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Fecha: 29/04/2026 22:38
La inteligencia artificial ya forma parte de la operación diaria de muchas empresas, pero su adopción masiva dejó expuesta una paradoja: tener IA no significa generar valor. Aunque el 88% de las compañías a nivel global ya utiliza esta tecnología en alguna función, el 95% de las iniciativas no consigue un impacto real en el negocio. Ese diagnóstico atravesó Innovattek Argentina 2026, el encuentro organizado por Softtek en Buenos Aires, donde ejecutivos y especialistas analizaron cómo las organizaciones pueden pasar del entusiasmo inicial a resultados concretos. La discusión dejó una idea central: el desafío pasó de estar en la implementación de herramientas con inteligencia artificial a cómo integrarlas con una estrategia clara, datos ordenados, procesos adecuados y una cultura interna capaz de acompañar el cambio. De los copilotos a los sistemas autónomos Uno de los cambios más profundos dentro de las empresas es el paso de los modelos de asistencia, como los copilotos, hacia sistemas con mayor capacidad de acción. Ese nuevo paradigma, conocido como IA agéntica, ya forma parte de la agenda de más del 50% de las compañías a nivel global. A diferencia de las herramientas tradicionales, estos sistemas van más allá de responder preguntas o asistir a una persona en una tarea puntual. La lógica cambia: se les pueden delegar objetivos completos para que actúen, tomen decisiones e interactúen con otros agentes. Ya no se trata de personas usando herramientas, sino de equipos que trabajan con agentes a los que se les delegan tareas completas, explicó Antonio Macías, vicepresidente de servicios digitales de Softtek. El impacto puede modificar la forma en que se organizan los procesos. Actividades que antes avanzaban de manera secuencial, como pruebas o desarrollos, ahora pueden ejecutarse en paralelo. Eso acelera los tiempos, pero también obliga a las empresas a revisar cómo convierten esa velocidad en valor concreto. Leé también: El peligro de la inteligencia artificial sin control: qué es la Shadow IA y cómo afecta a las empresas El error de avanzar por FOMO La presión por no quedarse afuera (FOMO) de la ola de inteligencia artificial lleva a muchas organizaciones a tomar decisiones apuradas. Según los especialistas, uno de los errores más comunes es empezar por la herramienta y no por el problema. Incorporar inteligencia artificial por moda o presión competitiva puede derivar en proyectos técnicamente correctos, pero desconectados de las necesidades reales del negocio. El problema se agrava cuando las empresas tienen datos fragmentados, procesos poco claros o estructuras internas que no están preparadas para escalar nuevas formas de trabajo. En esos casos, la tecnología puede funcionar en una prueba piloto, pero perder eficacia cuando intenta integrarse a la operación cotidiana. El desafío también es cultural La transformación exige modelos, infraestructura, software y una cultura interna preparada para incorporar nuevas formas de trabajo. La resistencia de los equipos, el miedo al reemplazo y la falta de espacios seguros para experimentar aparecen como barreras centrales para escalar proyectos de inteligencia artificial. A nivel global, distintos relevamientos muestran que el 82% de la población nunca utilizó inteligencia artificial y que menos del 1% accede a herramientas profesionales. En ese escenario, quienes ya trabajan con estas tecnologías dentro de las organizaciones cumplen un rol clave: acercan el cambio a equipos que todavía no lo incorporaron en su rutina. La adopción de IA requiere acompañamiento, capacitación, criterios de uso y una conversación interna sobre qué tareas conviene automatizar, cuáles deben mantenerse bajo supervisión humana y cómo se mide el impacto real. Leé también: Más que matches: cómo la inteligencia artificial redefine las apps de citas Los perfiles técnicos pasan de ejecutar a supervisar La llegada de agentes inteligentes redefine el rol de los profesionales humanos. Los equipos técnicos empiezan a ocupar una función más amplia: supervisar, validar y coordinar sistemas autónomos. Ese cambio exige nuevas habilidades. Operar una herramienta o completar una tarea representa apenas una parte del trabajo. También se vuelve necesario diseñar interacciones, revisar resultados, coordinar flujos de trabajo y entender cómo se integran distintos agentes dentro de un proceso más complejo. Una tecnología que cambia cómo decidimos Pero el impacto de la inteligencia artificial excede el mundo corporativo. En Innovattek Argentina 2026 también se habló de cómo la IA modifica la forma en que las personas se informan, se vinculan y toman decisiones. El algoritmo ya no es código, es un guionista invisible de la realidad, planteó Joan Cwaik, primer orador del evento y especialista en tecnologías emergentes, al advertir sobre el papel de los sistemas digitales en la construcción de percepciones y comportamientos: en un entorno de hiperpersonalización y sobrecarga informativa, aparece un riesgo cognitivo: delegar decisiones en sistemas capaces de reforzar ideas previas y condicionar la manera en que se interpreta la realidad. La inteligencia artificial ya está instalada en las organizaciones. A partir de ahora, la ventaja estará en integrarla con criterio, generar valor medible y mantener el control humano sobre sistemas cada vez más autónomos.
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