tierra, el aire húmedo asciende con relativa facilidad porque el vapor de agua es más liviano que el aire dominado por nitrógeno. Ese ascenso favorece la formación de tormentas y cargas eléctricas. En Júpiter, la situación cambia. Su atmósfera está compuesta principalmente por hidrógeno, un gas mucho más liviano. Allí, el aire con humedad puede resultar más pesado que el entorno, por lo que necesita acumular más energía antes de elevarse. Cuando ese aire finalmente logra subir, la liberación de energía puede ser más violenta. Ese comportamiento ayudaría a explicar la presencia de descargas eléctricas mucho más intensas que las terrestres y tormentas capaces de superar los 100 kilómetros de altura. Agua, amoníaco y granizo fangoso El mecanismo básico de formación de rayos podría parecerse al de la Tierra. El vapor asciende, se condensa y forma gotas o cristales de hielo. Esas partículas chocan, se cargan eléctricamente y generan diferencias de voltaje hasta que se produce una descarga. En Júpiter, la composición de esas partículas es distinta. Los cristales pueden incluir agua y amoníaco, una mezcla que llevó a los científicos a proponer la existencia de «mushballs», una especie de granizo fangoso que cae dentro de la atmósfera joviana. Los datos también pueden servir para estudiar fenómenos eléctricos terrestres que aún presentan preguntas abiertas. Aunque los rayos forman parte de la experiencia cotidiana en muchas regiones, todavía se investigan detalles sobre las nubes tormentosas, la separación de cargas y los eventos eléctricos extremos. En los últimos años, los científicos identificaron fenómenos luminosos breves vinculados a tormentas, como sprites, jets, halos y ELVEs. Son eventos que duran milisegundos y ocurren en zonas altas de la atmósfera terrestre. Júpiter ofrece otra escala para estudiar procesos similares bajo condiciones muy diferentes. Preguntas que siguen abiertas Los rayos más potentes implican diferencias de voltaje mayores, pero aún no está claro qué factor pesa más en esa intensidad. Puede influir la atmósfera de hidrógeno, la altura de las tormentas, la composición de las nubes o la energía acumulada antes de que el aire húmedo consiga ascender. Por ahora, Júpiter ofrece un laboratorio natural extremo para observar tormentas fuera de los límites terrestres. Sus descargas eléctricas muestran que el planeta gigante no funciona como una simple ampliación de los procesos conocidos en la Tierra. DCQ
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