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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 26/04/2026 17:30
El cine argentino y español perdió a una de sus figuras más influyentes con el fallecimiento en Buenos Aires del director Adolfo Aristarain a los 82 años, quien deja como legado una filmografía esencial y una reciente distinción: la Medalla de Oro 2024 otorgada por la Academia de Cine por ser uno de los nombres fundamentales en la historia del cine en español. Aristarain, nacido en 1943 en el barrio porteño de Parque Chas, fue el primer director argentino en recibir este reconocimiento, que la Academia de Cine justificó por su contribución decisiva al cine argentino y su marcado aporte a la cinematografía en español. Entre los galardones más destacados de su carrera figuran el Goya a la Mejor Película Iberoamericana por Un lugar en el mundo y el Goya al Mejor Guion Adaptado por Lugares comunes. En palabras pronunciadas al recibir la Medalla de Oro, Aristarain reflexionó: El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce. Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es, recordó la Academia de Cine español, quienes dieron a conocer la triste noticia. La carrera de Adolfo Aristarain es inseparable de la historia del cine de Argentina y su conexión con España. Vivió en España durante siete años, donde rodó varias de sus películas más reconocidas, y trabajó junto a figuras notables como Mario Camus, de quien fue asistente de dirección y colaborador en guiones, así como a directores internacionales como Sergio Leone, Lewis Gilbert y Gordon Flemyng. El cineasta tuvo sus inicios en la industria desempeñando múltiples roles: comenzó como meritorio, se formó como sonidista, montador, ayudante de producción y de dirección, e incluso apareció frente a cámara en Dar la cara de José Martínez Suárez. La colaboración con su maestro Mario Camus y con su inseparable guionista Kathy Saavedra a quien atribuyó haber evitado la sensiblería en sus trabajos marcó la profundidad de sus historias. Adolfo Aristarain se definía como un cineasta hecho a sí mismo y un enamorado del séptimo arte desde la infancia, cuando acudía diariamente a las salas para ver dos o tres películas tras salir del colegio. Su admiración por directores como John Ford y Alfred Hitchcock influyó decisivamente en su estilo narrativo, caracterizado por relatos vitalistas y evocadores. Entre los nombres más recurrentes y admirados por Aristarain figuran actores y actrices como Federico Luppi, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Roth, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro. El director dedicó atención especial a sus intérpretes, convencido de que sin ellos hubiera sido imposible hacer películas. Su filmografía incluye títulos esenciales como Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo, La ley de la frontera, Martín (Hache), Lugares comunes y Roma, su última producción. La Academia de Cine, también responsables de los Premios Goya, señaló que la concesión de la Medalla de Oro era una distinción que tenía mucho que ver con la amistad y con su manera de ser, que era una Medalla mucho más personal que un premio a sus películas. Sobre ese reconocimiento, Aristarain interpretó que era reflejo tanto de su calidez como de su erudición y dedicación a la lectura y la música. El director relató en varias ocasiones que su destino en el cine surgió después de aceptar que no podría convertirse en un buen trompetista, opción que imaginó durante años antes de dedicarse plenamente al séptimo arte. El legado que Adolfo Aristarain dejó abarca un legado de dos continentes y generaciones de espectadores y profesionales para quienes el cine fue, como en sus propias palabras, parte de su vida, real, no ficción.
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