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  • Alejandro Lerner: Mi mujer me la hizo difícil hasta el día de hoy, fue lo que más me gustó

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 26/04/2026 09:54

    Lo conocí hace muchos años, cuando era muy joven. Es un artista muy popular desde sus veinte y algo, pero es el mismo de antes, su sensibilidad y su sencillez están intactas. Su corazón y su cabeza están abiertos, jóvenes, como si tuviera veinte años todavía. Es un gran músico, un gran compositor, para casi todas las generaciones de argentinos, de países latinoamericanos y de la comunidad hispanoparlante de Estados Unidos. ¿Cuánto hace que Alejandro es músico profesional? ¿45, 46, 50 años? 52 años, porque empecé en el 74, cuando León Gieco me invitó a grabar su segundo disco, La banda de los caballos cansados. Me conoció a través de Jimmy, el de La mamá de Jimmy, un rock and roll de León, que era amigo de mi hermana. Me propuso hacer una banda que se llamaba Anaconda, León me escuchó tocar el piano y me llamó para grabar, yo tenía 15, 16. Otro número importante, sólido, son los años junto a Marcela. ¿25 años de pareja y 20 de casados? Si, ya no me importa porque es para siempre, entonces ya no me importa desde cuándo es. Es mucho, pero hay una palabra que yo uso que es pasión. La pasión no tiene tiempo. La pasión renueva el contrato diariamente y cada segundo de tu vida. ¿Da fiaca todos los días renovar? No hay descanso. Es que no es esfuerzo. La pasión es algo que te empuja, ni siquiera sos consciente de qué es. Pero es lo que te mantiene unido, eso es lo que te mantiene enamorado, es lo que te mantiene atento, poniendo voluntad para que siempre haya chispas. CON MARCELA HICIMOS UN PACTO DE ACOMPAÑARNOS Es una relación simbiótica en el mejor de los sentidos, Marcela te acompaña mucho. Nos acompañamos, lo hemos decidido. Cuando ya estábamos conviviendo yo me iba de gira y era tan dolorosa la partida y la espera que Ella es cantante de jazz, no era cantante pop rock, pero le dije: es medio al pedo que te quedes en casa, yo me voy solo y te extraño, venite a cantar conmigo. Hicimos un pacto de acompañarnos. Te acompaña a las giras, es poco usual eso. A McCartney le pasaba lo mismo, conoció a Linda y fue tal el amor que querían estar juntos. Además, Marcela canta bien y me ayuda mucho tener una mujer que cante en esa octava bien. Ahora tengo a Ana Cuatraro, una amiga como vos de toda la vida, me estoy dando un gran gusto de tener gente que canta bien y que quiero mucho. Sos exactamente la misma persona de antes de la fama, no te modificó todo lo que trajo la enorme y sostenida popularidad. ¿Te sentís el mismo? Yo llegué a una conclusión de que la popularidad es algo que les pasa a los demás con uno. Uno transita la vida siendo siempre el mismo, el ruido, la estridencia, el cariño, la popularidad uno lo generó, pero afecta al entorno en relación para con uno. Por supuesto que hay artistas a los que ese cambio social los altera porque pierden la intimidad, porque se sienten observados. ¿O que se la creen? O porque eso genera una adicción. La adicción a la mirada del otro, la necesidad de verse observado. Yo, por alguna razón estructural mía, creo que el valor más grande es la libertad y la intimidad. El ser querido, sentirme querido, sentirme popularmente querido es un premio, no es un castigo. Y por otro lado con la madurez fui aprendiendo a manejar los tiempos y los espacios para cuando necesité intimidad y tuve la paciencia, el amor y el agradecimiento para incorporar la mirada constante del otro, para bien o para mal. MI MUJER ERA DIFÍCIL Y ME LA HIZO DIFÍCIL. NO FUE FÁCIL EN NINGÚN MOMENTO, HASTA EL DÍA DE HOY, FUE LO QUE MÁS ME GUSTÓ Cuando conociste a Marcela tenías el pelo largo, eras más hippie. Yo siempre fui hippie, es distinto de ser una estrella de rock. ¿Te la chamuyaste un poco? No, ella era inchamuyable. Era difícil y me la hizo difícil. Y creo que eso fue lo que más me gustó, que no fue fácil para nada, en ningún momento. Hasta el día de hoy. UN DÍA VENÍAMOS DE TOMAR UN CAFÉ Y SE SUBIÓ A UN TAXI. YO LE QUISE DAR UN BESO Y ME DIO VUELTA LA CARA ¿Se escapaba? No, por un lado ella estaba en una relación que se estaba terminando y por otro lado había anuncios del universo de que yo iba a aparecer en su vida. Una de sus hermanas siempre fue muy fan mía y la mamá estudió piano clásico con Antonio de Raco, con quien yo también estudié y él le hablaba de mí. Y Marce cantaba jazz con mi maestro de jazz, Juan Carlos Cirigliano, por alguna razón aparecía mi nombre. Yo aparecí en el gimnasio Always de la calle Paraguay, en Palermo. ¿Qué posibilidades tengo yo de ganarme a una mujer como Marcela en un gimnasio? Es imposible. Yo la miré, nos miramos, me animé. Mandé a decirle por una persona si la asustaba si yo iba a saludarla, con la mayor cortesía posible y dijo que no la asustaba, nos saludamos. Y empezó un diálogo muy lento, muy despacito. Ella se separó. Un día veníamos de tomar un café y se subió a un taxi. Yo le quise dar un beso y me dio vuelta la cara. SEGUÍ INSISTIENDO, EN UN MOMENTO ME DI CUENTA QUE NO LA QUERÍA PERDER ¿No diste marcha atrás cuando te dio vuelta la cara? Yo no soy de dar marcha atrás en mi vida. Prefiero chocarme contra la pared adelante, pero no con la pared de atrás. Seguí insistiendo, seguí insistiendo. Yo también era soltero en esa época, no tenía una relación formal, tenía algunas que otras aventuras, o amigas, o amores, o afectos. Pero en un momento me di cuenta que no la quería perder, que nada de todo lo que tenía en ese momento tenía la profundidad de la relación que los dos sentíamos que podíamos tener si nos tomábamos las cosas en serio. Había que soltar todo el resto. Había que soltar todo. Hasta el día de hoy ¡Lo conseguiste! Sí. Y ella también me consiguió a mí, yo era una figurita difícil también. ¿Eras complejo? Pensá que veintipico años atrás yo ya tenía carrera y ocupaba mucho espacio. Y estaban los miedos después de haber vivido relaciones afectivas profundas, relaciones de verdad, de convivencia. Estaba un poquito asustado, no quería equivocarme o frustrarme. Pero finalmente la naturaleza, el universo o Dios hicieron el trabajo que tenían que hacer y nosotros no lo impedimos. Ni nuestra neurosis ni nuestros miedos impidieron que hoy tengamos el tercer perro y dos hijos, una casa y otro lugar en Los Ángeles que yo ya tenía. Y que ella tenga la gran virtud de que le guste compartir la vida que yo propuse, sobre todo. Tuviste mucha suerte. Muchísima suerte, de que queramos hijos, que queramos casa, perros, intimidad y que yo ame a su familia como ella amó a la mía. Te cuento una anécdota, una vez las trajimos a mi mamá y a mi suegra, que es mi mamurri, a mi casa de Los Ángeles juntas. Las recibimos en el aeropuerto con dos ramos de flores, fui corriendo a buscar el auto con el ticket para que ellas no esperen y me di cuenta que no tenía un mango para pagar el ticket. Volví corriendo y en el momento que mi madre y mi suegra salían del aeropuerto, me cruzó un patrullero y me pusieron contra la pared. Uno de los policías con la mano cerca del revólver y el otro diciéndome: ¡no se mueva! Mi mamá llegó a Estados Unidos y estaba el hijo contra la pared con las dos manos en alto. ¡Mamá, está todo bien, quédate tranquila!. El tipo me dijo, ¿usted estuvo preso últimamente? No, le dije. ¿Y por qué corre? Le dije lo que te acabo de contar, los tipos empezaron a reírse, me dejaron ir y le pude dar un abrazo a mi madre. Esa fue la primera imagen de su hijo triunfando en los Estados Unidos. Tuvieron dos hijos, vos ya maduro. ¿Lo podés alzar al pibe todavía? Tiene 11, está grandote. Ahora no lo puedo alzar, no. Es macizo como yo, es bien rusito. Le gusta jugar al rugby, al fútbol, al tenis. ¿Haces actividad física con él? Sí, tengo el gran honor de decir que les pude enseñar a nadar a mis hijos, les pude enseñar a andar en bicicleta, a jugar al fútbol, a cabecear. Una gran escuela fue la pandemia, estuvimos encerrados un año en la Argentina y el otro año en Los Ángeles. Había que jugar a la pelota en el departamento, era difícil. Tenés una exigencia física al tener hijos chicos, tenés que estar bien. Sí es exigencia, pero tenés que desarrollar una paciencia, una capacidad de educar y de educarse como padre. Porque sos el padre de chicos que no sabés quiénes son, porque cuando tienen un año son unos chicos, cuando tienen diez son otros, cuando tienen 15 son otros. ¡Hay que tener resto también! Sí, pero el resto te lo da el amor. El combustible que genera todo lo que le hace falta al ser humano es el amor. ¿Pero vas al gimnasio? Sí, juego al pádel dos veces por semana. He tenido épocas de artes marciales, de nadar, me gusta mucho andar a caballo. El pádel es súper terapéutico porque durante una hora no pienso nada más que en soportar la derrota. Cuando van pasando los años tenemos el desafío de estar bien físicamente. Por respeto a mis hijos, que quieren padres por la mayor cantidad de tiempo posible. NO CREO EN LA EDAD. YO NO LE DIGO A MI CUERPO CUÁNTOS AÑOS TIENE ¿Te reís de la edad? Hacés chistes. Vos me conocés desde antes de toda la historia, yo siempre fui un pibe divertido, de hacer chistes, era payaso. Luego, con la carrera, me volví un poco más ceremonioso, pero después lo fui perdiendo gracias a Dios. Ahora estoy en una madurez más desenfadada, más divertida, me puedo reír un poco más. No creo en la edad, ¿entendés? Tengo una frase que me digo a mí mismo: no le digas a tu cuerpo cuántos años tiene. Yo no le digo a mi cuerpo cuántos años tiene. Creo que mucho tiene que ver con tu ánimo y como decía mi madre: uno tiene la edad de sus proyectos. ¿Tu proyecto hoy cuál es? Mi proyecto es la vida. La vida diaria. YO CREO QUE TENGO 50 AÑOS MÁS POR DELANTE ¿Pensás en lo que querés hacer en los 20 años que tenés por delante? ¿O no lo pensás así? No, porque eso es pensar en el final. Yo no tengo 20 años, yo creo que tengo 50 años más. Creo que la ciencia en muy poquito tiempo nos va a prolongar la vida indefinidamente, o por lo menos mucho más de lo que está establecido culturalmente. A Pilar Sordo le bajó una idea cuando cumplió 60: me quedan veintipico navidades. No lo vivió como una carga, sino como quiero que todo sea maravilloso, no perderme nada, no desaprovechar el tiempo. Yo pienso lo mismo, pero sin la sensación de que lo hago porque hay un final. Lo hago porque tengo el día de mañana, no porque llegue un día donde no va a haber nada. Tu hija Luna pareciera que se va a dedicar a lo artístico. Sí, se está preparando para eso. - ¿Tommy tiene alguna inclinación? Sí, los más peligrosos no son los que te dicen: mamá, quiero cantar, quiero bailar, quiero subir al escenario. Los más peligrosos son los que te dicen, no quiero cantar, no quiero subir, no quiero aparecer. De pronto Tommy se presentó por sus propios medios a una audición en una comedia musical del colegio y ganó el personaje. ¿Solito? Solito. Ahora cuando yo llego de ensayar medio quemado, me tiro en la cama y viene mi hijo con unas hojas y me dice: papá, ¿me tomás el personaje? ¿Te sorprendió? Yo tenía la intuición de que tarde o temprano iba a pelar. Tommy está dejando de ser un nene y está entrando a una adolescencia y empiezan a aparecer características propias, nuevas. Da un poco de vértigo, a la mamá le da mucho vértigo. Por ejemplo, ayer vino y le dijo: ¿me comprás un perfume para regalarle a mi novia? Y la mamá dice: no, pará, ¿cómo? Papá me regala perfumes, ¿Cómo Tommy le regala un perfume a la novia? Desde hace mucho tiempo no presentabas disco nuevo. Está sonando ahora la canción Déjame volver, después de diez años. ¿Qué pasaba? Pasa que lancé un montón de canciones y de proyectos que me propusieron. Por ejemplo, encontrarme con Rusherking y cantar una versión que tiene un poco de trap, un poco de rap. Después con Mau y Ricky, después me invitó La Konga a cantar una canción en cuarteto. Hubo muchos encuentros de ese tipo, Ulises Bueno, La Konga. Pero un disco es un proyecto, es como invitar a la gente a una exposición de tus cuadros. No es una canción, es una exposición. Lo que invita al disco es esta canción que se llama Déjame volver, pero ya estamos trabajando en el segundo y en los tres lados del disco, A B y C. Son cinco canciones por lado. ¿Existen discos con tres lados? No, no existe. ¿Y por qué? Porque se me canta. Porque es una propuesta, es una exposición de cuadros que vale la pena escuchar primero por separado, para que la gente tenga tiempo de mirar el cuadro. Si vos les das 15 canciones se escapan. Si vos le das cinco y les das unos meses para escucharlas, para viajar en esas canciones, después vienen otras cinco que refrescan y después vienen otras cinco, quizás con otros colores, con otros ritmos. LLORÉ CUANDO ME LO DIJERON, LLORÉ MUCHO. VI PASAR LAS CARAS DE MI ABUELA, DE MI FAMILIA, DE LOS QUE ESTUVIERON AL COMIENZO Recibiste un premio muy importante hace dos años, uno de los más importantes de la industria de la música, el Grammy a la Excelencia Profesional. El premio internacional a toda tu obra. Yo lloré cuando me dijeron, lloré mucho. Me lo dijeron en la calle. Había una reunión de los Grammys Latinos en Argentina, el presidente de los Grammys vino y me sacó del lugar donde yo estaba, La Trastienda. Tenemos que hablar, pero hablar en la calle. Wow. ¿Qué pasó? Y me saca a la calle el señor Abud y me dice Alejandro, te vamos a dar un Life Achievement Award. Yo sé lo que es un Life Achievement Award, porque lo vi cuando se lo daban a Carol King, a Paul McCartney, a un montón de grandes personajes de la música. Vi pasar las caras de mi abuela, de mi familia, de todos los que estuvieron al comienzo, de cuando este tren se empezó a mover. Es un premio de otra dimensión. Es cuando el destino te da un mimo que vos soñabas pero que nunca imaginaste que te lo iban a dar. ¿AGRANDARSE? ¡NO! SI TE AGRANDÁS NO ENTRÁS EN NINGÚN LADO Tenés permiso para agrandarte. Es enorme. Noooo, si te agrandás no entrás en ningún lado. No sé qué es agrandarse. Es pelotudearse. ¿SI TE DAN UN PREMIO VAS A TU CASA, ABRÍS UNA PUERTA Y NO HAY NADIE? ¿SI TENÉS, COMO YO TENÍA, SOLO UN LIMÓN EN LA HELADERA? Sí, lo sé, lo entiendo. A vos te gusta la vida, común y corriente. Me gusta gozar de los premios. Te voy a decir algo que suena un poco a eslogan, pero lo que aprendí es que lo más importante es con quien lo compartís. Si te dan el premio, te lo llevas a tu casa, abrís la puerta y no hay nadie y tenés como yo tenía en una época en la heladera un limón No me acuerdo a quién llamé primero, seguramente a Marcela. Mi mamá no estaba, sino la hubiera llamado a mi mamá y le hubiera dicho: mamá, no sabes lo que me pasó. MI MADRE APRENDIÓ A ADMIRARME CUANDO PERDIÓ EL MIEDO DE QUE SU HIJO FUERA UN MÚSICO QUE TOCABA EN CABARETS, EN HOTELES Tu mamá te apoyó siempre. Mi mamá me apoyó desde su lugar, no la tuve al lado mío como a mi abuela que ya vivía en casa. Yo componía Cuatro estrofas, mi abuela estaba por ahí y le decía: baby, mirá lo que hice. Mi madre aprendió a valorarme, a respetarme y a admirarme con el tiempo, cuando perdió el miedo que le daba de que su hijo fuera un músico que tocaba en cabarets, en hoteles, con cantantes buenos, con cantantes malos, al que le pagaban, al que no le pagaban. Cuando mi madre entendió que eso era parte de un proceso que me llevó a todo lo que hice, después creo que se relajó. Una de las culminaciones de eso fue cuando llevé a mi madre a Pilar, a la casa que me había comprado. Fuimos al jardín, le mostré la casa y le dije: mirá mamá, está toda hecha con canciones. Mi madre me dijo, te felicito, hijo y todo lo que una madre le dice a un hijo por amor. A veces me pasa, creo que le pasa a mucha gente que no te conoce personalmente también, que escucho un tema y me emociono, lagrimeo. Me pasó hace poco. ¿Te cuenta esto la gente o me pasa a mí? Si, y cosas más dolorosas, enfermedades, momentos dramáticos, pérdidas de la gente. Uno larga la canción, la gente la toma y vuelve con su historia. Cuando te cruzás en algún camino a esas personas te cuentan su historia, historias tristes, historias amorosas. Por ejemplo, me declaré con Hay algo que te quiero decir y no me animo. O cuando me encontré en una estación de servicio con una señora con un bebé en brazos que fue la primera trasplantada de riñón embarazada y me dijo, esta es mi hija, yo escuchaba Volver a empezar cuando después de la operación. Uno no elige ser un artista popular, es un premio que te da la gente. Vos no decís yo voy a hacer canciones para ser un músico popular, vos hacés canciones, después la gente puede reaccionar de a uno, de a mil, de a millones, pero eso no es algo que uno pueda elegir. Gracias a Dios no tenés tanta omnipotencia. Las letras y la música de lo que hiciste resuenan en algún momento de algo nuestro a todo el mundo A vos y a otra gente, a todo el mundo no. Pero es lindo que a vos te resuene. Vos dijiste una palabra que es clave, que es frecuencia. Yo tengo una frecuencia en mi corazón, mi corazón late y piensa cosas, siente cosas. Eso es lo que está implícito en mis canciones, la frecuencia de mi corazón y la intención que tengo cuando canto, y lo que escribí. Todo eso es una frecuencia que puede resonar con vos como puede no resonar con otro. Alguien me decía, yo escucho heavy metal, pero escuché esa canción y me llegó al corazón. Eso les pasa a algunas personas sí y a otras no, y es normal. Yo creo que mucha gente entra en tu frecuencia. Aunque sea de otro palo. Mejor. Los palos a veces son culturales, uno elige un personaje, un modelo. Pero hay cosas que te sorprenden igual, por más palo que tengas. Por eso yo soy amigo de Juanse, pude ser amigo de Pappo y de Mercedes Sosa y de Armando Manzanero, ¿entendés? Porque hay algo que se conecta, que es impredecible. Te nombré personajes que son enormes. Pappo era muchísimo más enorme de lo que mucha gente entendió, vieron una parte que era un personaje, pero era muy inteligente, un tipo brillante, un gran poeta, muchas de sus canciones dicen cosas que no nos pusimos a pensar. El tipo podía ser violento, pero también tenía una sensibilidad para respetar a gente que desde afuera no hubieran pensado que podía pasar. La Negra Sosa era la mamá de todos nosotros, era la mamá gallina. Abría las alas así y ahí entrábamos todos: los folkloristas, los tangueros, los pop, los rock, todos entrábamos en ese corazón. Sos transversal a todas las frecuencias. Soy transversal porque no creo en el fachismo de las divisiones de ese tipo. En los guetos no creés. No creo, no, al contrario. Me parece que el prejuicio, como bien lo dice la palabra, tiene mucho que ver con el miedo a lo que uno no conoce o no entiende, y se pierde la posibilidad de aprender algo, un lenguaje nuevo que no es ni mejor ni peor, que te gusta o no te gusta. Yo nunca tuve esa cosa tan estructurada, por eso pude amar a Manzanero. Soy una persona que atravesé, como vos dijiste, transversalmente muchos universos en la música popular. Sin quedarte en ningún universo, conociéndolos, tomando. Incorporando. Puedo tener algún tipo de limitación con algunas personas con las que no somos animales compatibles, pero lo dejo ahí, no voy a batallar, me corro. He conocido gente muy diversa de ámbitos muy, extremadamente diversos. Lo mejor para mí es que además de conocerlos hiciste cosas con ellos. - A Cacho Castaña lo he amado y lo he admirado como hermano menor de él. Cacho vino a un concierto que hice en el Luna Park con su pelo negro y con una chalina blanca y me puso la chalina. Para mi era Elvis, lo miré a los ojos en ese momento y era como estar viendo una mega súper estrella. Después lo conocí en la intimidad de su casa y después lo acompañé junto con Marina en su enfermedad. Para mí él es un artista enorme y un poeta enorme. Podrías dar como ejemplo a muchos otros artistas como Gino Vanelli o Alan Parsons. Pudiste componer con ellos, grabar con ellos, convivir. También, pude convivir. ¿Qué te queda por hacer? Puede ser un viaje a China. Quiero un viaje a China, un viaje a Japón. Quiero viajar con mi familia, quiero conocer. Tengo una gira por Europa este año linda con otros países que recorrer. Vamos a ir a Inglaterra, a España volvemos por tercera vez consecutiva de gira. Y a Italia, Irlanda a cantar también. Hay de todo por delante. Esta noche en el Gran Rex. Sí, hay delante.

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