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» TN
Fecha: 02/05/2026 05:47
Hay una frase que Andrés Mac Allister repite como un mantra: Presto mucha atención a mi intuición, pero también creo en el momento. Para este argentino de 35 años, el momento tardó una década y media en llegar, pero cuando lo hizo, lo encontró en el epicentro de la tecnología mundial. Hoy, desde las oficinas de la Draper University en California, Andrés mira hacia atrás y ve una línea punteada que une una clase de álgebra en Rosario con el futuro de la Inteligencia Artificial. Andrés nació en Pergamino, en el norte bonaerense, en 1990, precisamente en una casa donde la curiosidad no era una opción, sino el lenguaje cotidiano. Hijo de una profesora de física y matemática y de un piloto, creció rodeado de mapas, fórmulas y el olor a tinta de la imprenta que fundaron sus abuelos. Leé también: Tiene 23 años, la echaron del trabajo y creó una pyme para mujeres electricistas: En un día gano $200 mil Mis juguetes fueron toda la vida herramientas, confesó Andrés a TN, con la seguridad de quien sabe que su destino se escribió desarmando motores: No hay juguete que no haya desarmado o usado para hacer otra cosa. Esa capacidad de ver otra cosa donde los demás ven un objeto terminado fue lo que lo llevó, años después, a cuestionar las bases de la matemática moderna. Tras un bachillerato biológico en la Escuela Normal Superior de Pergamino, se mudó a Rosario para estudiar ingeniería. Pero el espíritu emprendedor, ese que vio en sus abuelos, pudo más que la estructura académica. Empecé ingeniería industrial pero no terminé. Me hice emprendedor en el rubro de la electrónica durante mucho tiempo, y eso me llevó de lleno a la programación, el software y estas rarezas de la IA que hago ahora, explicó. La idea que nadie quiso El punto de giro de esta historia ocurrió en 2010. Andrés estaba sentado en un aula, cursando Álgebra y Geometría, cuando vio algo entre los vectores que nadie más veía. Me motivé porque creí haber descubierto un teorema. Lo compartí con mi familia y con una profesora, pero ella me dijo que no era un teorema, sino una propiedad de la matemática que no tenía ningún uso en ese momento, recordó. Lejos de frustrarse, Andrés guardó la idea con una pizca de ironía: Recuerdo haber contestado: seguramente Google lo usa para algo. Se sentó sobre esa idea durante 15 años. No sabía que estaba incubando la semilla de The SEMQ Group, su actual startup. ¿Cómo funciona su invento? Para el ciudadano de a pie, la Inteligencia Artificial parece magia, pero para Andrés es una cuestión de eficiencia y símbolos. Su tecnología, llamada SEMQ, actúa sobre los embeddings. Para que se entienda: los embeddings son los libros que la IA utiliza para entender nuestro mundo. SEMQ es una forma de resumir esos libros resaltando las palabras clave, explicó de forma magistral. Pero hay un truco: ese resumen no es en palabras, sino en símbolos. Si yo les digo la palabra libro, ustedes no piensan en la definición de la palabra, piensan en su representación simbólica. La IA que habilitamos nosotros, también. Al eliminar la información redundante, Andrés logró que la IA ocupe menos memoria y gaste menos energía, resolviendo un problema que hoy desvela a empresas como Google o Meta: el altísimo costo de mantener estos cerebros digitales. El avance no pasó desapercibido. El proyecto llegó a Draper Cygnus, el fondo que actúa como brazo latinoamericano de la red global impulsada por Tim Draper, el legendario inversor de Silicon Valley, y que hoy lidera la ronda de inversión de la startup. Andrés fue invitado al programa Draper Hero Training. Es realmente increíble todo lo que pasa acá. Participo de actividades, reuniones con fondos de inversión y espacios de networking con proyectos seleccionados entre cientos de todo el mundo, contó sobre su presente en California, donde también interactúa con ex directivos de compañías como Globant y Facebook. La beca es integral y le permite enfocarse de lleno en conectar con empresas que quieran bajar sus costos operativos. La idea es estar acá hasta finales de mayo, abriendo puertas que antes parecían imposibles, señaló. Una mirada al futuro: Ser más humanos A pesar de los debates apocalípticos sobre los robots, Andrés tiene una visión optimista y profundamente social sobre su trabajo. La IA es una herramienta que vino para quedarse y recién está comenzando. Todos aquellos que teman a ser reemplazados deberían pensar lo opuesto, reflexionó. Para él, la humanidad está en el momento más fascinante de la historia. Estamos tocando cosas de ciencia ficción que curan enfermedades y facilitan la comunicación. La tecnología viene para que los humanos seamos eso, más humanos. Si la adoptan, van a ver cómo agrega valor en todo momento tanto a las personas como a sus trabajos. Andrés Mac Allister ya no es el chico que desarmaba juguetes en Pergamino, pero en el fondo, sigue haciendo lo mismo: desarmar la realidad para entender cómo funciona y, sobre todo, para encontrar una forma mejor de volver a armarla.
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