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» Clarin
Fecha: 02/05/2026 06:42
Javier Milei no parecía estar nervioso. Faltaban minutos para la presentación de Manuel Adorni en el Congreso, una verdadera prueba de fuego para el funcionario, y la plana mayor del Gobierno aguardaba en el despacho de Martín Menem. El Presidente relataba frente a un grupo de ministros, una vez más, lo movilizante que había sido su viaje a Israel. En un rincón, Santiago Caputo, en soledad, permanecía atrapado en la pantalla de su celular. En otro extremo, Lule Menem, con quien el asesor se lleva pésimo, relojeaba el quórum. Ni bien se avisó que estaba por arrancar la sesión, todos marcharon a los palcos que dan al recinto. Y así se inició el show. El Presidente pasó de la emotividad, de la evocación espiritual, al modo barrabrava sin escalas. A los gritos, desde el balcón, como si fuera un paravalancha imaginario. Hacía gestos, alzaba las manos, aplaudía. ¡Ustedes son asesinos!, le lanzó a diputados de izquierda. A la salida, se topó con periodistas que lo consultaron sobre Adorni y, con el rostro desfigurado, los tildó de chorros. Milei es consciente de los pasos que da. Eligió deliberadamente embestir contra los medios de comunicación y desacreditar al periodismo en su conjunto como estrategia defensiva ante los cuestionamientos cada vez mayores sobre la gestión y los casos de corrupción. Es cierto que la posición de ataque marida con su personalidad, como también lo es que matizó las dosis de agresividad y los giros discursivos cuando lo necesitó. Soy loco pero no boludo, sostuvo, en más de una oportunidad. En el informe anual 2025 de Fopea, que acaba de ser publicado, queda reflejado que en el segundo semestre del año pasado el Presidente redujo la cantidad de agravios en las redes. Coincidió justamente con la campaña electoral, cuando en las encuestas se percibía un rechazo al estilo presidencial. En agosto, antes de su promesa de moderar su conducta, se contabilizaron 522 insultos; mientras que en noviembre, llegó a 278. Es decir, descendió a casi a la mitad. Es un león que cuando quiere, no ruge. Esa misma regla que denota un manejo del cálculo se puede aplicar para feroz división interna del Gobierno: los que creen que Karina manipula a Javier o, al revés, que Santiago manipula a Javier, deberían preguntarse si no es Javier quien maneja el juego para administrar a ambos mundos, en apariencia, incompatibles. En relación a la pelea con los medios y la disidencia de opinión, no está claro si se llegó a un punto de no retorno. Elisa Carrió anticipó el inicio de un Estado autoritario, pero en el camino la Casa Rosada decidió dar marcha atrás con el cierre de la sala de periodistas, un hecho inédito. El clima hostil tiñe la conversación pública y la dicotomía esclavo-enemigo permea en los diversos ámbitos. Javier, por momentos, tiene una relación tóxica con la sociedad, pero vuelve a recomponer. Lo vimos en la evolución de su imagen, describe un funcionario. En la Casa Rosada admiten que atraviesan por un mal trance, pero prácticamente nadie propone golpes de timón y, los más voluntaristas, prefieren creer que el Presidente se guarda un as bajo la manga. Según el último sondeo de AtlasIntel y Bloomberg, correspondiente a abril, la aprobación de Milei registró el valor más bajo desde que asumió: 35,5% aprueba su desempeño, mientras que el 63% lo desaprueba. El Presidente sabe que el bolsillo erosiona su respaldo popular, aún así defiende su receta y destina parte de su tiempo al debate académico sobre autores en el marco de la batalla cultural. En lo que va el año, expuso sobre Adam Smith, John Maynard Keynes y pronto le tocará el turno a Milton Friedman. La agenda pública del Presidente Milei se aburre con la negociación política y partidaria, tarea que delegó en su hermana. Las actividades públicas que le arman se basan en disertar en algún foro afín o participar de eventos puntuales, como fue la visita al portaaviones USS Nimitz, en Mar del Plata. Al Presidente lo entusiasma el despliegue militar y el Gobierno construye su narrativa con la reconstrucción de la defensa nacional. La jornada de participación en los ejercicios conjuntos en el Atlántico Sur fue organizada por la embajada de Estados Unidos, que hace un mes cursó las invitaciones. En el comunicado de Presidencia de la Nación, hubo dos participantes que no fueron mencionados, no aparecen en las fotos, pero sí estuvieron: Santiago Caputo y el senador Francisco Paoltroni. El legislador de La Libertad Avanza, que fue expulsado del bloque y luego volvió, entabló hace poco un vínculo con Peter Lamelas a partir del interés de Estados Unidos en el proyecto de inversión de la empresa Nano Energy para finalizar la planta de uranio de la firma estatal Dioxitek, en Formosa. Sería por unos 200 millones de dólares y el objetivo no es sólo producir dióxido de uranio, sino agregar una instalación complementaria para generar hexafloruro de uranio destinado a exportación, un dato muy relevante. Paoltroni ya pidió apoyo para su proyecto de intervenir la provincia gobernada por Gildo Insfrán hace 30 años, pero aún nadie le da luz verde. ¿Lo ayudará la embajada? En tanto, Caputo, el otro borrado del parte de prensa, sí supo aprovechar este tiempo los guiños de la administración de Donald Trump. Prácticamente todas las semanas aparecen comunicados de organismos estadounidenses elogiando dependencias argentinas bajo su órbita. El último fue este jueves, cuando el FBI felicitó al recientemente creado Centro Nacional de Antiterrorismo. El asesor presidencial está en desventaja en la interna con Karina, pero sobrevive y busca influir en las áreas que ya no maneja. No está muerto quien pelea, dice el refrán. Hizo un mensaje desde su cuenta oficial de X para cuestionar a Horacio Rosatti, por una declaración que había realizado el presidente de la Corte y podía sonar amigable para Milei. Eso es exactamente lo que no quiere Caputo: un acercamiento con otro sector de la Justicia. El Presidente cultivó una relación personal con Ricardo Lorenzetti, previo a su mandato, solidificada luego por Caputo. El juez estuvo detrás del fallido plan que postuló a Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla para el Máximo Tribunal. Con el cambio de mando en el Ministerio de Justicia, Lorenzetti activó un mínimo diálogo con los actuales interlocutores: habló por lo menos una vez con Juan Mahiques, el nuevo ministro, y dos veces con Santiago Viola, su segundo. Poder Judicial, en ebullición El Poder Judicial está en ebullición. Mahiques-Viola enviaron más de 100 pliegos de jueces, fiscales y defensores, incluidos nombres polémicos. La próxima semana entra una tanda de entre 40 y 45 nominaciones acordadas con algunos gobernadores y senadores. No hay designación que no pase primero por el despacho de Lule Menem, y el posterior sello de Karina. Si todo avanza, habrán rediseñado gran parte de la estructura judicial de la Argentina. Lo más impresionante es que Milei prácticamente no conoce a Mahiques. Esa es la razón por la que viajó a Israel como parte de la comitiva. Fue iniciativa de Karina para lograr una aproximación. Siempre que quiere generar un vínculo directo de una persona con su hermano, ella elige los espacios adecuados para sembrar la semilla. Lo paradójico es que mientras las dos alas internas se pelean, reciben ambas malas noticias en Tribunales. La causa de Adorni (soldado de Karina) no descansa. Y se reimpulsó una investigación contra el titular de Arca, Andrés Vázquez (soldado de Caputo), por presunto enriquecimiento ilícito, lavado y evasión. Un lose-lose. En el tablero judicial, hay casilleros por completar que despiertan especial interés. Por ejemplo, si Karina dará el OK para nombrar a Juan Rodríguez Ponte, ex secretario y cercano a Lijo, quien hoy acumula y avanza velozmente con las causas más sensibles en contra del Gobierno. Si uno ve los resultados del concurso para el juzgado federal 2 de Lomas de Zamora, es difícil esquivarlo: quedó primero con el mayor puntaje. La segunda, Ana María Juan, esposa del juez Marcelo Martínez De Giorgi, fue designada para un juzgado en Hurlingham. La tercera, María Julia Sosa, secretaria del juez Julián Ercolini, quedó para un tribunal oral en La Plata. O sea, no les queda nadie. En el medio, Rodríguez Ponte recibió una grata novedad. Hace años que viene reclamando presupuesto para actualizar la tecnología del área que conduce: la estratégica Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (Dajudeco). Se trata de la oficina de escuchas, la única habilitada para chupar los teléfonos, previa autorización judicial. Muchas historias oscuras se tejieron alrededor de la Ojota, como se conocía a la división cuando dependía de la SIDE, y sobre la que siempre ejerció influencia el ex espía Antonio Stiuso. En 2016, pasó al organigrama de la Corte. En marzo se publicaron pliegos para una licitación internacional, lo que inquietó a empresarios conocedores del rubro por dos razones: esta vez no tenían el dato y se hacía a través del Ministerio de Seguridad. La explicación que aportan tanto desde la Casa Rosada como desde la Justicia es que la propuesta había sido articulada por Patricia Bullrich, y existía un convenio con la Corte que permite el proceso administrativo. La premura en el trámite obedece a que la tecnología de intervención de comunicaciones de la Dajudeco está limitada a la captura de voz en redes 2G y 3G, que están siendo discontinuadas globalmente y también en el país. Una vez que eso se termine, se perderá la capacidad de interceptar líneas con las herramientas obsoletas actuales. Una postal insólita del país al que Peter Thiel, el rey de los bits, le puso el ojo. Sobre la firma Newsletter Clarín
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