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  • Perdimos todo: el dramático relato del exfutbolista argentino Gastón Firpo tras sobrevivir a un trágico accidente vial en Ecuador

    » Clarin

    Fecha: 29/04/2026 06:33

    Sobrevivir y volver a empezar. Esa es la historia del ex futbolista argentino Gastón Firpo y su pareja Jazmín Repetto, que viajaban en el micro de la Cooperativa San Luis que cayó por un barranco y se incendió el pasado 15 de abril en las cercanías de Cuenca, en Ecuador. Firpo, de 40 años y con pasado en clubes como Midland, San Martín de Burzaco, Claypole y Argentino de Quilmes, entre otros, se dirigía a Guayaquil junto a su pareja en lo que era un viaje más. Mochilas cargadas, rutas nuevas y la ilusión de seguir recorriendo el país, como acostumbran hacer desde hace varios años. Sin embargo, todo cambió en cuestión de segundos. El micro en el que viajaban se salió del camino, cayó por un abismo y se incendió. La desesperación del momento hizo que hoy, a casi dos semanas del hecho, no recuerden con claridad cómo fue que lograron sobrevivir. Finalmente en casa, la pareja relata las horas más difíciles de su vida en diálogo con Clarín. Según reconstruyen, la idea de viajar como mochileros no surgió de un impulso aislado, sino de una búsqueda más profunda de bajar el ritmo, conocer otras realidades y conectar con lo simple. Venían atravesando días intensos pero gratificantes, sorprendidos por los paisajes y, sobre todo, por la calidez de la gente que encontraban en el camino. Empezamos a viajar por el mundo en 2022. Lo más lindo de ese estilo de vida creemos nosotros que es la libertad de manejar distintos tiempos, a lo que es la vida estructurada y la rutina. Nos apasiona conocer diferentes culturas y ver que no somos tan distintos y tenemos muchas cosas en común entre todos los países. Es lo que más nos gusta y nos hace felices, comentaron ambos. Los días en Ecuador venían siendo de puro turismo. Con Gastón somos guardavidas, terminamos nuestra temporada el 20 de marzo y la idea era hacer el mes de abril en Ecuador. Es nuestra cuarta vez acá, amamos Ecuador y nos parece muy lindo país. Luego íbamos a bajar a trabajar a Perú, a Máncora, durante mayo, junio y julio. Con todo este accidente ya ese plan se cancela, para regresar a Argentina a hacernos estudios médicos, añadió Jazmín. El momento exacto del accidente aparece en su memoria de forma fragmentada. Era un viaje súper corto, de tres horas y media aproximadamente. Apenas nos subimos al micro nos pusimos a dormir. Yo me desperté dos veces porque sentía que estaba manejando a mucha velocidad y los giros eran muy bruscos. Las dos veces que abrí los ojos vi que era un camino montañoso, con precipicios y mucha neblina, continuó relatando la joven. Gastón no recuerda nada, estaba dormido. Pero Jazmín tiene grabados los gritos de las personas durante la caída. Luego, ambos recuerdan todo desde el momento en que llegó la asistencia y el posterior traslado. Se nos borró la caída al río y la subida. Vimos videos donde se nos ve ayudando a sacar personas y no nos acordamos, no sabemos si fue por la adrenalina o por el impacto. recordó Jazmín. Nos va a dejar marcados por el resto de nuestras vidas. Lo tomamos como que somos sobrevivientes de una tragedia, con muchas ganas de estar al lado de nuestras familias. Sabemos que eso nos va a dar un empujón anímico para seguir porque todavía el cuerpo nos duele. Tenemos la necesidad de ese abrazo de la familia, de los padres, de los amigos, para sobrellevarlo de otra manera, agregó Gastón. Ya afuera, la dimensión de lo ocurrido se volvió evidente. Por un lado, el alivio de estar vivos; por otro, el impacto emocional de haber estado al borde de una tragedia mayor. Con el paso del tiempo, reconocen que recién entonces comenzaron a tomar dimensión real de lo que habían atravesado. A veces estando lejos de nuestra casa, en otro país, uno se siente vulnerable. A Gasti le dieron doce puntos en el parietal izquierdo y se lo llevaron antes que a mí porque tenía la presión baja y se le veía el hueso de la cabeza. A mí me dieron diez puntos en el cachete y seis en la pera, pero lo que más me dolió fue que me quebré la raíz de la paleta, relató Jazmín. En ese escenario, la ayuda fue clave. Las primeras asistencias llegaron de personas del lugar y de otros sobrevivientes. Más tarde, se sumaron intervenciones de autoridades y contactos que empezaron a activarse a la distancia. Ese acompañamiento, señalan, fue determinante en lo emocional. Entre los gestos que más los marcaron, destacan la solidaridad espontánea de quienes se acercaron sin conocerlos. Como el traslado de Jazmín no era urgente, durante la espera de la asistencia médica vio las peores imágenes de la tragedia. Me acuerdo de ver personas calcinadas, niños lastimados, personas con muchas quebraduras, y esas imágenes me causan escalofríos aunque también sentimos que la vida nos dio una oportunidad. El accidente implicó la pérdida total de sus pertenencias. Documentos, dinero y objetos personales quedaron en el micro y se vieron consumidos por las llamas, obligándolos a reorganizarse desde cero en un país extranjero. Sus teléfonos se dañaron durante la caída, y si bien el accidente ocurrió a una hora de Guayaquil, la pareja fue trasladada al Hospital Vicente Corral Moscoso, de la Ciudad de Cuenca. Desde entonces, el día a día se volvió una reconstrucción constante. Descartar lesiones físicas de gravedad, conseguir medios de comunicación, resolver lo básico y restablecer vínculos fueron los primeros pasos para intentar recuperar cierta estabilidad. Cerca de las 20:00 una enfermera nos prestó el celular para que podamos avisarle a nuestra familia que a pesar de lo que nos había sucedido estábamos bien. Días después hablé con mi mamá y ella me confesó que estando en su casa había tenido la sensación de que algo pasaba. A pesar de que nosotros viajamos hace varios años, nunca había tenido esa intranquilidad, comentó la joven. El mismo día del accidente, alrededor de las 21:00, ambos fueron dados de alta. Desamparados y sin sus pertenencias, lo único que les quedaba eran las riñoneras, donde guardaban sus pasaportes. El hospital les brindó zapatillas y ropa para que pudieran abrigarse. Fuimos al mismo hospedaje donde nos habíamos quedado durante el viaje y la gente de ahí nos dejó quedarnos cinco días gratis porque habían visto la noticia del accidente, relatan ambos. El objetivo era volver a la Argentina. Sin embargo, para gestionar el regreso, necesitaron asistencia económica y apoyo institucional. Si bien iniciaron contactos con distintos organismos, la respuesta fue tardía y muy limitada, por lo que gran parte de la ayuda llegó a través de la difusión y la solidaridad de la gente, y el lunes 27 de abril finalmente la pareja aterrizó en Ezeiza. Al saber de toda la gente que estaba a nuestra disposición nos pusimos muy felices. Tanto gente de Argentina como en Ecuador, nos brindaron mucho amor, mucho cariño y mucha ayuda. La empresa nos dio una pequeña ayuda para que podamos regresar a casa, que era lo que más queríamos. Seguramente limpiaremos toda esta tristeza que llevamos por dentro cuando estemos con nuestras familias y amigos. Mucha gente nos ayudó un montón y tenemos sólo palabras de agradecimiento para con ellos, agregó Gastón. En la búsqueda de los recursos para regresar al país, el mundo del fútbol volvió a aparecer en la vida de Firpo, aunque desde otro lugar. Jugué mucho tiempo en el fútbol del ascenso, recibí muchos mensajes de clubes donde jugué, principalmente de San Martín de Burzaco. Desde el presidente, dirigentes y periodistas del club se comunicaron conmigo para ponerse a disposición, compartir nuestras historias, hacer una rifa para que pudiéramos volver. Cada vez que estoy por el club o voy a ver al club es como estar en casa, estoy muy agradecido, destacó. De cara al futuro, ambos coinciden en que, aunque la vivencia cambia la forma de mirar las cosas, no anula el deseo de seguir disfrutando cada momento. Sí, en cambio, resignifica el sentido del camino. Tenemos la oportunidad de volver a empezar y estamos contentos. Somos personas que tratamos de disfrutar siempre la vida, es algo que nos caracteriza a los dos. Nos regalaron otra oportunidad para hacer bien las cosas, disfrutar con nuestras familias y estamos felices. Es lo que deseamos desde un principio, concluyó. La historia de Firpo y Jazmín no se limita a un accidente. Es, en esencia, un relato sobre la fragilidad, la supervivencia y la capacidad de reconstruirse cuando todo parece perdido. Y también, sobre la certeza de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre existe la posibilidad de volver a empezar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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