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» TN
Fecha: 28/04/2026 10:57
La promesa de cercanía constante que trajeron los dispositivos electrónicos de comunicación terminó desplazando algo esencial: la presencia. La mirada, el cuerpo y el tiempo compartido quedaron relegados frente a interacciones mediadas por pantallas, donde los algoritmos ordenan los encuentros sin comprender lo humano. Así lo indica la psicóloga Alejandra Guala (M. N. 51.339), quien observa un fenómeno cada vez más evidente: vivimos en una época de hiperconexión digital y, al mismo tiempo, de profunda soledad emocional. Estamos más conectados que nunca, pero emocionalmente más solos que nunca, sostiene. Desde su mirada clínica, hay una certeza que atraviesa su trabajo: la salud mental no se construye en aislamiento, se construye en vínculo. En la posibilidad de encontrarse, sostenerse y pertenecer. Sin embargo, el contexto actual parece ir en dirección contraria. Conversaciones superficiales, vínculos descartables y dinámicas de consumo emocional generan un cansancio silencioso. Muchas personas no buscan consumir vínculos, sino construirlos, pero no encuentran dónde hacerlo, explica. Pocos espacios de conexión La experta señala que la sensación de soledad no es casual y que también tiene que ver con algo más profundo: la pérdida del sentimiento de tribu. Durante miles de años, los seres humanos vivimos en comunidades donde el encuentro, el cuidado mutuo y la pertenencia eran parte de la vida cotidiana, dijo. Asimismo, añadió: Hoy, en cambio, habitamos ciudades llenas de gente, pero con pocos espacios reales de conexión. La lógica individualista y digital fue reemplazando esos lazos, y con eso se debilitó una necesidad básica: sentir que somos parte de algo. No es solo compañía lo que falta, es pertenencia. Y sin esa sensación de tribu, el sistema emocional queda más expuesto, más inseguro. Además, señala que la psicología del apego aporta una clave central: no somos emocionalmente independientes, sino interdependientes. Cuando los vínculos son inestables o superficiales, el sistema emocional entra en alerta o en desconexión y, en este escenario, aparece una tensión: el deseo de vincularse en profundidad convive con el miedo a hacerlo. Encuentros al hueso La pantalla permite acercarse sin exponerse del todo, pero también impide construir confianza real, señala y, frente a esta realidad nace Encuentros al hueso, cuyo nombre no es casual: Al hueso implica ir a lo esencial y animarse a lo auténtico. Un hueso aislado no cumple su función. Nosotros tampoco. Se trata de encuentros que proponen conversaciones cara a cara, sin pantallas, con juego, cuerpo y creatividad, mientras que, cuando las defensas bajan, aparece una forma distinta de vincularse, el sistema emocional se regula y vincularse vuelve a sentirse posible. Vincularse deja de ser un riesgo y vuelve a ser una experiencia de encuentro, señala la experta. Lee también: Salud mental y comunidad: escuchar al otro también ayuda a reconstruir la vida En tanto, la incomodidad inicial se transforma en cercanía, la soledad deja de ser individual y ahí aparece el alivio de no estar solo, indica Guala, quien, hace dos años, atravesó un accidente en el que sufrió fracturas y esa experiencia le permitió comprender que cuando algo se rompe, necesita volver a integrarse. Hoy muchos vínculos funcionan como huesos mal soldados. Así como el cuerpo busca sanar, las personas necesitan volver a encontrarse. Encuentros al hueso es una invitación a conectar en profundidad porque es en el encuentro donde la vida sucede, culminó .
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