02/05/2026 13:16
02/05/2026 13:14
02/05/2026 13:14
02/05/2026 13:14
02/05/2026 13:14
02/05/2026 13:14
02/05/2026 13:13
02/05/2026 13:13
02/05/2026 13:13
02/05/2026 13:13
Parana » AIM Digital
Fecha: 02/05/2026 11:48
En Argentina conviven consumos cada vez más contrastantes. Mientras una parte de la población reorganiza gastos, busca promociones y descuentos de precios y fragmenta compras para llegar a fin de mes, el segmento de mayores ingresos amplía consumos vinculados con viajes al exterior, bienestar, gastronomía premium y experiencias exclusivas. En esa misma pirámide social existen hogares que reducen gastos cotidianos y otros que vuelan en business, utilizan salones VIP y compran ropa de grandes marcas internacionales. La diferencia también aparece en los ingresos. Según un estudio de la consultora Moiguer, el sector alta representa el 6 por ciento de la población argentina -unas 2,8 millones de personas distribuidas en 800 mil hogares- y concentra el 34% de la riqueza del país. Dentro de ese o el ingreso familiar promedio mensual alcanza los 7.900 dólares. Mientras que en el denominado segmento top, equivalente al 1 por ciento de la población, el promedio escala hasta 16.000 dólares mensuales. En el resto de la pirámide, la franja media representa 44 por ciento de la población y la baja alcanza al 50 por ciento. El informe detectó también que el ingreso salarial promedio en Argentina ronda el equivalente a 770 dólares mensuales, un dato que expone la distancia económica entre segmentos y explica consumos muy diferentes dentro de un mismo contexto económico. El estudio de Moiguer denominado Clase Alta Argentina: Los 7 insights capitales plantea que la relación social con la riqueza cambió durante los últimos años. El 59 por ciento de los consultados afirmó que en la Argentina no se mira mal al que tiene plata, mientras que entre los sectores bajos ese porcentaje llegó al 66 por ciento. Fernando Moiguer, CEO de la consultora, dijo a Infobae: que la clase alta vuelve a hablar y se pone en el centro de la escena. Según planteó el informe, el segmento dejó atrás la lógica de invisibilizar el patrimonio dentro de la clase media y comenzó a mostrar consumos y estilos de vida con mayor naturalidad. Tres perfiles dentro de un segmento La investigación identificó tres perfiles dentro de los sectores de mayores ingresos. Herederos, representan el 44 por ciento del segmento. Se trata de familias que administran patrimonio y mantienen códigos tradicionales vinculados con la distinción social. Autoconstruidos, equivalentes al 39 por ciento del universo analizado. Allí aparecen profesionales y emprendedores que expandieron la posición económica familiar mediante trabajo, negocios o crecimiento profesional. El informe señaló que este grupo asocia el consumo con señales de mérito y progreso personal. Fast money, representa el 17 por ciento restante. Según la consultora, se trata de personas que alcanzaron altos niveles de liquidez fuera de los circuitos económicos tradicionales y utilizan el consumo como forma visible de pertenencia social. La forma de consumir también marca diferencias claras respecto del resto de la población. El 50 por ciento de la franja alta de ingresos cuenta con una segunda vivienda para vacaciones o fines de semana, contra apenas el 5 por ciento de los sectores medios y bajos. En el caso de los automóviles, 88 por ciento del segmento alto posee vehículo propio y 44 por ciento tiene unidades con menos de tres años de antigüedad. Dentro de la franja top, 74 por ciento cuenta con tres autos o más. Entre los sectores medios y bajos recursos monetarios, en cambio, el 56 por ciento posee automóvil y solo 16 por ciento tiene vehículos relativamente nuevos. El relevamiento también mostró diferencias importantes en consumos asociados al tiempo libre. El 29 por ciento de la clase alta posee embarcaciones náuticas, como lanchas o yates, frente al 3 por ciento registrado entre los sectores medios y bajos. Uno de los rasgos más marcados del informe apareció en el vínculo entre bienestar y status. Según Moiguer, el cuidado físico y emocional pasó a formar parte de la identidad de los sectores de mayores ingresos y se convirtió en otro diferencial de consumo. El 46 por ciento de la clase alta realiza actividades vinculadas con yoga, meditación o ayurveda, mientras que en las clases media y baja ese porcentaje llega al 30 por ciento. Entre el segmento top, 47 por ciento participa de experiencias de respiración, meditación o actividades similares. Además, 53 por ciento incorpora suplementos nutricionales, vitaminas o prácticas de alimentación detox. En los sectores medios y bajos, el porcentaje cae al 25 por ciento. La diferencia también apareció en la práctica deportiva. La franja de altos ingresos practica, en promedio, 3,5 deportes, contra 1,7 entre los segmentos medios y bajos. El 42 por ciento viaja específicamente al exterior para participar de maratones, ski o surf, mientras que entre el resto de la población ese comportamiento alcanza al 15 por ciento. La experiencia de viajar Los viajes funcionan como otro gran diferenciador dentro de la pirámide social argentina. El 71 por ciento de la franja alta realiza dos o más viajes al resto del mundo por año y 18 por ciento concreta cuatro o más viajes anuales. Entre los sectores medios y bajos, solo 36 por ciento logra hacer dos viajes o más y apenas el 2 por ciento supera las cuatro salidas anuales. El informe indicó además que 73 por ciento de la clase alta viajó durante los últimos cinco años a destinos fuera de Sudamérica. Estados Unidos, Europa y el Caribe encabezaron el ranking de preferencias. En los sectores medios y bajos, solo 12 por ciento hizo viajes de larga distancia. Los hábitos vinculados con los vuelos también exhibieron diferencias importantes. El 80 por ciento de la clase alta utiliza salones VIP en aeropuertos con alguna frecuencia, mientras que el 63 por ciento viaja habitualmente en business o primera clase. Entre las clases media y baja, esos porcentajes descienden al 18 por ciento y 12 por ciento, respectivamente. Incluso el acceso a vuelos privados mostró una brecha marcada: el 27 por ciento de la clase alta viajó alguna vez en avión privado, contra apenas el 4 por ciento de los sectores medios y bajos. En materia financiera, los sectores de mayores ingresos también exhibieron hábitos específicos. El 65 por ciento utiliza programas bancarios premium y maneja en promedio cuatro aplicaciones financieras o billeteras digitales. Entre las clases media y baja, el promedio baja a 2,7 aplicaciones. Además, el 25 por ciento utiliza plataformas especializadas para operar bonos, acciones o criptomonedas, frente al 14 por ciento registrado entre los otros segmentos. Las diferencias de consumo cotidiano también aparecieron en gastronomía y compras personales. El 64 por ciento de la clase alta sale a comer afuera o pide delivery varias veces por semana, contra el 26 por ciento registrado en los niveles medios y bajos. En indumentaria, 44 por ciento compra ropa y calzado habitualmente en shoppings. Dentro del segmento top, 56 por ciento compra ropa en el exterior durante viajes internacionales. El informe reveló además que 65 por ciento conoce o consumió marcas internacionales como Lululemon, Alo, Moncler, Longchamp, Farm Rio o The North Face, mientras que entre las franjas media y baja ese porcentaje desciende al 24 por ciento. El estudio también detectó una fuerte participación comunitaria dentro de los sectores altos. El 76 por ciento afirmó que realizó actividades solidarias, donaciones o colaboraciones económicas con organizaciones y familias. Entre los sectores medios y bajos, ese indicador alcanzó al 51 por ciento. La ingeniería de la liquidez Aunque los hábitos de consumo muestran diferencias fuertes entre segmentos, el informe mostró que existe un rasgo que atraviesa a gran parte de la sociedad argentina: la búsqueda de eficiencia al gastar dinero. Otro relevamiento de Moiguer correspondiente al primer trimestre de 2026 mostró que el consumidor argentino reorganiza compras mediante promociones, múltiples medios de pago y comparación permanente de precios. La consultora definió ese fenómeno como una ingeniería de la liquidez. Incluso entre los sectores de mayores ingresos aparece esa lógica. El informe sobre clase alta indicó que ocho de cada diez personas valoran comprar de manera inteligente, aun cuando tienen capacidad económica para pagar más caro. La pérdida de fidelidad hacia marcas y canales también aparece como una tendencia transversal. Según el relevamiento general de consumo, el 83 por ciento aseguró que ya no mantiene fidelidad hacia ninguna marca específica y el 86 por ciento incorporó alternativas nuevas durante el último año. Además, el 30 por ciento realizó compras online en el exterior y el 43 por ciento afirmó que estaría dispuesto a elegir productos importados incluso si eso afecta el empleo local.
Ver noticia original