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» Clarin
Fecha: 26/04/2026 10:35
- Usted es uno de los arquitectos del Plan Real en la gestión de Fernando Henrique Cardoso en el Ministerio de Hacienda durante la presidencia de Itamar Franco (1992-1994) que logró estabilizar la economía brasileña y erradicó la inflación. ¿Qué lecciones se aprendieron de los procesos de baja de inflación de los 80 y 90 a nivel mundial y regional? -Las experiencias internacionales muestran que la inflación alta tiene dos componentes distintos: uno inercial, alimentado por la indexación generalizada, y otro estructural, asociado al desequilibrio fiscal. Los programas que atacaron solo uno de estos componentes tendieron a fracasar. Los planes heterodoxos que ignoraron el frente fiscal, como el Austral en Argentina o el Cruzado en Brasil, terminaron colapsando. Los ajustes ortodoxos que ignoraron la inercia fueron lentos y socialmente costosos. La lección es clara: ambos frentes deben abordarse simultáneamente. -¿Cuánto tiempo lleva bajar la inflación de tres dígitos anuales a un dígito anual como intenta hacer la Argentina hoy? -Depende. La estabilización de una hiperinflación puede lograrse en meses, como demostró Bolivia en 1985. Sin embargo, la convergencia a niveles de un dígito suele ser más lenta, en el propio caso boliviano llevó varios años. En Brasil, la inflación en doce meses cayó por debajo del 10% anual en diciembre de 1996, dos años y medio después de la introducción del real en julio de 1994. Pero en la mayoría de los casos latino-americanos, incluyendo tanto episodios de hiperinflación como Perú, como procesos de inflación crónica alta caso Chile, Colombia, México y Uruguay, allí reducir la inflación a un dígito llevó más de tres años, dependiendo de la credibilidad del programa, la magnitud y sostenibilidad del ajuste fiscal, y la eficacia de los mecanismos de desindexación. -En la Argentina la inflación bajó en dos años de arriba de 200% anual a 30% anual, pero la economía se sigue indexada. ¿Cómo se quiebra la indexación: con el anuncio de un programa o con medidas? -Primero hay que entender por qué persiste la indexación, que funciona como un equilibrio: ningún agente tiene incentivos para abandonarla de manera unilateral, ya que hacerlo implica una pérdida real en salarios o márgenes si los demás continúan indexando. Se necesita, por tanto, un mecanismo de coordinación que permita detener esa espiral de precios y salarios. En el plan Real de Brasil, superar ese equilibrio inflacionario se logró mediante una medida que habilitó una transición coordinada hacia una nueva referencia nominal. La URV (Unidad Real de Valor) cumplió esa función: durante cuatro meses, entre marzo y junio de 1994, antes de la introducción del real, permitió expresar precios, salarios y contratos en una unidad estable. Eso facilitó una desindexación súbita y sincronizada, con la transformación de la URV en el real el 1° de julio de 1994. -¿Cómo encasillaría el plan Milei? -En la Argentina de Milei se adoptó al inicio algo más parecido al Plan Collor de 1990 en Brasil: una fuerte supresión súbita de la liquidez real. En el caso brasileño, mediante el congelamiento de activos monetarios; en el plan Milei, mediante un amplio reajuste del nivel de precios, a través de la devaluación del tipo de cambio y el aumento de los precios administrados. En ambos casos se logró una fuerte caída subsiguiente de la inflación. En Brasil, acompañada de una insostenible contracción de la actividad económica que terminó por exigir una remonetización de la economía, con el consiguiente retorno de la alta inflación. Eso no ocurrió en Argentina, pero la economía doméstica permaneció debilitada y el conflicto distributivo entre salarios y precios no fue abordado directamente. Creo que esto explica, al menos en parte, las dificultades que el país enfrenta ahora para reducir la inflación sin comprometer la actividad. -¿Qué rol tiene el equilibrio fiscal en la estabilización? -Es una condición necesaria, pero no suficiente. Los déficits fiscales persistentes terminan siendo monetizados, lo que vuelve insostenible cualquier ancla nominal. Sin disciplina fiscal no hay estabilización duradera. Sin embargo, el equilibrio fiscal por sí solo no garantiza una desinflación rápida en economías con fuerte inercia. En esos casos, la contracción fiscal puede reducir la actividad sin lograr una caída concomitante de la inflación. El equilibrio fiscal crea las condiciones para la estabilidad; la desindexación es el mecanismo que permite materializarla. -Si una persona vive en la Argentina, en procesos de alta inflación e indexación, ¿sus expectativas de inflación y de ajuste salarial dependen de la evolución de la base monetaria o la inflación pasada? -En contextos de alta inflación e indexación, las expectativas son predominantemente retrospectivas. Los agentes económicos toman como referencia la inflación reciente, no los agregados monetarios, que son variables técnicas alejadas de las decisiones cotidianas. De allí que las estrategias basadas exclusivamente en la contracción monetaria tiendan a ser lentas y costosas en términos de producto y empleo. -¿La Argentina tendría que hacer algo sí que lleve a crear una nueva unidad de cuenta en lugar del peso, como la URV? -Es una opción que podría haber sido considerada al inicio de Milei, pero creo que su momento ya pasó. La URV fue necesaria porque no había margen para el gradualismo, con una inflación que se acercaba al 5.000% anual en Brasil a mediados de 1993. En la Argentina actual, con una inflación anual del 30%, me parece que el gradualismo es inevitable, como ocurrió en otros países latinoamericanos. La clave está en romper la inercia inflacionaria mediante el convencimiento gradual de los agentes económicos de que hubo un cambio sin retorno respecto del régimen inflacionario anterior. Pero hay que cuidarse de que el gradualismo no sea demasiado gradual, como fue el caso de Brasil durante la dictadura militar a partir de 1967, pues eso sería una invitación a que la indexación se consolide. -Milei prometió dolarizar la economía para bajar la inflación y no lo hizo. Tampoco fijó el tipo de cambio como la Convertibilidad. ¿Cómo evalúa el camino que tomó en relación a esas otras dos alternativas? -La dolarización tiene una lógica clara: elimina el riesgo cambiario y la posibilidad de emisión monetaria discrecional. Pero su costo también es evidente: la economía pierde capacidad de ajuste vía tipo de cambio real, lo que exige una flexibilidad de precios y salarios que Argentina históricamente no ha tenido. La Convertibilidad mostró que una dolarización de facto sin esa flexibilidad termina en crisis de balanza de pagos y en colapso social. La estrategia actual, ajuste fiscal significativo y desregulación, apunta a construir credibilidad antes de definir un régimen cambiario definitivo. Resulta más coherente que la dolarización. Pero presenta una carencia importante: el ajuste aún no se ha traducido plenamente en una arquitectura institucional capaz de sostener la estabilización en el tiempo. -¿A qué se refiere con arquitectura institucional para bajar la inflación? -Tras la crisis cambiaria de enero de 1999, Brasil no contaba con reservas suficientes, pero construyó un nuevo marco, con el apoyo del FMI: metas de inflación, compromiso explícito con superávits primarios significativos y un régimen de tipo de cambio flotante, junto con una autoridad monetaria creíble y con plena independencia operacional. En el caso argentino actual, me parece que existe una tensión en el diseño de las políticas monetaria y cambiaria. Ningún país escapa a tensiones de este tipo durante estabilizaciones largas; Brasil también las vivió. Una interpretación posible es que el gobierno argentino prefiera consolidar primero la desinflación antes de formalizar un régimen institucional más exigente, para evitar compromisos que puedan romperse prematuramente. En Brasil, cuando se hizo la transición del ancla cambiaria al régimen de metas con tipo de cambio flotante, la inflación ya llevaba tres años en niveles muy bajos. Pero la estrategia de esperar una caída más sostenida de la inflación para hacer la transición, tiene un costo: cuanto más se demora la construcción de un ancla institucional robusta, más la desinflación depende de mecanismos transitorios, como el tipo de cambio administrado que son frágiles. No hay soluciones perfectas; todas tienen trade-offs. -¿Piensa que el peso está demasiado apreciado como la mayoría de los economistas argentinos señalan? -No conozco la situación con suficiente detalle como para opinar así. Pero la experiencia brasileña ofrece alguna perspectiva y es que algún grado de apreciación cambiaria es casi inevitable. El ancla cambiaria coordina expectativas y frena la inercia inflacionaria. Pero en mi opinión la pregunta relevante no es si hay apreciación que en general la habrá, sino si ese período se aprovecha para consolidar una cultura de estabilidad, en particular que los contratos, los salarios y los precios dejen de formarse con la inflación pasada o con el dólar como referencia. Si eso ocurre, es posible transitar hacia un tipo de cambio flotante sin reavivar la espiral de precios. Eso fue lo que pasó en Brasil: cuando el ancla cedió en 1999, por la crisis rusa y el agotamiento de reservas, la transición hacia metas de inflación con tipo de cambio flotante funcionó. Con costos políticos significativos, hay que decirlo. -¿Qué rol juega la política para bajar la inflación? Fernando Cardoso dijo que bajar la inflación es fácil, lo difícil es mantenerse -La frase captura una intuición relevante, aunque simplifica en exceso. Reducir la inflación de niveles como el de Argentina exige un esfuerzo político y técnico considerable. Lo que distingue la fase posterior es su naturaleza: mientras que la desinflación inicial a partir de una hiper puede hacerse rápidamente, la consolidación depende de la construcción de instituciones disciplina fiscal, marcos legales, autoridad monetaria creíble, que requieren tiempo y persistencia. Cómo se estabilizó Brasil y la diferencia entre la teoría y la política Los procesos de desinflación son parte del pasado para la mayoría de los países y por eso es difícil encontrar testimonios de protagonistas que hayan pensado, diseñado y trabajado en instrumentos precisos para desindexar. Algo así como ideó el economista argentino Daniel Heymann, con el desagio, en el Plan Austral. Edmar Bacha fue entrevistado por Clarín sobre el Plan Real y opinó también sobre el plan Milei. -En marzo se han observado tasas mensuales de inflación altas en toda la región. En Chile fue 1%, en Brasil 0,9%, Perú 2,4% y Estados Unidos 0,9%. En la Argentina fue 3,4% y el proceso de desinflación está siendo muy cuestionado. ¿Hay un componente global? -Existe un componente global vinculado a precios de alimentos, energía y disrupciones en las cadenas de valor. Sin embargo, las diferencias entre países indican que esos factores no explican ni la magnitud ni la persistencia de la inflación argentina. Vale reconocer que el gobierno Milei logró una reducción significativa desde los picos de fines de 2023; eso es un mérito real. Pero las variaciones regionales sugieren que, más allá del contexto externo, la dinámica inflacionaria está dominada por factores domésticos. Con todo, conviene no sobreinterpretar el dato de marzo: abril registrará una cifra más baja, lo que sugiere que ese pico tuvo al menos un componente transitorio. La pregunta abierta es si la desinflación continuará de forma sostenida, como proyecta el gobierno, o si la inflación tenderá a estabilizarse en niveles todavía elevados. Esa discrepancia refleja una incertidumbre genuina sobre la solidez del proceso en curso. -Estudió economía en la Universidad de Yale y fue profesor. ¿Qué diferencia hay entre hablar de economía y hacer política económica en la práctica? -La diferencia es abismal, y creo que todo economista debería tener alguna experiencia de gobierno, aunque más no sea para aprender a no criticar con tanta certeza. En la academia, los problemas pueden aislarse y resolverse bajo supuestos controlados. En la práctica, múltiples restricciones operan simultáneamente: información incompleta, presiones políticas, plazos implacables. Recuerdo que cuando participé en el Plan Real había días en que la solución técnicamente correcta era políticamente inviable, y la solución políticamente viable requería ajustes que podían comprometer el resultado. Navegar esa tensión es el arte de la política económica. La eficacia no depende solo de la calidad del diagnóstico, sino de la capacidad política de implementar soluciones sin comprometer la coherencia del programa. -¿El Plan Real fue un plan de estabilización o un plan de desindexación? -Fue fundamentalmente un plan de desindexación que utilizó transitoriamente la indexación como instrumento de coordinación. Su innovación central fue la URV, un dispositivo que permitió resolver el problema de coordinación inherente a la indexación. Durante la transición, entre marzo y junio de 1994, precios y salarios se expresaban simultáneamente en moneda corriente y en URV, que se ajustaba diariamente con la inflación. La conversión de los salarios a URV fue hecha de manera impositiva el 1° de marzo de 1994, mediante una ley aprobada en el Congreso. Hecha esa fijación de los salarios, en los cuatro meses siguientes la conversión de los precios a URV pudo realizarse libremente, con supervisión gubernamental en el caso de cadenas productivas críticas. Cuando se introdujo el real, en paridad con la URV, que a su vez tenía paridad con el dólar, los precios ya estaban alineados en la nueva unidad. La estabilización fue la consecuencia de un alineamiento de precios relativos previamente logrado. Trayectoria Edmar Bacha es un economista brasileño que participó en el equipo económico que instituyó el Plan Real durante el gobierno de Itamar Franco. Por entonces era asesor del Ministerio de Economía que conducía Fernando Henrique Cardoso. Desde 2003 es el director del think tank «Casa das Garças», institución dedicada a estudios y debates de economía, con sede en Río de Janeiro. También participó en el Plan Cruzado en la década de 1980, como presidente del IBGE. Permaneció en el nuevo gobierno durante diez meses, como presidente del BNDES. Fue uno de los primeros economistas de Brasil en completar el doctorado de economía en una universidad de EE.UU. (Universidad de Yale). Sobre la firma Newsletter Clarín
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