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Fecha: 29/04/2026 21:28
La expresión poner las manos en el fuego viene de la Edad Media. En aquel entonces se practicaban los llamados juicios de Dios: al acusado se lo obligaba a sostener un hierro al rojo vivo o a meter las manos en el fuego. Si las heridas sanaban bien, era inocente. Si se infectaban o empeoraban, era culpable. La lógica era simple: Dios protegería al inocente. Un poco arcaico. Un poco salvaje. La pregunta que flota hoy en el ambiente político es otra: ¿por qué nadie quiere poner las manos en el fuego por Manuel Adorni? Siempre decimos que poner las manos en el fuego por otra persona es muy riesgoso, porque te podés quemar. Vale recordar que en su momento Cristina Kirchner tampoco quiso poner las manos en el fuego por el inefable Julio De Vido, a pesar de que fue 8 años ministro de Economía de Santa Cruz, cuatro años ministro de Gobierno de la misma provincia y 12 años ministro de Planificación Federal. Es decir: 24 años consecutivos como el cajero de los Kirchner. Y aun así, Cristina no quiso bancarlo. ¿Por qué entonces el presidente sostiene a Manuel Adorni sabiendo que hay tantos gastos que no cierran? La cuenta es simple: gastos por US$122.354 en los últimos dos años con un ingreso mensual promedio de US$2.500. Más aún: es muy probable que el jefe de Gabinete sea llamado a declaración indagatoria en los próximos días, lo que lo convertiría en el primer jefe de Gabinete en actividad en pisar los Tribunales de Comodoro Py y posiblemente ser procesado. Más allá del show de la comparecencia, los datos de imagen son contundentes. Según la consultora Trends, la imagen negativa de Adorni se disparó del 43% al 64%, mientras que la positiva se derrumbó del 45% al 30%. Según Zuban Córdoba, la negativa llegó al 66% y la positiva se hundió al 21,5%. Aun así, el presidente decidió mantenerlo e incluso protegerlo. De hecho, la presencia de Milei en el Congreso, en el medio del interrogatorio, fue un mensaje para todo el sistema político. Lo que quiso decir fue claro: Digan lo que quieran, critiquen, cuestionen, griten, pataleen, pongan cartelitos, pero no lo pienso tocar. Las explicaciones pueden ser muchas. ¿Será que Adorni sabe otras cosas? No lo sabemos. ¿Será que el presidente piensa que si cae Adorni, después van por él? No lo sabemos. ¿Será que entregarlo se puede sentir como un gesto de debilidad? Es posible. ¿Será que se lo pide su hermana Karina? Como sea. Lo que llama la atención es que el presidente no haya registrado en estos casi dos meses que lo que molesta no son los departamentos, ni los viajes, ni el avión privado, ni el country, sino el choque con el relato. Ese relato que decía: Me vengo a cargar a la casta, no venimos a ser como ellos, venimos a ser distintos, no venimos a enriquecernos con el Estado, no venimos a atornillarnos en el poder, no somos lo mismo. Vale recordar que el mismo Adorni, como periodista, fue muy crítico de situaciones típicas de casta. Por ejemplo, el caso del yate de Insaurralde en Marbella con Sofía Clerici. La imagen del loco con la motosierra simbolizaba arrasar con los privilegios de la casta. Esa motosierra significaba cortar los yates, los aviones privados, los choferes, los asesores, los custodios, los ñoquis, los contratos con amigos, los acomodos, las amantes en el Estado, los sobresueldos. Más fácil: cortar con la vida de palacio. Cortar con la enorme distancia entre la sociedad y el poder político. Leé también: Milei cruzó a una diputada de la izquierda que interrumpía a Adorni: ¡Ustedes son los asesinos! La gente se cansó del kirchnerismo no solo por la inflación, la inseguridad o la corrupción, sino también por la desconexión con la realidad. Alberto enfiestado con chicas en la cuarentena. Cristina haciéndose llevar los muebles de los hoteles en el Tango 01. Espinoza gobernando La Matanza desde una torre de Puerto Madero. Boudou hablando de redistribución del ingreso mientras se robaba una imprenta y se compraba una colección de motos de alta gama. Eso también agotó a la sociedad argentina. Entonces, las críticas a Manuel Adorni no son por el espejo del baño, ni por la escribana impresentable que se parece a un sketch de Gasalla. El enojo de la opinión pública tuvo y tiene que ver con la falta de coherencia entre lo prometido y lo hecho: la señora de Adorni en el avión presidencial, el country, un departamento, viajes en primera, miles de dólares en free shops, hipotecas con jubiladas. Todo con un sueldo que no cierra con esos gastos. Ahora bien, la pregunta que nadie se anima a responder es la siguiente: ¿por qué a todos les molesta lo de Adorni pero a nadie le molestan los miles de millones de dólares que se robaron con las SIRA de Sergio Massa? ¿Por qué están todos legítimamente preocupados y angustiados por el departamento de Caballito de Adorni, pero nadie se preocupa por las mansiones, los autos de lujo, las financieras y los hoteles que se compraron con los miles de millones de dólares que se regalaron con el festival de SIRA de Tombolini y Massa? Tomemos un día cualquiera del final de la gestión Massa. El 23 de octubre de 2023, el dólar oficial estaba a $365 y el blue a $1.100: una diferencia del 201%. Ese año se importó por U$S 75.000.000.000. Según informó La Nación, se detectaron coimas de hasta el 15% en al menos cuatro permisos para importar durante el gobierno de Alberto Fernández. La cuenta es sencilla: si la coima fue del 5% por operación, se llevaron US$3.750.000.000. Si fue del 10%, US$7.500.000.000. Si fue del 15%, US$11.250.000.000. ¿Quién era el funcionario que autorizaba las SIRA? Matías Tombolini, secretario de Comercio, muy cercano a Sergio Massa. ¿Por qué el Congreso nunca convocó a Tombolini, a Massa, a Miguel Pesce del BCRA o a Guillermo Michel de la Aduana para que dieran explicaciones? La respuesta es la misma de siempre: indignación selectiva. Se indignan con justa razón porque Adorni no puede explicar los gastos con la American Express. Pero se hacen los distraídos con el robo del siglo. Tomemos el cálculo más conservador: supongamos que se despilfarraron US$3.750 millones del Estado. Con eso se podrían haber construido 37.000 viviendas sociales, urbanizado 150 villas enteras, construido 3.000 escuelas, 10.000 jardines de infantes, 300 hospitales medianos, comprado 3.000 colectivos 0 km, construido 10 km de subte y 2.000 km de rutas nuevas. Leé también: Video: los cánticos y los gestos de apoyo de Milei y su gabinete cuando presentaron a Adorni en el Congreso A ver si alguien en el kirchnerismo, en el peronismo o en el massismo se anima a poner las manos en el fuego por esto. Esto no explota ni explotará nunca porque Sergio Massa es el político con mayor capilaridad en el sistema: jueces, fiscales, empresarios, periodistas, encuestadores, políticos. Es un hombre con una habilidad extraordinaria para conseguir protección del establishment argentino. Por eso no hace falta poner las manos en el fuego. Sencillamente porque los ladrones de guante blanco tienen las manos siempre a salvo. Opiniones libres; hechos sagrados.
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